Señor director:
La presente es para solidarizarme con el licenciado Juan José Maldonado Feijoo, quien en el número 944 de Proceso expone en una carta los daños que ha tenido que sufrir por ser trabajador de Comermex.
Me consta la mala fe y la deshonestidad que existe en esa empresa hoy llamada Inverlat, ya que tuvo que cambiar de nombre, sin duda para tratar de recuperar unos clientes por allí.
Hace dos años, a 16 amigas y a una servidora se nos quitó el interés de un mes en nuestra inversión y se nos despojó de una parte de nuestro capital con el pretexto de que “habían bajado los Cetes”. Fuimos a la Comisión Bancaria, demandamos, escribimos a los periódicos (incluso Proceso nos ayudó), y no pasó nada: La Comisión Bancaria nos citó dos veces, se presentó un abogado que parecía pasante anémico y que, al igual que la licenciada de la Comisión, empleó un vocabulario esotérico, fuera de nuestro alcance de amas de casa, para concluir que todo estaba perfecto.
Algunas de la viudas insistieron y se les regresó una parte de su dinero; otras no, y a mí me hablaron por teléfono de Comermex diciéndome que mejor deje de escribir y reclamar en los medios de comunicación. El tiempo pasó y olvidé la estafa. Ahora, con la carta del licenciado Juan José Maldonado, veo que Comermex no canta mal las rancheras en lo laboral.
No hay que olvidar que el dueño de Comermex-Inverlat, en 1987, tuvo que ver algunas veces con la justicia; ahora su primo, el señor Prevoisin, también está involucrado en cositas no muy nítidas. ¿No se podría hacer algo para que los banqueros en México no sean abusivos? ¿Tendremos todos que meter nuestros ahorros en bancos extranjeros, ahora que van a estar aquí?
Tengo todos los papeles que acreditan mis palabras en caso de necesidad. Gracias por su apoyo, y ojalá pueda publicar la presente para darle ánimos al licenciado Juan José Maldonado.
Atentamente
Profesora Lilian Verine Peters de Díaz.








