El efecto de la devaluación sobre el libro: aumentara sus costos entre 25 y 30%, calcula el presidente de la cámara: “nos endeudamos

El líder de los editores mexicanos golpea en la mesa y exclama: “¡Nos mintieron, lo digo muy claro, nos mintieron! Confiamos en las cifras que nos daban, nos endeudamos en dólares para modernizar la planta productiva y ahora nos cae la devaluación encima”.
Julio Sanz Crespo, presidente de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem), manifiesta el enojo de sus agremiados y solicita, como una medida para resolver la ya endémica crisis del ramo, que el presidente Ernesto Zedillo haga “lo que se le olvidó” al anterior gobierno: privatizar la industria editorial.
Demanda que el gobierno, en sus tres niveles (federal, estatal y municipal), deje de competir “deslealmente” con los editores: “Que ya no produzca libros”.
Entre las ediciones que Sanz exige se privaticen se encuentran los 110 millones de libros de texto gratuitos: “Saldrían más baratos, podrían hacerse ediciones regionales y el gobierno sólo pagaría los libros entregados, además de que cobraría impuestos por eso. Cuando el presidente Zedillo fue secretario de Educación Pública lo pudo comprobar. Que lo haga otra vez, que concesione la elaboración de los libros de texto a la iniciativa privada. Eso sería una plataforma impresionante para el desarrollo de la industria editorial a partir del cual se generarán empleos e inversiones”.
En un país en el que sólo el 3% de la población tiene como hábito la lectura, la industria editorial mexicana ha tenido que enfrentar una crisis de sobrevivencia en los últimos años. Una prueba de esto es la disminución del número de editores. En 1991, la Caniem contaba con 1,200 afiliados, mientras que ahora son sólo 640 los editores. El 60% se dedica a la producción de libros y el 40% restante a las publicaciones periódicas y revistas. Del total, el 85% de los afiliados están radicados en el Distrito Federal. Para documentar el pesimismo de los editores: En México se lee, en promedio, un libro por cada habitante al año.
En sus oficinas de la Editorial Aconcagua, de la que es presidente, Julio Sanz reconoce que la devaluación repercutirá en los precios de los libros, y explica que son dos los factores que inciden principalmente en el incremento: el papel y la maquinaria. En el caso de la materia prima explica que se refiere tanto al papel importado como al nacional, puesto que éste se elabora con celulosa de importación.
En cuanto a la maquinaria, relata que muchos editores se endeudaron en dólares para comprar máquinas de trabajo y ahora no saben cómo van a pagar.
Otra preocupación de los editores es lo referente a los derechos de autor: “Los nacionales seguirán cobrando en pesos, sobre el precio de la venta; pero en el caso de los autores extranjeros sus regalías son en dólares, lo que impactará fuertemente el costo de producción. Muchas editoriales que en 1994 contrataron autores o colecciones en las ferias internacionales han tenido que echarse para atrás”.
De esta forma, Sanz calcula que los libros, durante 1995, subirán entre un 25 y 30%, por lo menos: “Quien me diga que esto no es cierto, pues miente o pone en grave riesgo su empresa, ya que uno de los principios fundamentales de la administración establece que yo tengo que vender mi producto a los costos de reposición”.
Por eso, dice, la pretendida contención de precios durante 60 días “era otra falacia: porque yo tengo que vender mi producto al precio de reposición, si no es así, mejor no lo vendo y me espero a que otra cosa suceda. Esta actitud provoca la escasez de mercancías, que finalmente se traduce en una espiral inflacionaria”.
Para este año, dice, “no nos salvamos de una inflación menor al 25 por ciento, pero esto no es malo, al contrario, es tomar la realidad de frente. Lo que justamente pasó fue no haber sido conscientes de que se venía conteniendo la devaluación y la olla de presión explotó hasta ahora. Se nos mintió respecto de lo que estaba pasando en el sector financiero macroeconómico”.
–¿Es generalizado entre los editores este sentimiento de irritación?
–¡Hombre!, es una decepción total, una incertidumbre desquiciante: justo cuando ya estábamos creyendo, resulta que no es cierto. Desgraciadamente esto ha creado un descorazonamiento, una desilusión hacia todo. Una desorientación, especialmente en los micro y pequeños empresarios. A nivel internacional ha provocado burla; es vergonzoso tener que enfrentar a los acreedores y que no le crean a uno nada de lo que les dice. Yo les puedo presentar nuevos estados financieros, nuevos números, nuevos presupuestos, nuevos proyectos… no me creen nada. Es una crisis de credibilidad enorme que pensamos se había superado. No hay nadie que me pueda decir que no es cierto.
Entre las perspectivas a corto plazo para la industria editorial, Julio Sanz reconoce la posibilidad de exportar el libro mexicano, pero, previene, se trata de una situación coyuntural:
“Puedo sacar mis libros de la bodega y convertirlos en dólares, aunque sean pocos, pero esto sólo funcionará en los próximos 30 ó 45 días. Hasta que tenga que afrontar que mis insumos ya subieron y adecuar mis precios.”
La devaluación, explica, nunca ha sido una medida que permita a un país pasar de importador a exportador, nunca: “Se deja de importar porque al principio sale más caro, pero eso es momentáneo. En México, no había duda, salía más barato irse de vacaciones a Las Vegas o Miami que a Cancún. Ahí la gente ya se daba cuenta de que algo no estaba bien, pero como se nos decían otras cosas, muchos, incluido yo, no nos dimos cuenta, o mejor dicho, no quisimos darnos cuenta de que la economía no estaba como nos decían”.
Dice que también serán recortadas las importaciones, pero “los países extranjeros verán y encontrarán la manera de seguir vendiéndole a un mercado tan bueno como es el mexicano. Se van a caer las importaciones de España y se van a dejar de imprimir libros en Colombia o Asia, donde salía baratísimo. Hoy estamos buscando que se vengan a imprimir a México”.
El programa de emergencia económico presentado por el gobierno federal es, a juicio de Sanz, el inicio de una total y completa depresión económica: “Detiene, sí, la inflación, pero paraliza todo lo demás. No sé de dónde van a sacar los 800 mil empleos, porque esos se logran con inversión, y de dónde van a salir si nadie invierte, si nadie vende. Además, no se redujeron ni los impuestos ni los intereses bancarios. Si se esperaba que 1995 iba ser bueno, pues no, va a ser peor que el 94”.

EL ESTADO, COMPETENCIA DESLEAL

“La posible solución para que la industria editorial mexicana vuelva a renacer es que el Estado deje de competir con la iniciativa privada”, señala el presidente de la Caniem y detalla: “El Estado edita el 60 por ciento de las publicaciones totales del país. Produce, publica y genera el consumo en el mercado a precios bajos y subsidiados, provocando que su oferta supere en mucho a la realizada por la empresa privada. Además, a nosotros nos cobra impuestos. Eso es competencia desleal”.
Dice que entre las publicaciones gubernamentales se encuentran los libros de texto gratuitos, además de que los gobiernos de los estados también publican libros de texto y hasta los presidentes municipales publican sus memorias.
Menciona que dentro de este contexto se encuentra la Dirección General de Publicaciones del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, la cual, sostiene, está consciente de la situación crítica de la industria, pero sigue produciendo libros: “Que se dedique a otra cosa, a fomentar, a desarrollar, y si publica, que lo publique la iniciativa privada, porque se lo va a hacer más barato. Que elimine todo ese teatro que tiene organizado, todo ese engranaje de grandes estructuras de gente escribiendo, corrigiendo y produciendo. Ese es un gasto que podría eliminar y pasárselo a los editores privados”, asegura.
Respecto de su propuesta de que sean las editoriales privadas las que se hagan cargo de los libros de texto gratuitos, aclara que “no quiere decir que se deje de hacer o que deje de ser gratuito, en lo absoluto, eso sería un crimen de lesa humanidad”.
Sostiene que, en manos de la iniciativa privada, “lo haríamos llegar a todos los rincones de la República. La industria editorial está preparada para eso”. Dice que, además, se crea entre la gente la noción de las librerías, pues sería en estos lugares en los que se distribuirían los libros y el Estado pagaría solamente aquellos libros que sean entregados.
Asegura que todos los países que se han desarrollado editorialmente de una manera significativa, “son aquellos estados en los que el gobierno no interviene en la publicación de libros”.
–Pero uno de los argumentos gubernamentales es el de que si no lo imprime el Estado, ese libro jamás saldría al público porque no se vende…
–Esa es la excusa de ellos. Y es cierto. Hay muchas publicaciones que no las haría la empresa privada, pero no las publica porque no hay un mercado, pero si lo hubiera, la empresa privada destinaría inversiones a publicar libros que formen parte de un catálogo y que en un momento determinado se requieren. Ahora bien, si no los publica la empresa privada es porque no son rentables, es porque no se van a vender, entonces ¿para qué las publica el Estado?, ¿para guardarlas en un almacén? Pongamos el caso de las Obras Completas de Alfonso Reyes, ¿quién demonios las va a comprar? Ah, pero eso sí, hay que publicarlas. Mejor que las publique la empresa privada cuando lo considere conveniente, y lo publicará si le dejan publicar todo lo que se consume, si tiene la estructura. Porque entonces habría más librerías, más lectores, y llegaría el momento de hacer una edición de las Obras Completas de Alfonso Reyes.
Respecto del Fondo de Cultura Económica, dice que durante muchos años publicó libros “que nadie quiere. Están llenos sus almacenes”, sin embargo, considera, “ha cambiado mucho su política y está haciendo mejores libros, y está teniendo mejores rentabilidades, pero sigue sacando libros que no le toca publicar. Como es el caso de los libros para las escuelas secundarias, que le encargan en los estados. El Estado, repito, no debe de intervenir en las publicaciones”.
Pone como ejemplo que los editores mexicanos “dejaron de vender” un millón 300 mil libros en el Estado de México debido a que el gobernador Emilio Chuayffet ordenó la impresión de una cantidad igual de libros de texto para secundaria, “libros que el gobierno estatal vende y obliga a comprar. Eso también es competencia desleal”.
–¿Qué libros recomienda para afrontar la crisis? ¿Luis Pazos o la Biblia?
–En periodos de crisis, yo diría que la gente tiene que buscar la forma de conseguirse más entradas. Por eso debe recurrir a la capacitación. El libro de autoayuda para producir cosas es el libro que debe leer ahora el mexicano. Por ahí tendría que ser la tendencia, algo que yo pudiera vender para producir más.