Herencia preciosa

Imposible estar en desacuerdo con Yolanda Moreno (1937-1994) cuando observa:
Acerca de Silvestre Revueltas. “La originalidad, el dominio del oficio y la frescura de la invención hicieron que la obra de Revueltas superara las limitaciones latentes de una escuela mexicana de composición y señalara en el corto lapso de diez años de producción (1930-1940) un camino alternativo, hacia una concepción moderna, preservando la esencia popular como el elemento más profundo e irónico de su invención”.
Sobre Julián Carrillo. “Una Sinfonía en re mayor, escrita en Leipzig en 1901, antes del desarrollo de sus teorías, demuestra una extrema habilidad y un alto grado de asimilación de un estilo propio del romanticismo alemán –aunque parece surgir de un Mendelssohn mestizo o un Wagner dulcificado–, nos da una idea clara del talento inmenso de que disponía Carrillo para la composición”.
Luis Sandi. “… en la Segunda sinfonía (1979), alejada del hieratismo de la escuela mexicana de los años treinta y cuarenta, aparece Sandi como un compositor igualmente neoclásico, pero más experimentado y de oficina más seguro que se atreve a manifestar un lirismo espontáneo y más romántico en el que aparecen por momentos las viejas evocaciones indígenas”.
Todo esto en: La composición en México en el siglo XX, último texto de Yolanda Moreno –editado por el Conaculta–, de aparición próxima. Documento muy valioso, a causa de la amena habilidad con que están expuestos los análisis ahí emprendidos. De igual modo aciertan los conceptos inusitados de la autora, quien en forma sagaz se aparta voluntariamente de lo consabido, para llevar a cabo con rigor un espléndido examen, marcado en consecuencia por su individualismo, lúcido al extremo.
El título de este extenso ensayo fue hábilmente escogido, pues de modo voluntario su ambigüedad auspicia un encuadre concreto (valga el oxymoron) para estudiar la música compuesta por los autores comprendidos en tal estudio.
Sin embargo, cabe poner de relieve ciertas ausencias notorias, entre ellas: José Pomar, Rafael J. Tello y Salvador Moreno. De manera semejante, Gerhart Muench o Conlon Nancarrow no son objeto de un estudio detallado sino solamente se alude a ellos al pasar.
A diferencia, los hallazgos más pronunciados del volumen se localizan en la pesquisa –digna de elogio– que emprende Yolanda Moreno cuando se adentra en la creación sonora de:
Carlos Chávez. “Por un momento pareció que la música de Chávez adoptaría permanentemente el arcaísmo modernista, cuyo cultivo se extendía en la música internacional, o que conciliaría siempre las corrientes opuestas de cosmopolitismo y vernaculismo, modernidad e indigenismo por los que atravesaba el arte mexicano, ya que su autor había encontrado un estilo personal que le permitía unificar estos campos semánticos parciales dentro de un sistema global. Sin embargo, tanto el indigenismo como el nacionalismo popular serían únicamente dos de los afluentes por donde transcurriría su música. Una última y aparente paradoja estilística completaría la definición musical de Carlos Chávez: el respeto a las formas clásicas del pasado, la ambición de crear una obra que formara parte del canon clásico”.
Miguel Bernal Jiménez. “En el aspecto puramente estructural, la obra de Bernal Jiménez desmerece por el poco sentido de dirección y su dificultoso crecimiento formal. Las repeticiones frecuentes, la recurrencia a la yuxtaposición pura de partes, temas y motivos… afectan la idea de continuidad de la obra y diluyen su fuerza y sentido original. La evolución más positiva en el estilo de Bernal Jiménez se observa también en la expresiva síntesis mexicanista que aparece en pasajes significativos de las Tres cartas de México o El chueco”.
Así, La composición en México en el siglo XX aporta observaciones de clara riqueza al conocimiento de lo propio y constituye la culminación envidiable de la tarea ejemplar que emprendió Yolanda Moreno Rivas enarbolando su honestidad cabal e inteligencia penetrante.