VILLAHERMOSA, TAB.- “La intención es que el priísta no se manche las manos de sangre. Esa es gente irracional; son como animales”, juzgó el director de Seguridad Pública de Tabasco, general Arturo Zavala, para tranquilizar al exdiputado federal Mario Ross, quien, al frente de poco más de 200 enardecidos priístas, iniciaron a las 11:30 horas del jueves 19 la ofensiva que después de siete horas logró expulsar con violencia a los perredistas de la Plaza de Armas.
De poco valieron las palabras del general “experto en antiguerrilla”.
El exlegislador encaró al subsecretario general de Gobierno, Irving Orozco, y con los ojos enrojecidos y el aliento alcohólico reviró: “¡De pacifismo y prudencia ya estamos hasta la madre! Ahorita los sacamos, de hoy no pasan”.
El joven funcionario tragó saliva y se alejó del exlíder de la sección 44 del sindicato petrolero.
–El, como otros, está ebrio, y con ellos viene gente infiltrada –confirmó Orozco, en voz baja.
Luego, al paso de los minutos, prácticamente huyó, con en el general, y los priístas de “la sociedad civil” comenzaron el permanente hostigamiento a los seis campamentos perredistas, al que fueron ajenos los 40 policías que rodeaban el Palacio de Gobierno.
A las siete de la noche, cuando los más de 500 perredistas se parapetaban con sus dirigentes en el puente Solidaridad, que cruza el río Grijalva, apareció triunfal el jefe de la policía al frente de 400 policías, mientras que comenzaba la rapiña de priístas y llegaba a la Plaza de Armas un destacamento del Ejército, apoyado con cuatro tanquetas.
A la plaza comenzaban a llegar cientos de priístas, más de 4,000 al final. En medio del fandango que se improvisó en la explanada del Palacio de Gobierno, el gobernador Roberto Madrazo hizo su aparición triunfal.
Entró al edificio que tanto ansió desde el 31 de diciembre. Dijo unas palabras y entró a su despacho. El besamanos, pospuesto 19 días; se prolongó hasta las 10 de la noche.
Mientras, se reportaron 130 heridos leves en el desalojo, entre priístas y perredistas; cuatro vehículos destruidos, uno de ellos incendiado; destrozos en casas-habitación y comercios por parte de los agresores.
En el municipio de Cárdenas, gobernado por el PRD, el ayuntamiento informó que fueron detenidos 75 priístas, algunos de ellos en posesión de drogas. Aunque hubo rumores de muertos, hasta la noche del viernes 20 no se había confirmado ninguno.
El desalojo de la Plaza de Armas, tomada desde el 31 de diciembre por militantes del PRD, se desarrolló así:
11:30. Unos 200 priístas llegan en vehículos a las inmediaciones del Palacio de Gobierno, donde son contenidos por la policía. El subsecretario general de Gobierno, Irving Orozco, les pide calma.
12:00 El exdiputado federal priísta Mario Ross, visiblemente ebrio, le dice a Orozco: “De pacifismo y prudencia ya estamos hasta la madre”, y azuza a sus seguidores a la toma de la plaza. Según el funcionario, el exlegislador, “como otros, está ebrio y con ellos viene gente infiltrada”.
12:30. Llega el líder estatal del PRI, Nicolás Haddad, para pedirles calma y que permanezcan en plantón para evitar que “se consume la felonía del centro”. Reitera la solicitud de audiencia al presidente Ernesto Zedillo y cuestiona el apoyo del CEN del PRI.
13:15. Los priístas, que ya superaban los 300, se acercan a las calles 27 de febrero e Independencia, uno de los accesos de la Plaza de Armas y comienzan a insultar a los perredistas, instigados por José de los Santos Boris Garrido. Atraviesan sobre la avenida 27 de febrero dos camiones.
13:54. Carlos León, uno de los priístas, se enfrenta con un granadero. En el repliegue, se reorganizan los priístas y dan un plazo de una hora a los perredistas para que desalojen la plaza o de lo contrario lo harán de manera violenta.
15:00. Los perredistas determinan resistir la ofensiva priísta sentados, al frente de ellos está el líder estatal del PRD, Darwin González Ballina. Por el micrófono, el diputado local del PRI, Félix Sarracino, habla de que no son violentos, pero de inmediato los priístas se lanzan sobre los perredistas. La policía lanza gases lacrimógenos.
15:20. Decenas de priístas llegan a otro de los accesos a la plaza y los policías vuelven a lanzar gases lacrimógenos. Mientras, decenas de taxis y vehículos rodean los bloqueos para impedir la entrada de alimentos.
16:10. Se retira la policía. Sólo quedan los gendarmes que resguardan el Palacio de Gobierno. Los priístas encaran a los perredistas, los insultan. Varios derriban los improvisados baños y les prenden fuego, así como a banderas del PRD. Un vehículo, propiedad del perredista Tomás Brito, es destrozado frente al hotel Howard Johnson.
16:35. Los priístas destroza un vehículo perredista y rompen el apardor de un comercio. Un priísta, Juan Francisco Méndez, resulta lesionado. Se oyen cuatro detonaciones de arma.
16:55. Decenas de priístas, que a esta hora son casi mil, destrozan los techos de plástico de los perredistas, que siguen sentados, tomados de las manos. Prenden fuego al plástico y se los arrojan a los plantados. En otro de los accesos, decenas de priístas comienzan a lanzar bombas molotov y piedras a los militantes del PRD.
17:15. Por tres de los seis accesos arrecia la ofensiva. Los priístas entran a la plaza. Los policías, desde las azoteas de los edificios que la rodean, lanzan bombas lacrimógenas.
17:30. Los priístas son expulsados por los perredistas.
17:34. Vuelve la ofensiva de los priístas.
17:38. Decenas de militares del PRD repelen otra vez a la turba priísta.
17:45. Cerca de 1,500 priístas penetran definitivamente a la Plaza de Armas. Los policías los apoyan lanzando bombas de gas lacrimógeno a los perredistas, cuya mayoría alcanza el puente Solidaridad. Ahí se recibe una llamada de López Obrador, quien instruye a sus seguidores a que regresen a sus comunidades.
18:00. Los priístas comienzan a fabricar hogueras para quemar todas las pertenencias de los perredistas. Se quedan con sillas, cobijas, tanques de gas. A lo demás le prenden fuego. Llegan 150 elementos del grupo especial 100 de la policía estatal.
18:10. Los priístas prenden fuego a una camioneta. Otros tres vehículos son destrozados. Mientras, los perredistas se apostan a lo largo del puente y, callados, levantan la mano derecha, haciendo la “V” de la victoria.
18:30. Las puertas del Congreso local son abiertas y los cientos de priístas que van llegando entran en el recinto.
18:45 Llegan a la Plaza de Armas decenas de soldados y centenares de policías cobijan a los priístas, que comienzan a congregarse frente al Palacio de Gobierno.
20:30. Una marcha de miles de priístas, procedentes de la plaza de la Revolución, en Tabasco 2000, arriba a la Plaza de Armas. Esperan a Roberto Madrazo, quien por radio se compromete a llegar al Palacio de Gobierno.
21:55. Roberto Madrazo entra al Palacio de Gobierno. Dice a la multitud ahí congregada: “Yo quiero decirles que estoy aquí por mandato popular expresado por ustedes el 20 de noviembre”. Aplausos. “Quiero agradecer a nuestro gran pueblo de Tabasco… (lo interrumpen para cantar una estrofa del Himno Nacional)… Que viva la certeza para Tabasco. Muchas gracias”.
21:00. La gente comienza a dispersarse. La música continúa. Dentro del Palacio de Gobierno, Madrazo disfruta la salutación, que 20 días antes, el 31 de diciembre, improvisó debajo de un almendro.
21:30. El goberndador, que desde que inició su gestión hizo sólo dos giras por el estado y encabezó un solo acto público, se deja apapachar por la prensa. A la pregunta del costo político del desalojo, dice que “no hay tal. El costo político hubiera sido no sostener la voluntad ciudadana que se ha expresado en estos momentos”.
22:00. Madrazo, acompañado de sonrientes colaboradores, se retira a la Quinta Grijalva.
22:50. El general Arturo Zavala reúne a sus 500 elementos, y sonríe satisfecho. “Que me juzgue quien me tenga que juzgar”, dice.
23:00. Madrazo se comunica al noticario 24 horas y, mientras niega la violencia, las imágenes en televisión muestran los destrozos que causaron los priístas. “No podemos permitir que nada ni nadie esté por encima de la ley. Desgraciadamente todavía esta tarde algunos grupos querían mantener la intolerancia como vía de suspensión de una decisión democrática. Por fortuna en este momento se han conciliado las pasiones”.
23:10. Los perredistas, impotentes, regresaban como podían a sus lugares de origen, como se los había pedido López Obrador desde la Ciudad de México.








