Señor director:
Con el gusto de saludarle, por este medio me refiero a usted en torno a los reportajes publicados en el semanario Proceso en sus ediciones del pasado 11 de Diciembre en Proceso nacional y local, así como el 18 de Diciembre en su edición local, firmadas por sus reporteros en los que aluden a mi persona y a miembros de mi familia, relacionándonos con personajes vinculados con grupos de la delincuencia organizada e imputándonos la comisión de diversos delitos sin ofrecer pruebas que acrediten sus dichos y causando un grave daño al interior de mi familia y, por supuesto, a la imagen y reputación de la que suscribe.
Al respecto me permito informarle que llevo ya varios años en la vida pública desempeñándome en diversos cargos de elección y representación, así como cargos directivos en distintos gobiernos. Mi trabajo como servidora pública siempre ha estado estrechamente vinculado con los asuntos de género, la defensa de las mujeres y la constante búsqueda de oportunidades para millones de jaliscienses que en pleno siglo XXI siguen sufriendo atropellos y distintos tipos de violencia, que ni como sociedad ni como clase política hemos podido aún erradicar.
Los puestos en los que me he desempeñado dentro del ámbito público, el más reciente el como Directora del Instituto Municipal de la Mujer en Guadalajara, obedecen a una trayectoria avalada por más de 12 años de trabajo, con resultados públicos y no a cualquier otra causa o favores. Mi trabajo se sustenta en mi experiencia y especialización en temas de género y no como señala el medio al que usted dignamente dirige refiriéndose a “la forma en que me conduzco en el ámbito privado y personal”.
Como madre, como mujer y como jalisciense, me resulta altamente ofensivo que una publicación seria, acreditada y respetable como es considera la revista Proceso, se preste al golpeteo político degradado a guerra sucia, en la que se busca minar la imagen de un aspirante al gobierno de mi estado y, en el camino, no se repara en los daños colaterales que con esto se genere, como es el caso de las alusiones que se hacen de mi persona, haciendo señalamientos imprecisos, sin fundamento de investigación, además de dolosos y entrometiéndose en la vida personal de una mujer que trabaja para sacar adelante a su hija y que con base en ese trabajo honesto y público ha ganado la confianza de ciudadanos y colegas.
El referirse de esa forma hacia mi persona me resulta ofensivo, repito, pero además me parece carente de toda ética profesional y periodística, puesto que entre los principios básicos del ejercicio es de todos conocido que figura la investigación, la parte y contraparte, el sustento documental y no los dichos, y en mi caso particular, jamás se me busco para solventar las “suposiciones”, a las que este semanario hace referencia.
Es lamentable que en Jalisco, sexenio tras sexenio y trienio a trienio, seamos testigos de juegos y abusos de periodistas que se prestan al juego de la guerra sucia, sin documentarse o sin realizar una verdadera investigación. Aún así considero que el derecho a la Libertad de Expresión que se consagra en nuestra Carta Magna, mismo que es fundamental para la construcción de una verdadera democracia, tiene sus límites en la buena fama, el honor y el derecho a la buena información de los demás.
Es triste que este semanario se convierta en brazo ejecutor de este tipo de prácticas que en nada abonan a la cultura democrática de una sociedad, pero que en cambio, sí lesionan irremediablemente las vías de construir una sociedad armónica, menos polarizada y más fraterna.
Todo lo que se dice en ambas ediciones lastima severamente a mi familia cercana, afecta mi imagen y por ello merece el derecho de réplica. Como servidora pública y persona cercana a la actividad periodística conozco los menesteres de esta actividad y los asumo, sin embargo, mis familiares –incluyendo por supuesto– a mi hija pequeña, no tienen por qué padecer el impacto de un golpeteo político del cual son completamente ajenos.
Quiero reitera mi compromiso con el periodismo serio y constructivo, que no busca la descalificación y la guerra sucia para informar y formar opinión en sus lectores, y aún si no lo hicieren, reitero como lo hizo Voltaire que “No estoy de acuerdo con lo que dices, pero daría mi vida por tu derecho a expresarlo”.
Sin más por el momento, mucho agradeceré la publicación íntegra de esta misiva, así como la aclaración pertinente. (Nota de la Redacción: La presente carta se reproduce de manera literal.)
Atentamente
Licenciada Teresa López
Respuesta del reportero
Señor director:
La réplica de la licenciada Teresa López , que se refiere al reportaje Aristóteles Sandoval, envuelto en la intriga, de Proceso 1832, así como a la nota Malas compañías, de Proceso Jalisco 371, no desmiente ninguno de los datos publicados sobre ella, los cuales, por cierto, son declaraciones de víctimas o testigos, como en el caso de Sergio Ocegueda García, quien dejó asentada su versión del asesinato de Ignacio Loya y de la relación que éste tuvo con Teresa López en el oficio 921/2007 y en la indagatoria 029/2007/H.I./A.
Además de que es a las autoridades a las que corresponde comprobar o descartar este tipo de información, se aclara a nuestros lectores que en 2007 se buscó a la señora Teresa López para que declarara sobre el parricidio que cometió su hermano Salvador y el homicidio contra Ignacio Loya. Ella evadió cualquier encuentro con este semanario.
Atentamente
Ricardo Ravelo








