Comercializar el espacio público

El panorama de la televisión pública en el país es deplorable. Los dos canales federales abiertos, el Once y el 22, que solían ser la vanguardia en el sector, han pasado a sobrevivir a base de programas comprados, venta de espacios, pantallas con pocos destellos de calidad.
Canal 22, especialmente en su horario vespertino, corta sus programas para insertar cinco y seis anuncios. Predominan los de Telmex en sus versiones para jóvenes. Son tantos que parece como si hubiera comprado la televisora. Desde que Carlos Slim decidió retirar su publicidad de Azteca y Televisa debido a la guerra por hacer uso del espectro digital en telecomunicaciones y contenidos, desplazó sus inversiones publicitarias hacia los canales públicos. En virtud de que el 22 es una concesión, aprovecha para incluir anuncios. Canal Once lo hace violando la ley.

Al reclamo por el abuso en materia comercial, Canal 22 responde a través del defensor de la audiencia. En un lastimero promocional se alega que si bien se puede vender el espacio por ser concesionario y para aumentar los ingresos, el público también ha gozado de programas sin un solo corte, como En Terapia y algunas películas. Este spot se repite, sin que hasta el momento el defensor del televidente tenga un papel decoroso, a semejanza de la etapa en que inició la figura en el canal. Para justificar lo que hacen los directivos, más valdría desechar la figura del protector de la audiencia.

Se agrega un elemento a los anuncios mercantiles, la propaganda del Estado. El gobierno federal, como lo han machacado a lo largo del sexenio, todo lo hace bien. Igual que el Senado de la República, las fuerzas armadas del país, la policía federal. Tienen que presentar diariamente sus cápsulas, no sea que lo olvidemos frente a la reacia realidad. Y ahora se perfilan los tiempos de los partidos. Las precampañas ocupan su espacio y dentro de poco lo harán los institutos políticos en contienda electoral. Eso será tan constante que la programación cultural quedará en los huecos sobrantes. Ver así una serie, por interesante que sea, es un fastidio.

En materia de producción propia tampoco se avanza. El canal acaba de estrenar una barra para niños, 90% del espacio está constituido por material proveniente del extranjero. La nacional está a cargo de Mardonio Carballo, quien hace De raíz luna, el único programa acerca de los grupos indígenas del país. Su propuesta se titula El rastro del caracol.

Los medios públicos andan al garete, cada director decide por su lado. No hay directrices culturales que atender, ningún marco legal que organice. Volvió a pasar un sexenio sin que se legisle en materia de radiodifusión en un sentido progresista. Como en otros aspectos de la vida nacional, involucionamos.