Donoso, 30 años después del “affaire Donoso”: “Me dolió pero no tengo rencores”

on motivo del homenaje en 1994 al escritor chileno José Donoso, Proceso (941) publicó un reportaje con él, y se recordó el “affaire Donoso”, que remonta a su época como crítico literario en el suplemento La cultura en México de la revista Siempre!
En julio de 1965, como reseñó Vicente Leñero en ese número, al pie de una dura crítica de Donoso apareció misteriosamente una frase en negritas: Muy bueno para criticar, pero es una pobre bestia…
Al disgusto que esto despertó en Donoso le siguió su salida de la revista y una úlcera reventada; poco después se fue de México.
En un número posterior de Proceso (942), Pacheco eximió de responsabilidad por la frase hiriente a García Ponce y narró una historia del linotipista “impugnador”, quien con su humor ácido añadía apostillas al final de los textos.
A la siguiente semana, Juan García Ponce afirmó que el caso le parecía, como entonces, “ridículo”, y que después de todo seguía de acuerdo con la segunda parte de la frase más no con la primera.
A 30 años del “affaire”, que provocó aclaraciones, desmentidos y algunos bochornos entre la élite intelectual del momento, Donoso fue entrevistado por Proceso.
SANTIAGO DE CHILE.- El escritor José Donoso dice recordar México a través de sus amigos y resta toda importancia al “affaire Donoso”, ocurrido en los años sesenta, cuando él colaboraba en Siempre!
–Usted vivió en México y escribió algunos de sus libros allá. ¿Cómo recuerda esa época?
–Mi recuerdo de México son mis amigos…
–¿Quiénes, concretamente?
–Carlos Fuentes, en primer lugar. El ha sido y es uno de mis mejores amigos. Con Vicente Leñero me vi bastante. Y con Valentín Pimstein. Recuerdo a Sergio Pitol, a Tito Monterroso, a la China Mendoza. Recuerdo especialmente a Rosario Castellanos, que fue muy cariñosa conmigo y la primera persona que escribió acerca de mí fuera de Chile.
–Son buenos recuerdos…
–Pienso, sin embargo, que en México no toman muy en cuenta mi obra. Por ejemplo, en los diez años que llevo recibiendo la revista de la Universidad Nacional Autónoma sobre cultura, jamás he encontrado una sola mención acerca de mis libros.
–¿Influye en su recuerdo de México el “accidente” de imprenta que ocurrió cuando usted escribía en el suplemento cultural de Siempre!?
–No, en absoluto. Y menos a esta altura de mi vida. Eso es algo tan lejano… Además, ¿por qué?, ¿qué importancia tiene ese episodio?
–Vicente Leñero afirma que ese episodio –conocido ahora como el “affaire Donoso”– motivó que usted abandonara México…
–Pero no. Me fui de México porque había llegado la hora de irme. Tenía cosas que hacer en otras partes. Nada más. Y he vuelto a México mil veces, sin problemas.
–¿Qué opina de la versión de José Emilio Pacheco –recientemente publicada– explicando el asunto? ¿Le parece verídica, coherente?
–Puede ser verdad. Debe ser verdad. Por qué no…
–¿No le parece a usted incomprensible que ocurriera lo que ocurrió?
–Creo que las cosas pasan. Eso es todo. Por lo demás, no aspiro a comprenderlo todo ni pretendo explicarlo todo. Soy bastante modesto en ese sentido. No soy Octavio Paz. No me gusta la gente que cree saberlo todo y entenderlo todo.
–Como sea, el “affaire Donoso”, en su momento, le dolió, lo enojó…
–Indudablemente que cuando ocurrió no fue grato. Sobre todo por lo anónimo de esa acción. En ese momento me dolí, me enojé y me quedé muy picado con el asunto. Pero, insisto, eso es ya algo lejano, sin importancia. No soy rencoroso.
–Sigamos con los amigos: Vicente Leñero afirma –por escrito– que nunca ha leído una novela latinoamericana que le haya impresionado y maravillado tanto como El obsceno pájaro de la noche después de Cien años de soledad.
–Me halaga esa opinión. No sabía que Vicente me apreciara tanto literariamente.
–¿Considera usted esa novela la más importante de toda su obra?
–El obsceno pájaro… es mi libro más grande, más ambicioso, más potente.
–¿Incluyendo en el todo a su más reciente libro?
–Sí, sí. El obsceno pájaro… es mi esfuerzo creativo más fuerte.

“FUE EL DESTINO”: LA CHINA MENDOZA

“De eso del `affaire’ no vale la pena ni hablar. Son pequeñas cobardías sin importancia, es una cizaña en pie de gladiador”, afirma María Luisa la “China” Mendoza.
Como un “honor el que un escritor de la talla de Donoso se acuerde de mí”, agrega la China, quien a su vez lo considera “un amigo generoso, a quien siempre he querido mucho, hermoso físicamente”.
Y atribuye su sentimiento desbordado hacia el escritor chileno a que “pertenecemos a una misma fragorosa juventud”.
Entrevistada en México, la China atribuye la salida del país de Donoso al destino, no al “affaire”.
“Todos tenemos un destino escrito a priori, y José vivió muy aprisa, en España, en México, luego regresó a su patria. Por eso se hizo ancianito muy rápido y hace unos tres años, cuando nos vimos, nos reunimos a lamentarnos a contarnos nuestras imprudencias e injurias del tiempo.”
Lo visualiza claramente cuando “vivía en una casita de San Angel con Carlos Fuentes. Su casa estaba siempre abierta para nosotros, muchachada escandalosa y culta, cuando todo el mundo creía que íbamos a pensar igual…”.
Orgullosa de haber leído todos sus libros, “uno tras otro según iban apareciendo”, la escritora conmemora el tiempo “de exaltación y del deseo, que por desgracia ya pasó”, que vivió con sus amigos Fuentes y Donoso. Guarda una viñeta:
“Pasábamos los domingos en un jardín comunal llenos de niños de los demás. Abrigábamos todas las pasiones posibles.”
Al describirlo como un hombre “siempre en el límite de la muerte”, lo considera afín y cercano, “ya que chilenos y guanajuatenses –María Luisa Mendoza nació en Guanajuato– tratamos a la muerte con menos respeto, de manera muy familiar”.
Con la nostalgia de ver a sus amigos de antaño “cada uno con una actitud política ante la vida, lo que me ha separado porque ya no hago juego con los muebles”, afirma que “por eso José y yo vivimos un romance a ultranza”.
Vía telefónica, nostálgica, la `China’ Mendoza resume:
“Lo recuerdo mucho, lo pienso mucho, lo quiero mucho. Esa es la amistad que todavía me hace llorar.”