Entrevista maquillada

Señor director:

En el número 947 de Proceso, aparece una entrevista extremadamente maquillada e imaginativa que me hizo José Alberto Castro. En ella no se reproducen con fidelidad mis declaraciones sino que se extrapola lo que dije y se hace fantasía de lo que no dije o, in albis, el entrevistador interpreta a su manera mis respuestas. Todo lo cual me hace aparecer como un supino envidioso.
Debo mencionar que la entrevista se realizó justo una semana antes de mi viaje a España, por lo cual no sabía con certitud las repercusiones inmediatas que tendrían en la península tanto mi libro como los de mis compañeros escritores, editados bajo el sello de Alfaguara. También es menester señalar que la entrevista, que tuvo casi dos horas de duración, se centró en la temática de mi novela. Hacia el final hice mención de la importancia que representa para los escritores mexicanos publicar en una editora española, y de que tal proyecto podría significar la punta de lanza de nuevas y atractivas propuestas literarias de gran número de colegas, así como reanudar un diálogo interrumpido durante más de 20 años. Todo lo anterior lo puse de relieve y también dije que, luego de agotar las heces del llamado boom latinoamericano, las editoriales españolas optaron por la reticencia y el olvido. Es obvio que después de un largo silencio nuestros libros no sean vistos con toda la buena fe que nosotros quisiéramos, además de que no creen que se geste un nuevo boom. Se trata de una apertura, acaso insinuada, donde evidentemente entrará una nueva luz, desde luego harto distinta de la anterior, pero no necesariamente inferior. Es una prueba que necesita mayor solvencia. Pero el paso está dado y esto es lo más importante del proyecto de Alfaguara.
Asimismo, mencioné que la recepción de nuestros libros está supeditada a otro tipo de valoraciones. Es un hecho que la cultura española tiene los ojos puestos en Europa, así como lo que se produce en Norteamérica. Por tanto, Latinoamérica es, y ha sido en los últimos años, un filón aislado. El interés, entonces, no puede ser como lo fue antaño, y sobrarán argumentos para ver en nuestros libros rezagos temáticos, al margen, eso sí, de la calidad literaria. A mi regreso de España, sostuve una conferencia telefónica con José Alberto Castro, quien deseaba complementar el texto de la entrevista original con las impresiones inmediatas de mi estancia en la península. Le dije que veía muy difícil una repercusión fulgurante y aparatosa de nuestra literatura en un contexto cultural como el español y que esto, en última instancia, me parecía más favorable para nosotros que un éxito temporal y desechable. La primera impresión de algunos críticos y editores peninsulares es que los cuatro libros presentados en esta oportunidad irán tomando su paso. Circunstancia que a todas luces resulta más dignificante en términos estrictamente estéticos.
No entiendo, por último, cómo de una entrevista de dos horas de duración se haga un resumen tendencioso y tergiversado sin previa consulta con este suscriptor. Creo que José Alberto Castro es todo un profesional y jamás debió permitir que manipularan su trabajo. Todavía, en una parte del texto publicado, con descaro absoluto cambian el sentido de las frases, donde digo, al hacer referencia a los tabúes mexicanos relativos a las votaciones, “más vale malo por conocido que bueno por conocer” y aparece justamente lo contrario. En todo momento destaqué la generosidad de Carlos Fuentes, poco frecuente en estos tiempos, de la que no se hace la más mínima mención. No entiendo la razón por la cual de una entrevista se quiere hacer a toda costa una versión escandalosa, sólo en aras de ponderar “la exclusividad” de una noticia.

Atentamente

Daniel Sada
Zacatecas, Zacatecas.

Respuesta del reportero

Señor director:

Daniel Sada, egresado de la escuela de periodismo “Carlos Septién García”, según el diccionario biográfico de Humberto Mussachio, exige que una entrevista se redacte con la mecánica trascripción de lo que se dijo ante una grabadora. Este razonamiento lo lleva innecesariamente a buscar culpables en los editores y en mí, al asegurar que mi trabajo fue manipulado.
La idea sobre la repercusión de nuestras letras en España no es invención mía. Sada mismo reconoce ahora que “veía muy difícil una repercusión fulgurante y aparatosa de nuestra literatura en un contexto cultural como el español”, y va más allá: “es un hecho que la cultura española tiene los ojos puestos en Europa, así como lo que se produce en Norteamérica”.
Preocupa también a Sada que se sepa que destacó repetidamente la generosidad de Carlos Fuentes, “poco frecuente en estos tiempos, de la cual no se hace la más mínima mención”. Se equivoca también en esto, pues yo escribí: “Fuentes repartió elogios y buenos augurios a sus colegas y compatriotas que intentan llamar la atención de los lectores españoles”.
Por último, y no se necesita ser periodista para saberlo, buscar la exclusividad de una noticia no es escandaloso.

Atentamente

José Alberto Castro.