Exponen especialistas el cuadro completo de los males, y señalan la contaminación como caldo de cultivo 99% de los capitalinos con problemas en vías respiratorias; la Secretaría de Salud no solicita estudio a fondo, ni informa bien, ni orienta

El siguiente trabajo está conformado así: Susana Cato entrevistó al ecologista Alejandro Calvillo, de Greenpeace México, que posee datos desconocidos para la población en su conjunto, incluyendo la muerte de árboles en el Desierto de los Leones. Rosario Manzanos obtuvo y sintetizó un estudio de contaminación en la ciudad de México, donde se dan cifras alarmantes, cuyo autor es el exrector de la Universidad Nacional Autónoma de México, el doctor Octavio Rivero Serrano, y conversó con el epidemiólogo e internista del Instituto Nacional de Nutrición, Sergio Ponce de León, y con Carmen Soler, viróloga especialista del virus del sida en el Instituto de Diagnóstico y Referencia Epidemiológica (Indre). A su vez, Ana Cecilia Terrazas dialogó con las doctoras Enriqueta Pizarro y Fabiola Pallares, del Laboratorio de Infecciones Respiratorias Agudas del mismo Indre –donde se realizan análisis específicos para la Secretaría de Salud–, así como con el otorrino del Hospital de México, Manuel Muñoz –quien señala la grave falta de información–, y el pediatra Eduardo Barbabosa –para quien la contaminación retrasa la recuperación–. Finalmente, Armando Ponce charló con los pediatras Ernesto García Herrera y José Ruano Ortiz, ambos egresados de la UNAM, el primero en 1950 y también especialista en neumología y en lo que se denomina Nuevas Enfermedades, y el segundo con 40 años de experiencia en niños, desde que en 1957 formó parte en Nueva York del equipo de la vacuna Savin. Todos ellos, de una u otra manera, reconocen la gravedad del problema de las vías respiratorias en el invierno de este año en el Distrito Federal.
El que 99% de los capitalinos haya sufrido alteraciones en el aparato respiratorio por elevada contaminación este invierno, según el boletín 671 de la Secretaría de Salud, no ha sido suficiente para que el padecimiento se estudie a fondo.
Pese a que difícilmente escapan al defeño por lo menos dos conocidos con “fuerte gripe que no se quita”, la secretaría, en informe del director general de Epidemiología, Roberto Tapia Conyer, al director de Información y Vigilancia Epidemiológica, Cuauhtémoc Ruíz Matus, reporta en la semana del 15 al 21 de enero de este año sólo 8,433 casos de infección respiratoria aguda.
Y es que, como suele suceder con las enfermedades producidas por virus, resulta prácticamente imposible precisar de qué padecimiento se trata, ya que la mayoría de los convalecientes ni siquiera acude al Centro Médico para que se le tome una muestra de la infección.
Así lo afirman especialistas en infecciones respiratorias agudas del Indre, que provee análisis específicos para esta secretaría.
Discípula del Premio Nobel de Medicina en 1952 (John F. Enders) y fundadora del Indre, la doctora Enriqueta Pizarro explica el fenómeno invernal en entrevista:
“Se pueden padecer muchas cosas. Las infecciones respiratorias agudas producidas por virus generalmente disminuyen las defensas en el organismo y entonces bacterias u hongos se asocian para complicar lo que podría ser un simple catarro”.
Atribuye estas gripes que reinciden o que tienen mayor duración a “gérmenes asociados”, que atacan con mayor vigor, según Pizarro, a personas débiles, ancianos y niños.
Comenta que en el propio Indre, durante este invierno, muchos empleados han tenido el problema de infecciones respiratorias, sin embargo, a la hora de que se hacen análisis, resulta que cada uno tiene infecciones diferentes o asociaciones varias de virus y bacterias, lo cual “no significa que haya un brote específico en la comunidad”.
En esta temporada de cambios bruscos en la temperatura, asegura la también medalla Leona Vicario en 1982 por parte del Congreso Nacional de Derechos de la Mujer (filial de la Organización de las Naciones Unidas), que no se le ha requerido a su laboratorio examinar ninguna muestra de algún brote viral a partir de los síntomas que mucha gente manifiesta: gripe con fiebre que dura más de tres días, dolor de garganta, diarrea y hasta vómitos.
Encargada del Laboratorio de Infecciones Respiratorias Agudas en el Indre, en donde se vigila cuidadosamente la cepa del virus de la influenza, Pizarro considera que “la contaminación es sólo un factor de los muchos” que agravan estos padecimientos, aunque sí afirma que ésta “lastima los epitelios y hace a las personas más sensibles para adquirir enfermedades”.
En contra de que se practique la automedicación, Pizarro asegura que la aspirina o cualquier producto con ácido acetil salicílico puede resultar altamente contraproducente cuando se padece una afección viral.
En niños, agrega la doctora Fabiola Pallares del mismo laboratorio, “la aspirina con enfermedad viral inclusive llega a causar inflamación del tejido cerebral, cansancio y hasta pérdidas de equilibrio”.
Contraindican también, en caso de que no exista recomendación de un médico o estudios específicos del mal, el uso de antibióticos que también puede agudizar el cuadro conocido como gripal.
Para Pizarro, resulta difícil detectar un brote viral, ya que “cuando un grupo determinado padece los mismos síntomas, nos tienen que mandar llamar y, en tres o cuatro días máximo, que es el tiempo de evolución del virus, se deben tomar las muestras para poder estudiarlos”.
Como esto no sucede con frecuencia, “y casi nadie reporta al Centro Médico o a la secretaría lo que parece una simple gripe, no nos sirve de nada tener casos aislados con un diagnóstico único”.
Con respecto del mal llamado Rotavirus, como mucha gente denomina a la gripe que dicen “no se quita” y está asociada a problemas estomacales, Pizarro estima que podría tratarse del Adenovirus, pero advierte que son meras especulaciones hasta no haber detectado un brote que compruebe tal cosa.
Química, bacterióloga y parasitóloga, la doctora Fabiola Pallares considera que debería haber una mayor promoción, por parte de la secretaría, en hospitales y centros de salud para invitar a la población de doctores y pacientes a que avise cuando sospeche que hay un brote viral o una especie de gripe generalizada y así acuda el Indre a tomar muestras.
“Si no lo hacen –señala Pallares–, no podemos especificar qué padece ahora la población. Suponemos entonces que existen muchos casos aislados con diversos virus y bacterias asociados, pero no hemos detectado un brote o mucho menos una epidemia”.
De todas formas, comenta Pizarro, el Rotavirus no es nuevo, apareció por los años sesenta y sus síntomas básicos tienen que ver con la diarrea.
En espera de órdenes o solicitudes del sector de Epidemiología de la Secretaría de Salud, el laboratorio que dirige la también fundadora de la cátedra de Virología en la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas pone énfasis en el virus de la influenza que puede ser muy grave.
Aunque el año pasado se registraron algunas cepas de influenza ligeramente diferentes a las tradicionales, Pizarro advierte que en 1996 se corre un cierto riesgo ya que cada 30 años se espera que este virus brote con vigor.
Por lo pronto, la Secretaría de Salud previene “a través de boletines enviados a los diarios”, que durante la temporada de invierno se incrementan las infecciones respiratorias agudas en población infantil y ancianos principalmente.
Incluye dentro de esos padecimientos invernales: la rinofaringitis, sinusitis, faringitis, amigdalitis, laringitis y traqueítis, bronquitis y bronqueolitis, influenza, así como “infecciones agudas de las vías respiratorias superiores de localización múltiple no especificada”.
Aunque se tiene un Indre de consulta y referencia mundial justamente para especificar el origen de estos males, y a pesar de que la propia secretaría, en su boletín 663, asienta que 80% de la población de la ciudad de México es susceptible de padecer enfermedades respiratorias ante las grandes concentraciones de partículas contaminantes en el medio ambiente, reitera Pizarro: “mientras no se reporten brotes virales en grupos específicos, resulta muy difícil determinar qué tipo de patología afecta a casos aislados en la población”.
De hecho, la propia Secretaría de Salud difundió el 19 de diciembre que “las personas que padecen catarro común deben acudir al primer nivel de atención, a fin de que el médico evalúe el proceso de la enfermedad y recete los medicamentos adecuados”.
No obstante, apunta Pizarro, “pocos son los que van al doctor por una gripe”.
Entretanto, para enfermedades respiratorias, Pizarro recomienda descanso –reposo en cama para evitar contagios–, higiene –lavarse las manos con mucha frecuencia–, tomar muchos líquidos, y opina que un humidificador puede ser de gran ayuda.

MEXICO, DISTRITO FEDERAL

Vivir en la ciudad de México es vivir en la desventaja ambiental: su altitud de 2,240 metros sobre el nivel del mar implica necesariamente respirar más para obtener el oxígeno necesario. Además, favorece la formación de contaminantes y de inversiones térmicas, y disminuye la eficiencia de la combustión de los automotores.
Según datos escalofriantes consignados en el texto Contaminación atmosférica y enfermedad respiratoria, de Octavio Rivera Serrano, exrector de la Universidad Nacional Autónoma de México, excoordinador del Programa Universitario del Medio Ambiente, y recientemente designado secretario del Consejo de Salubridad General, con Guadalupe Ponciano Rodríguez, del PUMA, y Teresa Fortoul van der Goes, de la Facultad de Medicina de la UNAM, los problemas no son pocos: la mayor parte de la planta industrial de la ciudad de México se encuentra situada en la parte norte de la ciudad, cuando la dirección predominante de los vientos es de norte a sur y su velocidad promedio es de diez kilómetros por hora, a la que no alcanzan a eliminar a inversión térmica.
En el Distrito Federal se concentra 25% de la población total del país y se consume un cuarto del total de la energía. Su población se quintuplicó en los últimos 30 años, y aproximadamente 3 millones de vehículos circulan por sus calles.
Considerada como la ciudad que reúne la mayor cantidad de fuentes naturales y artificiales de contaminación en el mundo. En la de México pululan áreas erosionadas, basura, fecalismo al aire libre, filtraciones al subsuelo de aguas no tratadas, talleres, termoeléctricas, refinerías, fábricas de cigarros, cerveza, papel, llantas, vidrio, laminadoras, industrias químicas, cementeras, plantas fertilizantes, fundidoras, baños públicos, tortillerías, tabiqueras, incineradores industriales y domésticos.
Asimismo, la planta vehicular de la Ciudad de México es enorme: de aproximadamente 3 millones de autos, una buena parte rebasa los diez años de circulación, los modelos anteriores a 1982 representan 57.5%. Del total de vehículos, 86% corresponde a autos particulares, 4% son taxis o peseros y 10%, camiones y autobuses.
El aumento del número de automóviles es mucho más rápido que el crecimiento poblacional y la expansión urbana: entre 1950 y 1980 el número de vehículos en el Distrito Federal aumentó más de 24 veces. En 1940 existía un vehículo por cada 36 habitantes; para 1989 esta proporción era de uno por cada seis. La venta de autos es uno de los negocios más jugosos.
Del total del agua que se consume en la ciudad, 69% se utiliza en servicios domésticos; 16%, en la industria, y 15%, en los comercios. En los hogares, 40% en evacuación de los excusados; 30%, en la regadera; 15%, en lavado de ropa; 6%, en lavado de trastes, y 5% es para beber y cocinar. El agua de desecho se constituye por heces fecales, papel, restos de comida, detergentes, grasas y aceites, sólidos, ácidos y bases.
A partir de estudios en animales expuestos a contaminantes específicos, se sabe que estos tienden a mostrar cierto tipo de lesiones en las estructuras pulmonares. El daño se manifiesta de manera fundamental en los mecanismos de defensa del aparato respiratorio. Se ha observado que todos los contaminantes, de una u otra forma, en menor o mayor grado, dañan alguna parte del complejo sistema de defensa del pulmón.
Estos estudios experimentales no corresponden exactamente a la situación de los seres humanos. En una ciudad como México, la gente se encuentra expuesta a una mezcla de ellos. Por esta razón, es necesario analizar los resultados científicos sin confundirse por la diversidad de los resultados en los estudios epidemiológicos.
Así, se puede establecer la hipótesis de la contaminación como agente patógeno capaz de generar enfermedades respiratorias, como un factor más que en ocasiones coadyuva y en otras desencadena; en momentos propicia el terreno para la infección, haciendo quizás atípicas y más graves algunas infecciones pulmonares.
En otros casos, puede actuar como un factor que propicia, predispone o agrava otros padecimientos, como la bronquitis, el enfisema y el asma.

EL INFORME GREENPEACE

Para Alejandro Calvillo, coordinador de la campaña Atmósfera y Energía, de la organización ecologista Greenpeace México, “el conocimiento de los efectos de la contaminación en la salud es de largo plazo”, pero existe ya una serie de estudios que han comprobado que ésta no sólo ha afectado la salud de los habitantes de la ciudad: “no vas a encontrar un muerto por contaminación, pero sí miles de muertos por cáncer en el pulmón”.
Agrega que “se ha comprobado que hasta el bióxido de nitrógeno, considerado un contaminante no agresivo, tiene un efecto sobre la salud, y principalmente de los niños, que son el sector más vulnerable”.
En noviembre pasado, Greenpeace trajo de Alemania un “Bus”, un laboratorio móvil manejado por un especialista, que mide la contaminación a la altura de la nariz de los niños, porque todos los contaminantes tienen un nivel “gradiente”, es decir, una concentración mayor en la calle –incluso dentro de los automóviles–, mientras que disminuye a unos metros de distancia y altura.
Entonces, explica Calvillo, “la información en imecas que se toma en las estaciones de monitoreo no tiene que ver con la exposición real de la gente”.
Dichas estaciones están colocadas de tres a 12 metros de altura, mientras que el “laboratorio móvil” de Greenpeace se colocó a 1.20 metros de altura en varios lugares, como avenida Insurgentes, Taxqueña, Plateros, Centro, Pedregal, etcétera.
Calvillo señala que “no es lo mismo exponerse por separado a cada contaminante que a todos juntos”, porque lo que respiramos es un “coctel de contaminantes”.
Agrega: “la Secretaría de Salud sólo reconoce que el ozono es irritante, pero ya hay estudios de posibles cambios en el tejido nasal; sobre todo en los habitantes del suroeste de la ciudad se ha advertido de posible fibrosis pulmonar. Además, el ozono causa envejecimiento del sistema respiratorio, lo que significa reducir las expectativas de vida”.
En resultados que Greenpeace publicará próximamente, el Bus detectó que los niveles más graves fueron los de benzeno, “un cancerígeno que en Europa se considera una de las amenazas más graves a la salud y al que allá se le está poniendo mucha atención”.
Los niveles del benzeno –de lo que no se informa en las estaciones de monitoreo y para el que no existe en México norma de calidad del aire– son terriblemente superiores a los de Munich o Berlín.
El Bus midió en calles de tráfico pesado, en el interior de escuelas e incluso en el Desierto de los Leones, donde detectó una extraña mortandad:
“Es una zona que se llama ya Cementerio Uno, y se llama así porque tuvieron que sacar de allí a todos los oyameles muertos. Los árboles se están muriendo por el gusano descortezador, pero esto tiene que ver con el debilitamiento del árbol en su sistema de defensas.”
Acota Calvillo: “el ozono es muy irritante y una exposición constante a él disminuye las defensas en el organismo. Todos los contaminantes debilitan el sistema inmunológico. Entonces un sinnúmero de enfermedades se empieza a presentar con mayor frecuencia”.
Y aunque “es difícil comparar a nivel estadístico en México porque tiene que ver incluso con los niveles de alimentación, hasta en países como Alemania se ha detectado un incremento de casos de cáncer infantil en relación directa con la exposición a los contaminantes del tránsito vehicular”.
En 1991, la Organización Mundial de la Salud y la Organización de las Naciones Unidas calificaron a México como la ciudad más contaminada del mundo. A finales del año pasado, señala Calvillo, el Bus detectó en la zona peatonal de Barranca del Muerto un nivel del contaminación del CO de 31.9 partículas por metro cúbico a las ocho de la mañana, mientras la medición oficial informaba de menos de tres partículas por metro cúbico en Insurgentes. Además, dice, un estudio de Adrián Fernández demostró que en el interior de los vehículos particulares estos niveles pueden llegar al doble, porque se está más al nivel del escape. Así, comenta que las estaciones de monitoreo son confiables en el dato del ozono, por ejemplo –que no pierde densidad en la altura–, pero no en monóxido de carbono o en benzeno.
Calvillo cita otro estudio que realizó el investigador Sergio Margules para el Banco Mundial en 1991, en el que estimaba los impactos económicos de varios proyectos medioambientales en México, considerando sus efectos:
“Sus datos provenían del Departamento de Distrito Federal, y los metió en un modelo matemático para poder evaluar los impactos en la población. Finalmente, su estimación era que podían morir 6,000 personas al año por los niveles de partículas suspendidas.”
Para Calvillo, aunque ésta es “una estimación a partir de un modelo matemático, es obviamente un buen indicador de cómo estaban los niveles”.
El ecologista agrega que “uno de los casos más graves es el del asma. El monóxido de carbono hace brotar los casos latentes y en otros los agudiza. Son ya famosas las crisis de inhaladores, ya que hay épocas en que la demanda es enorme y los asmáticos no encuentran un bronoinhalador en ningún lado. Sobre esto no hay información en México”.
Recuerda Calvillo que el doctor Kumate –anterior secretario de Salud– negaba sistemáticamente los efectos crónicos de la contaminación. Pero aunque esta administración los reconoce, “lo que se necesita precisamente es información”. Greenpeace inició pláticas con la Secretaría de Salud pidiendo un informe oficial donde se reconocieran públicamente los efectos ya detectados en la salud de los habitantes del Distrito Federal, ya que “es obligación de la secretaría mantener informada a la gente, hacer un reporte en términos precautorios, preventivos, que es la función de la medicina. La base para una política más de fondo de combate a la contaminación sólo puede ser con una conciencia del problema, para que prevalezcan los intereses públicos a los privados, los de la industria automotriz, las mafias del transporte público, y los especuladores con el uso del suelo”.
En este momento, señala, está en grave riesgo la zona boscosa del poniente, el bosque más importante de México, que no sólo afectará terriblemente la calidad del aire sino que agudizará la crisis del agua.
Hasta ahora –informa el ecologista–, el programa mexicano de combate a la contaminación es una “calca” del que se aplicó en Los Angeles, “completamente ineficiente y en alianza con la industria automotriz”.
Para los habitantes urbanos, Calvillo recomienda como medidas de prevención “la menor exposición a los microambientes urbanos y tratar de usar los medios de transporte con menos niveles de contaminación”.

LOS VIRUS

Invisibles y tan extraños como los monstruos míticos. Definidos como microorganismos que se encuentran en el límite de lo vivo y lo inerte, los virus siguen siendo una de las grandes incógnitas de la ciencia. Su capacidad de infectar mortalmente las plantas y los más diversos tipos de animales es altísima. De los protozoarios a los seres humanos todos los animales son susceptibles de ser sus víctimas.
Denominados por los especialistas como “paquetes de información genética, que por sí mismos no son seres vivos aunque tengan muchas de sus características”. Estos seres son responsables de una buena parte de las enfermedades que nos rodean.
El doctor Sergio Ponce de León, epidemiólogo e internista del Instituto Nacional de Nutrición, asienta: “esta época del año es propicia para el aumento en la incidencia de las enfermedades respiratorias, por las condiciones ambientales hay una mayor trasmisión”.
Explica el especialista: “no tengo noticia de un virus especialmente ofensivo. La respuesta es muy variable, condicionada por el huésped. Lo que sí hace la contaminación es favorecer el desequilibrio de las vías respiratorias superiores. Es muy común que haya epidemias falsas y falsas alarmas”.
Para la viróloga Carmen Soler, del Instituto Nacional de Diagnóstico y Referencia Epidemiológica del Sector Salud, especializada en el estudio del virus del sida, el problema de los virus, la contaminación y las enfermedades respiratorias tiene un handicap para los virus: “hay una gran falta de cultura viral en México. Como no se hace diagnóstico viral, hay muy pocos tratamientos antivirales. La mayoría de los médicos recetan sobre los síntomas sin saber realmente si se trata de un virus o de una bacteria”.
Apunta Soler que en México hay muy pocos virólogos: “me sobran dedos de las manos para contarlos”.
Esta situación, dice, se debe en mucho a la falta de apoyos y estímulos para esta especialidad, y a que cuando existen son muy limitados. Sin embargo, el número de enfermedades virales es grande: “solamente en casos esporádicos, como el del sida, se promueven apoyos para la investigación sobre virus”. A pesar de ello, “no se tiene suficiente gente preparada en ese tema en el país”.
Según su entender, existe un alto número de virus dañinos, y según algunas versiones hay hasta virus fabricados: “es una teoría que se difundió a partir de la aparición del virus del sida, pero al respecto no hay datos que la confirmen. Lo que hay que entender es que los virus tienen gran capacidad de variar y adaptarse. No es que aparezca un nuevo virus sino que los existentes se diversifican y se adaptan a un nuevo ambiente”.
Las vías respiratorias son vía de entrada al organismo por excelencia: “cuando la contaminación es muy fuerte, las vías respiratorias se irritan y son más sensibles a las enfermedades, esta es la razón de que el sistema respiratorio sea más frágil. La contaminación genera susceptibilidad al igual que la desnutrición”.
En muchos casos los médicos no pueden saber si se trata de una bacteria o de un virus lo que aqueja a un enfermo. Esta situación provoca que en algunos casos los médicos receten antibióticos pensando que se trata de bacterias, porque “el dar antibióticos complica más la enfermedad, que puede agravarse porque los virus no son susceptibles a los antibióticos, y estas medicinas disminuyen aún más las defensas del organismo.
“Cuando un médico no sabe qué es lo que está afectando a su paciente tiende a decirle que seguramente tiene un virus. Es lo más fácil para tranquilizar a la gente. También una buena parte de la población se autorreceta y toma antibióticos sin saber exactamente el tipo de dolencia que padece.”
Explica que no es verdad que sean los Retrovirus y los Rotavirus los responsables únicos de las enfermedades respiratorias: “un Retrovirus tiene una transmisión muy particular como en el caso del sida; los Rotavirus pueden ser entéricos –que infectan por la vía oral–, afectan únicamente a los bebés y a los niños pequeños que aún no tienen anticuerpos suficientes, no a los adultos”.

LOS FACTORES

El doctor Ernesto García Herrera, pediatra y neumólogo, egresado de la UNAM en 1950, especializado en Nueva York y quien recientemente tomó un curso de Nuevas Enfermedades en Estados Unidos, tiene su consultorio particular y atiende en hospital privado. Luego de una negativa a conceder la entrevista por falta de tiempo, accede un día más tarde a responder vía telefónica desde su casa en la Plaza de Coyoacán, junto al bar El Hijo del Cuervo:
–¿Está muy fuerte la gripe o es una impresión equivocada?
–Es verdad, hay epidemia.
–¿A qué se debe?
–A cuatro factores: primero, hacinamiento, debido a la gran población de la ciudad y a los lugares cerrados (Metro, mercados, cines, por ejemplo), que son propicios para la fácil trasmisión. La población hace 40 años era menor, el número de habitantes ha aumentado no geométricamente, pero sí aritméticamente. Segundo, la baja de condiciones socioeconómicas, pérdida del poder adquisitivo, que generan que no haya buena comida ni vida higiénica, y provoca angustia, factor estresante que ayuda a la debilidad orgánica. Tercero, el tiempo de fríos. Cuarto y último, la contaminación. Es el último porque si fuera definitivo siempre habría estas gripes, pero se dan en esta época del año.
–¿Podría hablarse de nuevas enfermedades entre nosotros?
–No son muchas, y realmente las que hay no nos han llegado. El sida no es propio de aquí sino una pandemia. Está el estroptococo de Inglaterra, anda por acá, pero no es enfermedad nuestra. La llamada “enfermedad de los legionarios”, una especie de influenza, neumonía que da a los ancianos, surgió en Filadelfia y se cura con legionela.
–Pero propias, nuestras.
–Entre nosotros se dan neumonías y bronconeumonías sobre todo en niños y viejos. Y se dan mucho por la falta de recursos de la gente para pagar un médico, o si ya lo pagó, para pagar también las medicinas. La gente acaba comprando lo que se anuncia en la televisión, que si VIC para la tos, y ésa es la mejor manera de morir más pronto.
–¿Y el uso de los antibióticos?
–No siempre se deben usar antibióticos, sólo vale su uso adecuado. Pero mire: aunque tenemos la ventaja de que en México hay muy buenos servicios estatales de salud, y de que el médico mexicano en general está muy bien preparado, no hay dinero. Mucha gente no tiene para la consulta, no por lo que cobra el médico sino por lo que cuestan las medicinas. Los servicios han evolucionado mucho, si no imagínese a todas las mujeres que no tienen 4 o 6 millones de pesos para un parto, dando a luz en sus casas como antes.
El pediatra José Ruano Ortiz, capaz de hacer llorar a los niños para auscultarlos con sólo tronar los dedos y con otro tronido detener su llanto, participó en el equipo que aplicó la vacuna Sabin, en 1957, en Nueva York. Recibe a pacientes en el Hospital Los Angeles y en su consultorio particular. Dice a Proceso:
“Todos los contaminantes, ozono y los derivados del azufre, bióxico y monóxido de carbono, irritan la mucosa de las vías respiratorias superiores. Campo fértil para la siembra de los gérmenes que producen los problemas respiratorios, como en esta época que son más frecuentes, disminuyendo las defensas.”
–¿Han aumentado estas enfermedades en el invierno de 30 años para acá en los niños?
–De manera seria e importante. Ha habido un incremento directamente proporcional en relación con la contaminación.
–¿Ha habido bastantes casos de diarreas y vómitos en los niños?
–Hay el Rotavirus, que se ha incrementado. Antes no daba tantos problemas. Ahora da básicamente a niños y ancianos y a personas con bajas defensas. Para los problemas de vías respiratoria, diarreas y vómitos, no son suficientes los antibióticos.
–¿Cómo se curan?
–Con reposo, aniestamínicos, muchos líquidos, y cuando hay asociaciones con virus, con antibióticos.
El pediatra Eduardo Barbabosa sí cree que “existe una epidemia, aunque no grave, ya que muchos adultos y niños a finales de diciembre y principios de enero han padecido un tipo de influenza que ahora ya está disminuyendo”.
Respecto del posible vínculo entre la elevada infición ambiental y las afecciones respiratorias tan duraderas, Barbabosa afirma:
“No es que la ciudad sea la culpable. Esto siempre ha sucedido. Probablemente, aunque no se ha comprobado, respirar contaminantes hace que la recuperación se tarde más.”
De acuerdo con el pediatra, quien ha atendido en enero a un promedio diario de ocho niños con este gripes fuertes, no hay nada que cure esas infecciones agudas, “sólo hay medicamentos para disminuir las molestias”, y advierte que resulta peligroso caer en la común “autorreceta”.
El doctor Jaime Villaba, director del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias, solicitó que su entrevista fuera publicada literalmente. Sus palabras son éstas:
“En enero y febrero sí han aumentado las infecciones virales en vías respiratorias, yo no hablo nada de contaminación. Generalmente estos son cuadros virales sencillos de resolver. A las personas que tienen algún problema de disminución de las defensas les dan pulmonías y bronquitis, y cosas más serias. Esto se ve más en niños y viejos, además de que los que más se enferman son viejos fumadores.
“La desnutrición disminuye las defensas. Hay que cuidarse de los cambios bruscos de temperatura, hay que cuidar mucho a los niños y a los ancianos.
“En México, la contaminación es igual al cigarro, el cigarro es el peor enemigo del hombre y contamina muchísimo. Si la gente dejara de fumar las salas de terapia intensiva se vaciarían, los infartos disminuirían mucho, los cánceres de vejiga se irían para bajo y el de pulmón estaría controlado.
“El Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias tiene un estudio de largo plazo, de entre diez y 12 años, para decir definitivamente qué produce la contaminación atmosférica. Se hará porque en la actualidad en la república mexicana no existe ningún estudio con investigación estadística de la problemática de la contaminación atmosférica en las vías respiratorias.”
Por su parte, el otorrino del Hospital de México, Manuel Muñoz, considera que la única certeza en esta materia es lo que la gente siente: “sólo está viendo cómo evolucionan cuadros que antes duraban cinco días y ahora tardan más los pacientes en recuperarse”.
Sin embargo, el otorrino asegura que la contaminación incide en estos cuadros gripales:
“Lo que ya no ayuda es el medio ambiente. Las altas concentraciones de ozono –que queman las mucosas y reducen la humedad– complican el padecimiento.”
Afirma que sobre estas gripes mucha información está alterada. Es definitivo:
“No hay mucho que decir porque falta mucha información.”