Afligida por la inminente contracción que sufrirán los presupuestos destinados para los sectores culturales del país a raíz de la emergencia económica, la directora de la Escuela Nacional de Restauración, Mercedes Gómez Urquiza, considera impostergable el impulso presupuestal para la institución que preside.
La restauradora dice también que, “normalmente, en este tipo de situaciones financieras, y debido a un mal criterio”, todo lo relacionado con la cultura, “por considerarse suntuario, por pertenecer a una industria sin chimeneas, padece los más fuertes recortes”.
Sin embargo, critica esta política ya que responde “a una subvaloración de la importancia que juega la conservación del patrimonio cultural, así como la permanencia de los testimonios históricos y artísticos de la nación, finalmente claves para la generación de ingresos vía la industria turística”.
Y agrega que museos, templos y zonas arqueológicas, entre otros, deben estar “profesionalmente cuidados y controlados adecuadamente por especialistas, lo que sólo se logra con una buena preparación de restauradores, ahora frenada por la falta de apoyo financiero”.
Por eso, a Gómez Urquiza le preocupa la imposibilidad que ha tenido la escuela fundada en 1962 –por mucho tiempo fue la mejor del mundo y es la primera en América en tener la licenciatura en restauración en 1968– para crecer y tener mejores instalaciones, “lo que con la crisis financiera puede resultar aún más difícil”.
La escuela, mejor conocida como Centro Churubusco, tiene una gran demanda de estudiantes extranjeros y nacionales, asegura Gómez Urquiza.
Sin embargo, debido a sus “precarias instalaciones, no puede crecer ni ofrecer distintos niveles académicos y especialidades como el país lo requiere”.
Para la especialista en restauración, el retraso de infraestructura que demuestra la escuela se liga también al Tratado de Libre Comercio, “ya que si queremos competir, requerimos una formación de cuadros de excelencia que no se logra si se sigue trabajando a la mexicana con lo que se puede”.
En opinión de Gómez Urquiza, la escuela podría “estar a la vanguardia si tuviera los aparatos adecuados, así como los apoyos académicos”. Y, como muestra de ello, dice que “aún reciben muchas solicitudes de extranjeros para ingresar, pero faltan instalaciones específicas”.
Para la restauradora, una excelente inversión cultural sería la promoción del área de conservación, y señala las necesidades de la Escuela que teme ver lejanas a satisfacerse:
“Requerimos de nuevas instalaciones específicas para la restauración. No se puede adaptar algo, trabajamos con determinadas características que deben ser apoyadas financieramente y, por el momento, las insuficiencias inmobiliarias se incrementan ya que las compartimos con la coordinación nacional del INAH”.
Después de reiterar “que ahorita trabajamos con lo mínimo”, exige que no se deje para otro momento la necesidad de tener “instalaciones propias y dignas: talleres, equipo y salones”.








