En declaraciones públicas, los responsables de la cinematografía francesa han evidenciado su preocupación por abrir mercados para la exhibición de sus películas, con una actitud más “agresiva” frente al monopolio de la distribución estadunidense que ha plagado las pantallas del mundo entero.
En Francia, por otra parte, sucede algo similar. París, una ciudad de cines, sólo exhibe permanente cine latinoamericano en uno de ellos, no obstante que tienen acceso a lo mejor de la cinematografía contemporánea de Asia, Europa, Africa e incluso de Estados Unidos, material que escasamente llega a México y que tarda más que las carabelas.
Parte de esta campaña “agresiva” de distribución en Latinoamérica es la semana de cine francés que acaba de presentarse en varios cines de la ciudad de México y que seguirá ahora en la Cineteca Nacional. Incluye cintas de autores respetables, como la sensacional La maté porque era mía (Tango, 1993), de Patrice Lèconte –autor de El marido de la peluquera, y el hierático Monsieur Hire–, o La búsqueda (I.P. 5, 1992), de Jean-Jacques Beneix –realizador de Bety Blue–, y Los niños guerrilleros (Killer kid, 1994), de Gilles de Maistre, pero también otras de mínima calidad que los distribuidores suponen atractivas para el gran público y que pretenden derrumbar el mito de que todo el cine francés es “intelectual” y sofisticado.
Se exhibe, por ejemplo, el equivalente a una comedia de Televicine, Aquí todos roban (La soif de l’or, 1993), sobre un constructor de chalets prefabricados que decide sacar su fortuna a Suiza en una casa de tabiques rellenos de oro, y es perseguido por su avara exesposa.
Pero esta semana es también la oportunidad de acercarse a originales, aunque no totalmente logradas, historias de amor, para el público que gusta de ellas: Los amantes del Puente Nuevo (Les amants du Pont Neuf, 1991), de Léos Carax, es la narración de la fervorosa pasión de un homeless (Denis Lavant), víctima del insomnio en el puente más antiguo de París, El Puente Nuevo, con una pintora de clase alta (Juliette Binoche) que vaga por las calles a punto de quedarse ciega, huyendo de un desaire amoroso. Con un trazo violento y poético, Los amantes del Puente Nuevo bosqueja una interesante historia del ciclo amoroso que va de la muerte y el descenso a los infiernos y, después, la resurrección. La primera mitad de la película es una sugerente travesía teniendo como marco las excelentes interpretaciones, la oscuridad y el susurro del río Sena en las noches solitarias de los miserables, en la subyugante Ciudad Luz. Después, la cinta tropieza y culmina con muchos finales, para desembocar con el más fuera de tono.
Fan fan, la parisina (Fan fan, 1993), con Sophie Marceau y Vincent Pérez, dirigida por Alexander Jardin, es la inverosímil y mal trazada historia de un estudiante de medicina que vive con el terror de que las pantuflas y el tedio carcoman su vida amorosa y desgasten su pasión. Los primeros indicios asoman en su relación cuando está a punto de casarse: son las pantuflas y las variaciones eróticas, y la repetición calculada de la vida de sus suegros, espejo del futuro en que no quiere asomarse. Entonces aparece, como en un espectacular acto de magia, una joven acróbata y estudiante de perfumería, hija de payaso, quien le quiere demostrar que la conquista puede ser un cuento de nunca acabar.








