Defraudados y hostigados

Señor director:

La ineficiencia o negligencia de funcionarios menores de la Procuraduría General de la República y de la Junta Local de Conciliación y Arbitraje del Distrito Federal acrecienta cada día la injusticia que se comete en contra nuestra.
Somos dos personas que trabajamos tres años como socios industriales de la empresa Iceasaelectromecánica, S.A. de C.V., “representada” y administrada por el “ingeniero” Noé Samayoa Zavaleta.
En la declaración fiscal anual hecha por Samayoa en mayo de 1992, detectamos facturas apócrifas por 1,200 millones de pesos viejos. Reclamamos esto al señor Samayoa, ya que estaba reportándonos pérdidas de los últimos tres años, durante los cuales no habíamos recibido las utilidades proporcionales pactadas en el inicio de nuestra relación. Dedujimos que lo de las pérdidas era una vil mentira a raíz de la última declaración de impuestos.
Como resultado de nuestro reclamo, se nos impidió regresar al trabajo al día siguiente. Presentamos entonces una demanda (expediente 1634/92) ante la Junta Local de Conciliación y Arbitraje del Distrito Federal. El asunto se encuentra inamovible en la mesa número 7 Bis, y ha sido manejado con una parcialidad descarada. Incluso fuimos agredidos físicamente por elementos de la Policía Judicial del Distrito Federal que trataron de secuestrarnos, ya que, según manifestaciones del propio Samayoa, cuenta con parientes en dicha corporación. Asimismo, hemos recibido amenazas y hostigamiento por teléfono.
También interpusimos una denuncia ante la Procuraduría General de la República el 30 de septiembre de 1992 (número de folio: A.P. 5569/FFB/92), en la cual mencionamos el fraude fiscal y anexamos las facturas originales apócrifas.
A la fecha, este asunto, además del perjuicio normal original, nos ha causado grandes gastos de litigio. Pareciera ser verdad que, como afirma el señor Samayoa, en la ley “lo que cuenta es quién tiene más dinero”. En este caso, él se quedó con todo lo que teníamos en conjunto, y el daño asciende ya a más de un millón de nuevos pesos. Sin embargo, estamos dispuestos a seguir luchando por recuperar lo que con años de esfuerzo, trabajo y sacrificios habíamos logrado reunir. (Carta resumida.)

Atentamente

Arquitecto Fernando Marín Sierra e ingeniero Federico Rojas Ramos.