Al revés, al contrario de la mayoría de las revistas culturales que circulan en México, Viceversa se ha caracterizado por “ver con otros ojos” los acontecimientos actuales y alejarse, a paso veloz, de los subsidios, en aras de que sean los lectores quienes aseguren su independencia.
La luz desborda sobre el escritorio, las revistas apiñadas en el piso, los cuadros, las fotografías, el escritorio, las dos sillas para visitantes, los papeles y más papeles que hay en la oficina de Fernando Fernández, director de Viceversa.
Nervioso por estar sentado del otro lado del periodismo, según confiesa él mismo, el escritor de 30 años considera que la revista, con sus 21 números publicados (los primeros ocho bimestrales, los siguientes mensuales) ha alcanzado su principal objetivo: la independencia. Por eso, dice, este año deberá ser el de la consolidación como “un espacio alternativo lejos de capillas y lejos de inercias culturales en las que estamos atrapados y de las que empezamos a estar hartos”.
Fernando Fernández apuesta a la tercia de la “pluralidad”, la “frescura” y “lo impensable” en el trabajo de Viceversa:
“Hemos tratado temas que en otro tipo de publicaciones ya establecidas ni siquiera se podían mencionar, como es el caso del número de abril del año pasado, el de “Proceso a Julio Scherer”, o el de enero último, “Balance de Carlos Fuentes”. Son números que no pudieron haber surgido de ninguna otra publicación, cansadas y lastradas como están, llenas de compromisos, de amistades, de… Es imposible encontrar un análisis como el que hicimos de Fuentes, sin la fascinación con la que se relaciona Nexos con Fuentes o sin la crítica aversiva que manifiesta Vuelta al mismo personaje”.
Este tipo de temas, considera el también poeta, sólo los puede hacer una revista “que se sitúa más allá de las capillas existentes hasta el día de hoy y más allá de las inercias”.
Viceversa es la continuación del proyecto editorial Milenio, emprendido en 1990 por Fernández y el empresario Antonio Elías, “un visionario, autor original de esta idea”. Milenio sobrevivió 11 números. En julio de 1992, una serie de diferencias, “como pasan en todas partes”, lo separaron de Elías y fundó Viceversa, que desde noviembre de 1992 a la fecha ha aparecido ininterrumpidamente.
Egresado de la carrera de Letras Hispánicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, Fernando Fernández se refiere al nombre de la publicación: “Viceversa te da la posibilidad de las dos lecturas, de ida y de regreso. El hecho es que las cosas no tienen sólo un significado sino que, si las piensas bien, después de recapacitarlas te das cuenta de que tienen otra lectura en otro nivel”.
Más allá de la semántica, define a la revista como “un proyecto de cultura independiente, que ha reunido a escritores de diversas generaciones, básicamente a gente muy joven: diseñadores, fotógrafos, escritores”.
Fernández ha logrado meter en un mismo directorio de colaboradores a: Pablo Boullosa, Aurelio Asiain, Pep Avila, Alejandro González Iñárritu, Gerardo Kleinburg, Federico Campbell, Cristina Faesler, Mónica Braun, entre muchos otros.
Esta especie de “zona franca” cultural, se ha logrado, asegura Fernández, “seguramente porque no tenemos compromisos previos. En general, las revistas se producen cuando Octavio Paz palomea una lista de nombres o cuando un presupuesto específico se destina para tal publicación, pero con fines en realidad secundarios, para justificar un proyecto político, tal vez”.
A lo mejor, sigue, “hace mucho que no surgía una revista que tuviera entre sus fines la muy genuina finalidad de reflejar lo que pasa en la cultura mexicana. Es dar de alta una revista que, realmente, sin compromisos ni lecturas preestablecidas, quiere ser un espejo de lo que está pasando. Es una revista en la que caben al mismo tiempo Germán Dehesa y Efraín Bartolomé. Puedes descubrir en nuestras páginas a Héctor Aguilar Camín, a Javier González Rubio, ¿ya dije Lorenzo Meyer?, David Huerta. Y en la base de todo, esta nueva generación”.
¿Para qué?
Para buscar otros lenguajes, otros caminos hacia los lectores, según explica Fernando Fernández, con el fin, dice, de superar el reto de hacerse lejos de los subsidios del Estado y las universidades.
“Lo que sucede en México es que hay una tradición muy poderosa de cultura subsidiada. La cultura siempre ha sido no solamente secundaria sino accesoria de otros proyectos. Nos dimos cuenta de que la verdadera independencia y la verdadera pluralidad de un proyecto de cultura tenía que generarse desde un espacio independiente”, explica.
Esto se ha visto reflejado, comenta, en que desde que se volvió mensuario, la revista ha duplicado su tiraje, que actualmente alcanza los 9,000 ejemplares.
No obstante, lamenta la miopía de los empresarios ante el mercado cultural: “no hay presión para que la iniciativa privada meta su dinero en la cultura”.
Lo que propone Viceversa “es desligarse de eso. Como se sabe, en tiempo de crisis lo primero que se corta es la cultura. En el gobierno, las universidades, las empresas. Entonces, si la cultura no empieza a encontrar sus caminos, autónomos, para llegar a la gente, aunque eso suene como un sueño, si no se toma ya ese reto, que es el medio en el cual está Viceversa, nos vamos a quedar siempre dependiendo”.
Como su meta de “éxito”, Fernando Fernández se plantea llegar a un tiraje de 20,000 ejemplares sustentado en la filosofía de “ventilar espacios cerrados y que te permite plantear las mismas cosas de nuestra cultura, pero con unos ojos diferentes”, como la portada de enero en la que se ve a Carlos Fuentes pintando un violín.
¿O viceversa?








