Habla el director del proyecto montes azules, ultimo reducto de la selva lacandona, ultimo intento para su salvación

Amenazada por el saqueo de sus maderas preciosas, colonizada para ser convertida en tierra de cultivo, y sometida cotidianamente a presiones políticas que pretenden hacer de ella la solución de los problemas agrarios de Chiapas, la Selva Lacandona subsiste milagrosamente.
Entre los mitos que la rodean se encuentran los que afirman que los zapatistas se esconderán ahí para hacer guerra de guerrillas, y que el ejército se prepara para invadirla y dominar todos los posibles resguardos del EZLN, y que es una zona imperturbable y virgen todavía.
Sin embargo, la realidad es otra: con una extensión de casi un millón 200,000 hectáreas delimitadas por la frontera con Guatemala y el río Grijalva, la Selva Lacandona, en la parte que colinda con Guatemala denominada Marqués de Comillas, se encuentra perturbada en 50%, y la zona del oeste, la correspondiente al conflicto zapatista, en 70%.
“La Selva Lacandona no es estrictamente una zona de selva tropical. A lo mejor dentro de 25 años van a seguir llamando al lugar de la misma manera y a lo mejor ya no hay ni un árbol”, dice el biólogo Javier de la Maza, director del Proyecto de Montes Azules, que desde 1989 auspicia la Fundación Conservación Internacional.
La zona de selva tropical tan sólo es un reducto supuestamente resguardado en la llamada Reserva de la Biósfera de Montes Azules: 300,000 hectáreas, con densa vegetación azulosa, dan su nombre al albergue de una gran biodiversidad y exuberante belleza que abarca maderas preciosas, como ceibas, caobas, cedros y orquídeas, donde habitan monos arañas y los llamados monos aulladores, murciélagos, tlacuaches, tucanes, loros, pericos y guacamayas rojas. Asimismo, aún se pueden encontrar jaguares y águilas harpías.
Llamada por los especialistas “selva media perenifolia y alta perenifolia”, la reserva alberga además a 44% de todas las especies de mariposas diurnas del país, así como 24% de los mamíferos y 32% de las aves. En ella habitan alrededor de 30,000 habitantes, en su mayoría indígenas tzeltales, choles y lacandones.
“En sentido estricto legal –explica el especialista de 41 años–, la Selva Lacandona le pertenece a la Comunidad Lacandona. Sin embargo, hasta el momento han visto perdidas casi 180,000 hectáreas de su territorio repartidas para ejidos.”
Conocedor de la zona desde los años setenta, debido a la afición de su padre, Roberto de la Maza, por las mariposas –que lo llevó a ser el más importante especialista de estos insectos en México–, Javier relata a Proceso la historia reciente de la Selva Lacandona:
“Los movimientos de colonización fueron muy importantes en 1970 cuando el sexenio de Luis Echeverría. Es la época del Uxpanapa, cuando pusieron dos troncos de cemento simulando ceibas y el lema de: `Seamos realistas, hagamos lo imposible: colonicemos el Uxpanapa’. Ese concepto desarrollista, con miras a ampliar las fronteras agrícolas, que resultó en el gran ecocidio de la zona.
“En esos años suceden dos cosas fundamentales en la selva: se crea la famosa Compañía Forestal de la Lacandona Sociedad Anónima (Cofolasa), una empresa maderera avalada por el Estado para aprovechar la madera, y casi al mismo tiempo se otorga a los indígenas lacandones 614,000 hectáreas de la selva como su patrimonio. Siento que lo segundo fue nada más para de alguna forma definir el área de explotación forestal.”
Así, se empiezan a abrir caminos y asentamientos humanos “sin ninguna medida de planeación: era la visión que todavía prevalece en 90% y que es la del aprovechamiento forestal estilo minero. El llamado descreme: desforestas lo valioso y luego abandonas el lugar”.
Atrás de la madera “vinieron los campesinos en búsqueda de tierra, se establecen en el lugar y entre 1970 y 1980 se desforesta aceleradamente la parte norte de la selva. Se pierden de una manera desastrosa casi 300,000 hectáreas”.
Es en ese momento que interviene Gonzalo Halffter con una iniciativa de conservación y establece los primeros modelos de Reserva de la BIósfera: “Se discutió mucho el reagrupamiento de las comunidades. Había mucha dispersión de pequeños asentamientos, sobre todo de tzeltales expulsados de la zona de Ocosingo y San Cristóbal. Se organiza un programa de reacomodo, un poco para proteger el recurso forestal. Concentran a los tzeltales en un pueblo que se denomina Nueva Palestina. A los choles que vienen de Tabasco, también expulsados por los ganaderos tabasqueños, los ubican en lo que se llama Frontera Corozal; desde luego, ya sabrás que en ese tiempo se llamaba Frontera Echeverría; mientras tanto, las comunidades lacandonas ocupaban Chansayab, Metazabock y Naha, al norte del municipio hacia la zona de Palenque y que actualmente sufre un proceso acelerado de invasión en los límites de la selva”.
Afirma el también especialista en mariposas que en ese momento se plantea establecer un área de conservación “todavía con un estilo etéreo. Es una época muy primaria donde se plantea la intención de establecer áreas de conservación que vinculen activamente a las comunidades que viven en ella. Esta idea es vieja, pero realmente la puesta en práctica es lo difícil. Hasta la fecha, hay muy pocos ejemplos de esto”.
Se crea después un fideicomiso y una comisión de estudios para la selva, que se origina en el proyecto de Gonzalo Halffter y Pedro Reyes, y en 1979 se crea la Reserva de la Biósfera Montes Azules.
Según él, el establecimiento de la reserva “se quedó en el papel”. Explica:
“De hecho, nosotros quisimos integrarnos de alguna forma al proyecto. Incluso me entrevisté con Halffter, quien estaba muy decepcionado por el hecho de que se creara el área y no se hiciera nada en absoluto por protegerla. Quedó muy protegida en el papel, pero los procesos de destrucción se siguieron dando como si nada hubiera pasado.”
Con un esfuerzo aislado, De la Maza y su grupo de trabajo iniciaron un programa de investigación, conservación y desarrollo en el ejido de Chajul, que está a la orilla del río Lacantún, una zona intrincada llamada Marqués de Comillas que entre 1979 y 1980 era prácticamente virgen y que en la actualidad se encuentra en gran deterioro.
“En 1982, Alicia Bárcena asume la Subsecretaría de Ecología y me invita a colaborar con ella de 83 a 85; ahí surge el eterno asunto de los parques nacionales mexicanos que fueron creados con una concepción al estilo norteamericano y europeo; se concibe que estos lugares solamente pueden ser de pinos y son áreas para funciones meramente recreativas.”
Hacia 1984, la problemática de la selva aumenta con el conflicto de los refugiados guatemaltecos y la entrada de Pemex: “Para 1988, en el inicio del sexenio de Salinas, el interés decrece en gran medida y se recupera a partir de la participación de los sectores académicos de la UNAM y muy en especial de su Centro de Ecología, que inician programas de investigación al lado de Conservación Internacional”.
Para el científico, el punto clave estaba en el entendimiento de la importancia y potencialidad de los recursos naturales de la Selva Lacandona. Lo que a su entender no ha sido aprovechado:
“Las selvas tropicales se van destruyendo sin saber siquiera lo que tienen. Creo que Chiapas, en especial, pudo haber sido destacado en la industria del turismo enfocado a cuestiones culturales, sociales y ambientales. Es decir, aprovechar todas las maravillas que tiene y que nos hemos encargado de acabar.”
Cita decepcionado el ejemplo del Cañón del Sumidero: “De pequeño me paraba en la atalaya y veías el hilo del río Grijalva y los cantiles llenos de selva. Yo estaba seguro que esa zona permanecería así para siempre. Desde luego que pueden argumentar que ahora está más padre, que entran lanchas. Pero a mí parece una barbaridad haber inundado con 300 metros de agua el cañón. Se puede discutir la importancia de una presa hidroeléctrica, las necesidades de energía, en fin. Siempre hay cuestiones que ponderar y que toman la prioridad.
“La cuestión era analizar si era necesariamente ahí que se debía hacer o si eran imprescindibles los 300 metros. Pudo haber sido utilizada otra tecnología que pudiera aprovechar el caudal del rio sin necesidad de retener el agua en un estilo ortodoxo. En fin, siempre sucede que supuestamente en aras del desarrollo se pierden potencialidades de verdadero crecimiento hacia el futuro.”
Subraya: “Creo que la selva representa una gran cantidad de potencialidades que muchas veces no es fácil argumentar en las mesas económicas, sobre todo pensando en la población que vive ahí. Ponen las presas hidroeléctricas pero muchas veces los últimos beneficiados de que se genere ahí una energía son los que viven en la zona. Si no, basta recordar lo que sucedió en Angostura”.
Así, para el biólogo “90% de los factores que destruyen la selva son totalmente ajenos a la zona: programas de gobierno equivocados y una serie de situaciones políticas, como la de la tenencia de la tierra”.
Apunta que, en el caso del conflicto zapatista, “yo creo que si el gobierno se va por repartir tierras, por solucionar con una visión corta, va a afectar la conservación de la tierra. Agrupada en una asociación civil, como una estrategia para obtener presencia y obtener apoyos, la comunidad lacandona tiene una posición de defensa de sus tierras. Desde el punto de vista legal, lo que queda de terreno dentro de la Selva Lacandona y Montes Azules es su propiedad”.
La solución para el problema es entonces “buscar esquemas de ordenamiento territorial, con la participación activa de las comunidades, que ya la realizan aunque no le llamen así”. Compara que “en esquemas norteamericanos, europeos y canadienses un parque nacional es propiedad de la nación y quiero entender con ello propiedad del pueblo. Eso es lo que ha faltado aquí.
“Claro que está involucrada una serie de situaciones contradictorias. Pero cómo pensar que vamos a dejar que a 120,000 personas se les otorguen los terrenos que significan el patrimonio que corresponde a 80 millones de mexicanos. No es en el sentido romántico de la conservación de los animalitos y las plantitas. Sino que realmente se nos están acabando las áreas naturales y cancelando opciones de desarrollo futuro. Ese famoso germoplasma y conceptos que suenan muy abstractos, en ocasiones muy académicos, pero que en la practica son ciertos.
“Otros países se están llevando la información genética de nuestros recursos naturales y están haciendo ingeniería genética con ella, mientras que nosotros no hacemos nada. Dentro de 30 años nos van a regresar en venta plantaciones mejoradas de caoba que eran de aquí. Todo ese patrimonio lo estamos perdiendo a veces por actitudes populistas y por salidas fáciles. La cuestión zapatista no es de extensión de tierras, ellos deben estar ciertos de que el problema no es de extensión, sino de tecnología, mejoramiento, capacitación, aspectos que ayudan a incrementar la productividad.”
Al mismo tiempo, afirma que es un mito que el grupo armado haya incursionado en la selva: “Pensar que se pueden refugiar en la selva me parece algo cuasi fantástico, su posibilidad de sobrevivencia es muy difícil. Claro, las primeras semanas puedes cazar algo, pero a los primeros disparos los animales se van a ir alejando cada vez más. Tienes que entrar en una situación de sobrevivencia muy extrema, existen zonas amplias de la selva que en épocas de secas no tienen agua. Puede ser un refugio pero no una zona para hacer guerrilla. Asimismo, el ejército sólo tomó posesión de resguardos sobre la entrada de la selva a la altura de Palenque”.
Con apoyo de donativos de la Fundación MacArthur, Fundación Ford y de la iniciativa privada de México, como el empresario Andrés Marcelo Sada, además del apoyo privilegiado de Conservación Internacional, el Proyecto de Montes Azules se encuentra en pleno desarrollo: “Estamos apoyando la compra de una descascaradora de arroz para Chajul, así como un proyecto de aprovechamiento de mariposas, porque existe un gran mercado internacional, tremendo, de ellas. Este recurso generalmente es saqueado por traficantes que se las llevan impunemente.
“Con un pequeño grupo de personas las cuidamos. En la actualidad tenemos una cartera importante de clientes con precios buenos. Los participantes logran ganar en un día el equivalente a dos jornales. Claro que esta actividad no puede ser para todos, es un proyectito piloto que puede irse diversificando para motivar la imaginación de la gente.”
Reconocido por ser una de las personas que mejor conocen los recursos naturales de Chiapas, con una amplia trayectoria dentro del asesoramiento de la comunidad lacandona, en donde pasa la mayoría del tiempo internado en la selva, De la Maza, alto, de ojos amielados y nariz pronunciada, no fue descartado por el periódico El Universal como el verdadero subcomandante Marcos: “A mí me preocupó la intencionalidad que había atrás, ya que soy asesor de la Comunidad Lacandona y de la Unión de Ejidos Julio Sabines; a veces uno pisa callos y hay el temor de que este tipo de asesorías mal tomadas puedan crear un cacicazgo. A mí realmente lo que me interesa es ayudar a la gente y la preservación de nuestros recursos”.