Luego de la marcha del viernes 16 que congregó a cerca de 4 mil alumnos de la UdeG, el rector Marco Antonio Cortés Guardado se lanzó contra los críticos de la institución y en su afán de descalificarlos, lo confundió todo y terminó por acusarlos de estar ligados a la Federación de Estudiantes de Guadalajara.
Tras el hallazgo de los cuerpos de los cuatro alumnos de la Preparatoria 8 de la Universidad de Guadalajara y de un padre de familia en las instalaciones de la Federación de Estudiantes de Guadalajara (FEG) el rector sustituto Marco Antonio Cortés Guardado lanzó sus invectivas contra quienes critican el excesivo gasto público de los dirigentes de la institución, en particular contra los integrantes de Colectivo de Reflexión Universitaria (CRU).
El viernes 16 después de la marcha en la que participaron más de 4 mil universitarios en demanda de castigo para los asesinos de los estudiantes y del adulto, Cortés Guardado aprovechó la oportunidad para acusar a los miembros de ese colectivo y al Frente Autónomo Universitario (FAU) de estar ligados a la FEG.
Y aun cuando las dos organizaciones aludidas le exigieron retractarse públicamente, Cortés volvió a la carga en un programa radiofónico: “Que se disculpen ellos, que no tienen memoria –dijo–. Las banderas de la FEG ondearon triunfalmente en el foro que ellos organizaron. Hay testimonios gráficos, es cosa de que hagan memoria, que vean esos testimonios”.
Dijo también que él tenía información de que “personas integrantes del FAU son miembros de la Federación de Estudiantes de Guadalajara”.
En agosto pasado, el CRU organizó un foro sobre el destino de la UdeG y fue en ese encuentro que apareció el FAU como una de las organizaciones participantes. En otro momento también llegaron militantes de la FEG, aunque ellos nunca hicieron uso de la palabra ni presentaron ponencias, recuerda Román Munguía Huato, integrante del colectivo.
El domingo 18, miembros del FAU enviaron un comunicado a las autoridades estatales y de la universidad en el que se deslindaban de la FEG, al tiempo que lamentaron la muerte de los universitarios y exigieron castigo para los criminales:
“Rechazamos categóricamente las declaraciones del doctor Marco Antonio Cortés Guardado, rector de la Universidad de Guadalajara, quien en entrevista radiofónica intentó vincular al FAU con la FEG. Nuestra organización nunca ha tenido relación alguna ni con miembros o exmiembros ni con presidentes o expresidentes de la FEG”, sentenciaron los firmantes del documento.
Cortés Guardado no sólo no reculó, sino que acusó al exgobernador Alberto Cárdenas Jiménez de haber dado respiración de “boca a boca a la FEG” durante su administración, justo cuando se consideraba que ese organismo estaba muerto.
En la concentración del viernes 16 frente al Palacio de Gobierno, la UdeG solicitó la desaparición de la citada federación, a pesar de que varios de sus expresidentes ahora forman parte del Grupo UdeG que encabeza Raúl Padilla López, entre ellos su hermano José Trinidad y su primo Tonatiuh Bravo Padilla.
Según el funcionario, para nadie es un secreto que los hermanos Ramiro y Román Munguía Huato –Cortés se refirió a ellos como “García Guato”–, Gustavo Monterrubio y el propio Enrique Alfaro, presidente municipal de Tlajomulco, mantenían vínculos directos con Mayo Ramírez, líder moral de la FEG.
Cuestionado sobre esas acusaciones, Román Munguía Huato dice: “(Cortés) se ve mal al no saber ni siquiera los nombres de las personas a las que quiere denostar en forma perversa (…) No sabe que los apellidos de su servidor y de mi hermano Ramiro son Munguía Huato y en ningún sentido estamos ligados a la FEG”.
En cuanto a Mayo Ramírez, actual regidor por el PT en el ayuntamiento de Tonalá, la dirigencia de la UdeG lo considera el líder moral de la FEG y lo liga –por cuestiones de parentesco– con Enrique Alfaro, quien llegó al ayuntamiento de Tlajomulco pese a la férrea oposición de Raúl Padilla, quien desde hace años mantiene un cacicazgo dentro del PRD.
Discurso falaz
La enemistad de Raúl Padilla López con el alcalde parece irreconciliable, sobre todo porque Alfaro, aspirante a la gubernatura, lo acusó en febrero de 2010 de pretender apoderarse también de la administración municipal, así como de intentar chantajearlo. Padilla contratacó días después y calificó a Alfaro de “perro rabioso”, aunque sin mencionarlo por su nombre. La frase fue destacada por el diario Público.
Mayo Ramírez es sobrino del fundador de la FEG, Carlos Ramírez Ladewig, e hijo de Álvaro Ramírez Ladewig, sucesor de su hermano Carlos en la federación. Fue él quien impulsó a Raúl Padilla para la rectoría de la UdeG en 1989. Poco después, ambos rompieron; Álvaro lo acusó de traidor.
Monterrubio, el académico del CUCEA mencionado por el rector como protector de la FEG, asegura al reportero que el señalamiento es falso y que el rector intenta desvirtuar a quienes critican sus fallas en la conducción de la UdeG y los gastos en proyectos no sustantivos en la institución, como la Feria Internacional del Libro en los Ángeles y los festivales internacionales de Cine y de la Música:
“Cortés Guardado involucró a integrantes del CRU, pero también señaló al exgobernador Alberto Cárdenas Jiménez, al secretario de Educación, Antonio Gloria Morales, y a otros personajes”, comenta.
Monterrubio agrega que el objetivo es politizar el tema de los hechos de sangre: “Tal vez ellos se sienten culpables y tal vez lleguen a esa conclusión de que, si caen al precipicio, se llevarán a varios enemigos en esa caída. Yo así interpreto el discurso que ofrecen”.
Dedicado al estudio de la dinámica del poder en el grupo universitario, así como de los conflictos intergrupales por el control de la universidad en las últimas décadas, Monterrubio sostiene:
“Ese grupo está acostumbrado a no enfrentar disidencia o a tener el control absoluto de cualquier voz que se levante. Esa es la cultura política que se desarrolló en la FEG y la que se mantiene vigente entre el grupo que salió de la federación y luego se apoderó de la UdeG; esa es la que permea y continúa en la universidad.”
Relata que durante años los miembros del Grupo UdeG se abocaron a detectar los inconformes, como Román Munguía Huato, líder de un sindicato independiente, al que han bloqueado; Juan Manuel Negrete, excatedrático de la Facultad de Filosofía y Letras, quien escribió la novela Canuteros de plomo, un texto de carácter histórico en el cual narra episodios de la guerrilla en México, así como hechos y vivencias de líderes de la FEG y las broncas con sus opositores.
Monterrubio insiste en que los dirigentes de la universidad “siempre pensaron que el pequeño grupo que los cuestionaba no crecería, pero cuando surgió el CRU hace varios meses y se incorporaron a él decenas de profesores de diferentes centros universitarios el movimiento les empezó a preocupar”.
Recuerda que en un primer momento el CRU sólo cuestionó la discrepancia e iniquidad en la distribución del Programa de Estímulos al Desempeño Docente (Proesde), que beneficia “en forma injustificada” a funcionarios cercanos al grupo UdeG en perjuicio de más de 600 universitarios de probada solvencia académica.
En agosto pasado, durante dos días, el CRU organizó incluso el Primer Foro de Reflexión Universitaria sobre la UdeG para discutir sobre el tema, lo que obligó a las autoridades a dar marcha atrás e incluir a muchos de los profesores que habían sido retirados de las listas del Proesde, recuerda el entrevistado.
Los propósitos de rectoría
Gustavo Monterrubio sostiene que el hallazgo de las fosas clandestinas en terrenos de la FEG pretende ser utilizado por las autoridades universitarias para denostar a sus críticos y cubrir un triple objetivo: quedarse con el inmueble, garantizar la desaparición de la federación y desprestigiar y dividir al movimiento de profesores e investigadores del CRU que rectoría no puede controlar.
“No se quieren dar cuenta de que quienes están cargando con el desprestigio por sus propios señalamientos son el propio rector sustituto Marco Antonio Cortés Guardado y los que controlan a la universidad”, sentencia.
Y mientras diversos autoridades y profesores universitarios se lanzan invectivas, la Procuraduría de Justicia estatal anunció el miércoles pasado que el presidente de la FEG, Israel Mariscal Castañeda, y el candidato a sucederlo, David Castorena, tendrán que rendir su testimonio ante la dependencia sobre las cinco muertes. Y aunque ambos aceptaron, comentaron que acudirán con un amparo.
Hasta ahora, la procuraduría sólo ha recogido información sobre Gerardo Flores Gómez, El George o El Tatuado, quien era el presunto velador del edificio de la FEG. El procurador Tomás Coronado Olmos asegura que hay elementos para sancionar a los presuntos responsables de los asesinatos.
Munguía Huato y Monterrubio sostienen que las investigaciones deben llevarse hasta sus últimas consecuencias; exigen incluso una revisión de las instalaciones de la FEG ante la presunción de más fosas clandestinas. Y aunque se muestran cautos, dicen que no descartan que los cinco cuerpos hayan sido sembrados en los terrenos de la federación.
El rector del CUCEA, Tonatiuh Bravo Padilla, reconoce que la casa de estudios entró en contacto con la Secretaría de Gobernación después de la exhumación de los cadáveres. Incluso, dice, demandó una investigación a fondo para deslindar responsabilidades en la propiedad que hoy, dice, está incautada.
Sobre las declaraciones del rector Cortés Guardado contra los miembros del CRU y del FAU, el exdirigente de la FEG refiere: “La universidad debe estar abierta a la crítica, pues ésta es parte de la vida cotidiana en la institución”.
Dice también que la petición de entrega del inmueble de la FEG a la UdeG es válida, si se considera que fue erigido con fines educativos. Según Bravo Padilla, entre 1971 y 1977 la institución destinó fuertes cantidades de dinero para la construcción del auditorio. l








