En 1989 Dulce María Núñez pintó El presunto responsable, cuadro que tuvo como punto de partida la ilustración fotográfica de una noticia policiaca. Desde entonces la nota roja en periódicos y revistas ha sido uno de los bancos de imágenes para la producción pictórica de esta notable artista nacida en la Ciudad de México y radicada desde hace una década en Guanajuato. Abandonó la capital por el terremoto de 1985 y ahora está planeando regresar pues supone que en tiempos de crisis es mejor estar cerca de su gremio, de sus colegas, escasos y dispersos en la ciudad de León.
La más reciente exposición de Dulce María Núñez tuvo lugar en la galería OMR (diciembre 7, 1994-enero 14, 1995). Pinturas al óleo, al acrílico o en técnicas mixtas, y dibujos al carboncillo y lápiz, hechos entre 1993 y 1994. Fueron reunidos bajo el título general de Solos, Muros y Golpeados. ¿Quiénes están solos? Los muertos. El pequeño óleo (40 x 60 cm) que representa a Francisco Ruiz Massieu asesinado se titula Ruiz Massieu solo. En la composición pictórica quien fuera secretario general del Partido Revolucionario Institucional no está solo. El cuerpo sangrante, tal como apareció en la televisión y en todo tipo de publicaciones, está acompañado por tres momias y por una pequeña reproducción de La muerte de Marat, pintada hace dos siglos por Jacques-Louis David. La representación no tiene arrestos heroicos. La intención pareciera haber sido la de subrayar que ese crimen ha sido anclado alevosamente en la nota roja, cuando en verdad se trata de una muerte con trasfondo político, como la de Jean Paul Marat.
El tema continúa en otro cuadro de dimensiones semejantes (60 x 40 cm), El muro de Caín. Ahí se ven los perfiles izquierdo y derecho y el rostro de frente de Daniel Aguilar Treviño, el asesino a sueldo que disparó contra Ruiz Massieu. Lo acompañan un león desollado y la siguiente enigmática inscripción: SCEFERESO. Representación tan fría como cualquier registro carcelario, pero a la vez recordatorio contundente.
Un tercer capítulo del drama está dado por el dibujo El autor intelectual (100 x 70 cm), cabeza semioculta en tiras de tela y coronada por una caligrafía que no se logra descifrar porque ha sido borroneada. El nombre del autor intelectual está escrito y tendrá que emerger de las tachaduras cuando el tapado quede al descubierto.
En el acrílico Nota roja (80 x 110 cm) Dulce María Núñez aborda el asunto de Luis Donaldo Colosio. Ahí se ve al malogrado candidato a la Presidencia de la República rodeado de dinosaurios. En la base del cuadro un cuerpo desollado y una mano que empuña una pistola. Con el título la artista enfatiza el hecho de una investigación desencaminada. Se extiende en el caso a través de El bueno, el malo y el feo (óleo, 40 x 60 cm). La superficie fue dividida en un rectángulo mayor y otro menor, cada uno dividido en tres partes. En el mayor, de izquierda a derecha, Mario Aburto Martínez con la cabeza de Colosio estampada en la frente, Cristo con corona de espinas, y un desollado con corazón rojo y unas cananas que le cubren el lado izquierdo. En el rectángulo menor, con igual sucesión: tres diablos, las manos y el ojo divino dentro del triángulo sagrado, y tres parejas de gladiadores peleando. La sucesión de nombres en el título no se corresponde con la secuencia de las figuras. Es el espectador quien debe deducir quién es el bueno, quién el malo, quién el feo.
De la nota roja procede también Feos y torvos (lápiz, 100 x 70 cm), cuatro cabezas de violadores que en la galería fue colocada haciendo díptico con otro dibujo de igual tamaño, Eva sola, una Eva expulsada del paraíso de la virginidad, que se avergüenza al ser señalada acusatoriamente. De la nota roja llega Cabeza de indio (carboncillo, 100 x 70 cm), un rostro de aborigen magullado a golpes, presentado bajo un relieve prehispánico.
Paralelamente a la línea de áspero arte público, Dulce María Núñez viene desarrollando desde 1992 una serie de sentido metafísico, que a veces acude a símbolos religiosos (alas, figuras levitando) y otras a espacios enigmáticos, como unos muros más espirituales que concretos, donde las aspiraciones parecían quedar encerradas, aherrojadas quizás. Serena elocuencia ofrece en este orden Contemplación de un muro (carboncillo, crayones y lápiz, 70 x 100 cm). En este dibujo un hombre desnudo está frente a un espacio que no es una pared sino algo casi orgánico y quizás impenetrable. Esta y otras piezas semejantes revelan que Dulce María Núñez se ha internado en meditaciones filosóficas que pueden alejarla del mexicanismo al que aportó imprevistas inflexiones.








