El pan y la flor

Señor director:

En el estado de Yucatán hay una serie de problemas y denuncias que han quedado sin resolver, y que al parecer así quedarán para la posteridad por la sencilla razón de que, a nivel nacional, no existe en el sistema político voluntad para enfrentarlos.
En este caso se encuentran la denuncia que el diputado del PPS Jiménez Tzoc hizo en la pasada legislatura contra el ayuntamiento encabezado por Ana Rosa Payán; el escándalo de Promotora Ambiental que fue heredado por los actuales legisladores, y las quejas de los vecinos de la avenida Chuchul por el fraude y estafa que en su contra cometieron las autoridades del anterior ayuntamiento, que los obligaron a pagar un pavimento mal construido.
En estos casos, nada pasó y nada pasará.
Tanto en la compra de una costosísima camioneta Suburban, como en el caso de los leoncitos del Parque Centenario que fueron declarados muertos y que ahora gozan de cabal salud, pero en torno de los cuales se movieron muchos millones de pesos, nada pasó y nada pasará.
También resultó un fraude descarado la compra de una depiladora de cerdos y dos despieladoras para reses destinadas a la empresa paramunicipal “Abastos de Mérida”. El mencionado equipo fue comprado antes de que su adquisición fuera aprobada por los regidores. Pese a las quejas y denuncias, nada pasó.
Pero además, el actual ayuntamiento de extracción panista adquirió a un costo de muchos millones de pesos una barredora para las calles que puede funcionar maravillosamente en la avenida Pensilvania de la ciudad de Washington o en el Paseo de la Reforma de la Ciudad de México, pero que para nuestras calles es impropia. Podría ser que se haya adquirido para barrer exclusivamente el Paseo de Montejo o la avenida Colón. Nada pasó.
Numerosos vehículos de dependencias municipales y particulares de funcionarios del ayuntamiento circulan sin haber pagado tenencias ni portar placas, como manda el Reglamento de Tránsito. Son “intocables”. Nada pasará.
De un adeudo de miles de millones de viejos pesos que tenía el actual ayuntamiento –Ana Rosa Payán nunca pagó un centavo a la Junta de Agua Potable y Alcantarillado de Yucatán por el consumo de agua en todas las dependencias municipales, porque “no le dio la gana”–, don Roberto Pinzón graciosamente le perdonó algo así como 2,000 millones, de acuerdo con lo que se publicó en los periódicos. Algo parecido sucedió con la Comisión Federal de Electricidad en el consumo de energía para el alumbrado público. Nada pasó y nada pasará.
Nuestra conclusión es que las autoridades panistas del ayuntamiento de Mérida desde hace cuatro años reciben un trato de excepción. ¿Cuál es el origen de ese trato de excepción?
Remontémonos a finales de 1988 y tendremos la clara y nítida explicación: “A los funcionarios panistas, hagan lo que hagan, no se les puede tocar ni con el pétalo de una flor”… “En eso estriba el cumplimiento de su alianza y colaboración. Por lo tanto, ustedes están para callar y obedecer”.
Las frases anteriores fueron pronunciadas con voz muy fuerte en un edificio situado en Insurgentes Norte de la Ciudad de México. Entonces, como ahora, nada pasó y nada pasará. (Carta resumida.)

Atentamente

Eduardo Trueba Barrera
Mérida, Yucatán.