Suicidio y Caló

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genda del suicidio (Tumbona Ediciones. Col. Prosa Fugitiva; México, 2011. 132 pp.), de Pablo Raphael, es una colección de cuentos que giran en torno a la expiación de algunos escritores como Stefan Zweig, Sylvia Plath, Ernest Hemingway, Walter Benjamin, Yukio Mishima y Virginia Woolf… La exposición no sigue el dato biográfico, sino que el autor utiliza algunos personajes, creados por los literatos y ciertos pasajes de sus obras, para conocer las causas de sus suicidios. Así reproduce en los relatos el ambiente que les inquietaba y las emociones tenidas antes del funesto desenlace.
El suicidio para muchos escritores es el resultado de una situación desesperada, en donde la existencia ha perdido sentido. El desequilibrio tiene un motivo social: el rechazo por las posiciones políticas, estéticas, afectivas… que los aíslan y provocan el menosprecio de su trabajo. La inferioridad ocasionada lleva a la angustia, por la imposibilidad de comunicar, y al desquicio que se puede traducir en la inmolación.
Agenda del suicidio es un libro inquietante, escrito con esmero. La intensidad de las historias invita a leer las obras de esos autores trágicos. Así como permite entender esas zonas de la fatalidad que los han llevado a quitarse la vida.

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Héctor Manjarrez presenta Útil y muy ameno vocabulario para entender a los mexicanos (Ed Grijalbo; México, 2011. 301 pp.), resultado de un trabajo de casi diez años en donde el escritor recogió palabras y expresiones leídas y escuchadas en diferentes textos, así como en la vida cotidiana. De este modo reunió una colección de más de 2,800 vocablos explicados para que cualquier extranjero o hispanohablante entienda lo que el mexicano dice y escribe. Hay que indicar que la pesquisa tuvo como fuentes a sus amigos, cantineros, hijas, taxistas, marchantes… Se circunscribe a la capital del país por lo que excluye giros y expresiones de la provincia.
El libro no es sólo un diccionario sino que además utiliza ejemplos para hacer comprensible cada expresión. Muchos son excelentes y constituyen brevísimas historias cargadas de fantasía y humor como la definición de gata: “Sirvienta, chacha, muchacha, criada, doméstica, empleada, mucama (estos dos últimos, sudamericanos); la mujer que solía habitar el cuarto de la azotea, donde se movía como felino silencioso y supuestamente sensual: “Ya volvió a subirse el señor al cuarto de la gata, desde aquí la oigo gritar”; o la de güey: “Se usa indistintamente para hombres y mujeres. De ‘buey’, macho vacuno castrado. Antaño significaba tarugo, (…) pendejo… La generación nacida en los años setenta utiliza la palabra güey con tanta elocuencia como las comas (…): “No mames, güey, lo que pasa, güey, fue que me dio un súper gusto, güey, encontrármelos en el reven, güey.”
Util y ameno vocabulario… es un diccionario atípico hecho con desenfado y humor que recupera parte del habla mexicana en los inicios de este siglo.