A sus exalumnos, dice Ifigenia Martínez, “los echaron a perder”, y con Guillermo Ortiz a la cabeza, imponen el “síndrome de SISIFO”

La diputada Ifigenia Martínez no recuerda si el secretario de Hacienda, Guillermo Ortiz, como aseguró en su comparecencia en la Cámara de Diputados, sacó diez de calificación en su curso de finanzas públicas, en la Facultad de Economía de la UNAM. “El me lo dijo y yo se lo creí. Pero así como que me conste, no. Es muy probable que a él le haya puesto nueve o diez. Haber sacado un nueve ya es muy buena calificación”.
Ahora comenta: “A quién se le puede ocurrir… Es una enorme ingenuidad de nuestro secretario de Hacienda y del de Relaciones Exteriores (Angel Gurría) decir que un aval del gobierno de Estados Unidos (por 40,000 millones de dólares) no tiene implicaciones políticas. ¡Cómo pueden decir semejante cosa! ¿Desconocen la historia de Estados Unidos? Por ese camino no vamos a ir sino a más dependencia, más vulnerabilidad, más pauperización; no satisface las exigencias de crecimiento y de empleo que tenemos”.
Sigue la critica contra su exalumno: “Está preocupado por puras variables monetarias y no llega a las variables reales de los salarios, de los niveles de vida. El grupo en el poder atiende a los sectores financieros nacionales y trasnacionales, descuidando, con criterios académicos y monetaristas, a la mayoría de la población pauperizada”.
Según la diputada por el PRD, el secretario de Hacienda parece pensar y sentir como Estados Unidos, y relata que ella le dijo a Ortiz que sólo con el crecimiento se puede aumentar el ahorro interno y depender menos del externo. Ortiz le respondió que hay países de muy alto ingreso que tienen un ahorro muy bajo, como Estados Unidos. Pero la conclusión de Ifigenia es: “Dejen de imitar y de querer ser como Estados Unidos”.
El secretario de Hacienda también replicó que países con ingreso muy bajo, como China y Corea, ahorran dos veces más que México. Y, al contarlo, ríe la legisladora: “A ver si Corea o China pueden tener esa política económica con un gobierno democrático. Es cierto que han tenido altas tasas de crecimiento, pero son gobiernos autoritarios. El chiste en México es lograr esas altas tasas de ahorro con un gobierno democrático. Con democracia, convenciendo a la gente de que hay que ahorrar e invertir, se puede lograr, porque la gente está mejor informada y tiene una mayor escolaridad”.
Llega a la indignación cuando menciona que el gobierno mexicano está dispuesto a que le embarguen los ingresos por las exportaciones de petróleo para obtener el respaldo financiero de Estados Unidos, y considera que el único propósito de ambos gobiernos es mantener el mismo modelo económico neoliberal.
“Bola de inconscientes e irresponsables… Por el camino que vamos, el petróleo al rato cae en las manos de Estados Unidos. Están dispuestos a muchas barbaridades, con tal de no cambiar el modelo económico, sin ver el impacto que tendrá sobre la estabilidad política del país. Con ese modelo, no podemos crecer, no podemos asegurar el nivel de empleos suficientes, no podemos ser un país democrático, no podemos bajar las tasas de interés. Con ese modelo ganaron Estados Unidos, el FMI, el Banco Mundial, los plutócratas de México. Quieren más de ese modelo, aunque la gran mayoría se amuele.”
Si la realidad de México es que no tiene dólares para pagar los vencimientos de los Tesobonos en 1995, se tiene que partir de eso y decir a los inversionistas: “No les puedo dar pesos para que los conviertan en dólares; no hay dólares. Lo que les puedo dar son nuevos Tesobonos, pero no a corto plazo, porque no voy a tener dólares. Entonces, se los daré con vencimientos calendarizados, para cuando haya dólares”.
Una de dos: O se cumplen los compromisos con los dueños de los Tesobonos, o se lleva a México por la senda del desarrollo y el empleo. El gobierno “no puede hacer las dos cosas”.
Egresada de la Escuela Nacional de Economía –hoy Facultad de Economía de la UNAM–, Ifigenia Martínez fue profesora y directora de la misma (1967-1970), y cursó la maestría en la Universidad de Harvard. Ha tenido diversos cargos en la administración pública: fue jefa de la oficina de Política Fiscal de la Secretaría de Hacienda y directora de Programación y Descentralización Administrativa; en la Presidencia de la República, jefa de Asesoría Económica (1965-1970); en Reforma Agraria, coordinadora de asesores de la Subsecretaría de Organización Agraria (1983-1984); en Relaciones Exteriores, miembro de la Comisión Consultiva de Política Exterior (1982-1987), y representante permanente alterna de México en la ONU (1980-1982), entre otros cargos.
Es autora de más de una docena de libros sobre economía. Fue militante del PRI de 1954 a 1979, y pertenece al PRD desde 1988; es fundadora de la Corriente Democrática del mismo partido. Fue diputada entre 1976 y 1979, senadora (1988-1991), y hoy ocupa de nuevo una curul en la Cámara de Diputados.
Dice que Guillermo Ortiz forma parte del grupo de financieros que llegaron al poder después del sexenio de José López Portillo, que aplicaron una política económica “tan diferente, que constituyó un golpe de Estado técnico, silencioso”.
Así lo explica:
Es el grupo financiero del Banco de México y la Secretaría de Hacienda, que desde los años sesenta había incubado una serie de críticas y “odio” contra los funcionarios que llamaban “gastalones” o “desarrollistas”.
Cuando López Portillo dejó el poder a los financieros, recuerda, había una crisis de pagos. También la hubo en 1976, a consecuencia de tener un peso sobrevaluado. Se recurrió al FMI y, con una política de crecimiento y el auge petrolero, se salió rápidamente del atolladero. Se había gastado mucho dinero, efectivamente, pero se duplicó la capacidad productiva del país.
Para salir de la crisis de pagos en 1982, los financieros, con Miguel de la Madrid, aplicaron una estrategia en dos fases, conforme a las recetas del FMI. La primera consistió en un ajuste recesivo. Desplomaron la inversión pública y privada, y el consumo. Deliberadamente, ocasionaron una fuerte inflación. Después se rasgaron las vestiduras diciendo que la inflación era lo peor que les podía pasar a los mexicanos, pero usaron tanto la inflación como la devaluación para despojar de recursos y de poder adquisitivo a la población, y tener un excedente para pagar la deuda, sustenta la economista.
Y continúa: En 1983, el ajuste ya estaba hecho. Ya no había déficit en la balanza del sector público, sino superávit primario. Los gastos ordinarios que hace el gobierno eran menores que los ingresos que recibía. Los niveles de vida disminuyeron. El objetivo era pagar el servicio de la deuda, para evitar una perturbación en la comunidad financiera internacional, sobre todo a la banca norteamericana privada. El crecimiento económico fue de cero.
La primera fase termina en 1987, cuando la inflación se estaba convirtiendo en hiperinflación.
Entonces llega la segunda fase de la estrategia que los financieros previeron desde el inicio. Cambian, con Carlos Salinas de Gortari, la estructura de la economía, para hacerla exportadora “y dizque” insertarla en la economía mundial. “Esta gente no saben nada de historia económica, porque no se acuerdan de que ya habíamos sido una economía exportadora –expresa en tono de cátedra Ifigenia Martínez, a quien el secretario de Hacienda todavía llama maestra–. Lo fuimos en la Colonia, en tiempos de la dictadura de Porfirio Díaz y en los primeros años de los gobiernos revolucionarios”.
Luego, con los pactos, los financieros aplicaron una política deflacionaria. Intentaron recuperar el crecimiento, con menores tasas de inflación, pero no pudieron. El crecimiento ha sido débil e insuficiente, de 2.5% en promedio, muy inferior a la tasa histórica de 6% que se logró en el desarrollismo.
Uno de los principales daños infligidos a la planta productiva nacional fue la apertura comercial, porque se importa más de lo que se exporta. Ahora, con una nueva crisis de pagos, y después de que los financieros equilibraron el presupuesto de las finanzas públicas y redujeron la inflación, quieren que los mexicanos asuman un endeudamiento de hasta 40,000 millones de dólares, para restituir el valor de los Tesobonos a quienes invirtieron en ellos.
“Es inaceptable otra vez el reajuste recesivo. Otra vez volvemos a 1982, a disminuir el gasto público, a bajar la inversión, a contener los salarios, a devaluar, a lo mismo. Es una economía con el síndrome de Sísifo: jalamos la piedra hacia arriba, con esfuerzos, con sacrificios, y ya que llegamos a la cima, otra vez ahí viene para abajo, y otra vez vamos a volverla a subir. La situación es seria.”
Maestra también de Jesús Silva Herzog, David Ibarra, Gustavo Romero Kolbeck “y muchos más de los mejores economistas”, considera que a muchos de sus alumnos “los echaron a perder en las Universidades de Estados Unidos”.
Explica que su generación, una de las primeras que estudió en el extranjero, en la que se encontraban Alfredo Navarrete, José Luis Ceceña y Raúl Salinas Lozano, fue a estudiar a otros países “con un objetivo claro: aprender la teoría económica última, los instrumentos económicos más modernos para servir a nuestro país. Llevamos una idea y una motivación nacionalista muy clara. Esta se ha perdido”.
Agrega que si a los actuales miembros del grupo financiero se les atribuye buena fe, lo que ocurre es que estudiaron teorías basada en altas matemáticas, que no sirven para nuestra etapa de desarrollo. “Esto, suponiendo buena fe. Porque otra posibilidad es que formen parte de un proyecto para satisfacer a una hegemonía mundial, como Estados Unidos”.
Dice que el presidente Ernesto Zedillo no fue su alumno, porque él estudio en el Politécnico. “Desafortunadamente, estudió su posgrado en la Universidad de Yale. Digo desafortunadamente, porque hasta ahorita no he visto a ninguno de Yale que la haya hecho”.