El Ejercito Zapatista extiende la tregua, pero sus comandantes advierten: “las tropas federales lo que quieren es la guerra”

SAN CRISTOBAL DE LAS CASAS.- Después de una efímera tregua unilateral decretada por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional; de que el obispo Samuel Ruiz levantó su ayuno en favor de la paz, al considerar el alejamiento “de la dinámica de la guerra”; y de que el Ejército federal continúa penetrando en territorio rebelde, se vislumbra un largo proceso que posibilite y genere condiciones para reiniciar el diálogo.
Sin que haya desaparecido el riesgo de enfrentamientos armados, por la persistente cercanía de tropas de ambos ejércitos, quienes están involucrados en el propósito del restablecimiento del diálogo externan, sin embargo, su optimismo.
Por lo pronto, de nuevo unilateralmente, la tregua zapatista se amplió hasta el próximo 12 de enero, a unas horas de cumplirse el anterior plazo, que concluyó a las doce de la noche del viernes 6. Un comunicado del Comité Clandestino Revolucionario Indígena-Comandancia General del EZLN, fue emitido la tarde de ese día, firmado por el subcomandante Marcos.
En tanto, el gobernador Eduardo Robledo, que el domingo 8 cumpliría un mes de haber asumido sus funciones, resiente paulatinamente la pérdida del mando: Amado Avendaño, “gobernador de transición en rebeldía”, ha ampliado su influencia dando posesión a nuevas autoridades en varias alcaldías cuya población reconoce su autoridad, aunque ésta sea legítima, pero no legal, según ellos mismos.
El Consejo de Gobierno de Avendaño, además, dio a conocer la convocatoria para integrar un Congreso Constituyente que elabore, a partir del próximo 17 de marzo, una Constitución que satisfaga los requerimientos afines al “gobierno de transición en rebeldía”.
El jueves 5, el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas denunció el allanamiento del templo de San Lorenzo Mártir, el 28 de diciembre, en la cabecera municipal de Amatán, por fuerzas del Ejército federal.
El organismo, presidido por el obispo Samuel Ruiz, refirió también que el 4 de enero miembros del Ejército “regresaron a esa cabecera municipal e intimidaron a la población”, por lo que manifestaron su extrañamiento por “estos hechos que parecen contradecir las órdenes del Ejecutivo federal”.

LOS “TOURS” DEL EJERCITO

El día en que el obispo Samuel Ruiz levantó su ayuno de dos semanas, argumentando que la dinámica de la guerra se alejaba, el Ejército federal ingresó “hasta el corazón del territorio zapatista”, en el municipio de San Andrés Larrainzar, ubicado a unos 25 kilómetros de esta ciudad, lo que provocó un éxodo masivo de las bases de apoyo del EZLN, de las comunidades hacia la montaña.
Ese día, martes 3, los soldados incursionaron hasta Tibó y Tiamnal, a mil metros de Vayalemó, donde 24 horas antes las tropas rebeldes recibieron apoyo humanitario –alimentos y medicinas– enviado por la Convención Nacional Democrática (CND).
El ingreso del Ejército se hizo en compañía de una treintena de periodistas, que constataron que “todo está tranquilo” y que los soldados “realizan labor social en beneficio de las comunidades indígenas”.
Los tours militares se realizaron tres días consecutivos, en  helicópteros, camiones y tanquetas artilladas, a Simojovel, Las Margaritas, Tibó, San Andrés Larrainzar y Amparo Agua Tinta, en plena Selva Lacandona.
Para participar, los reporteros son invitados directamente o simplemente llaman por teléfono a la habitación número 319 del hotel D’Mónica, con el mayor José Martín Alvarez Lima, diplomado del Estado Mayor Presidencial, quien controla el registro y anuncia la hora de salida de los helicópteros Bell 212.
Todo parecía normal ante los ojos de los periodistas, ya que lo mismo pasó a principio del año pasado cuando los tours eran organizados por civiles “para conocer a los zapatistas”.
Pero en esta ocasión, a diferencia del año pasado, el viaje se hace acompañado de uno de los dos ejércitos –el federal– y bajo la vigilancia de otro –el zapatista– que se agazapa entre las montañas, dentro de su territorio.
Y ante la cercanía del Ejército, la población civil que simpatiza con el EZLN se ha visto obligada a abandonar sus comunidades, protegidos por el grupo rebelde. Mujeres y niños se esconden en las montañas, cargando en sus espaldas “todo lo que tenemos y podemos llevar” y sólo retornan cuando los mandos militares zapatistas avisan por radio que ya se retiró “el enemigo”.
El EZLN, aunque se repliega “para evitar el choque”, realmente permanece en el lugar. En Vayalemó, minutos después de la salida del Ejército, los comandantes Javier y David, miembros del Comité Clandestino Revolucionario Indígena (CCRI) dicen: “La guerra no es un juego. El Ejército federal quiere provocarnos adentrándose hasta el corazón de nuestro territorio. Los federales no están respetando la tregua temporal.
“Hoy llegaron hasta Tibó y a Tiamnal con el pretexto de llevar apoyo a las comunidades. Nosotros nos replegamos porque tenemos órdenes de no disparar, pero ellos están provocando el choque armado.”
Los reporteros de Proceso atestiguaron que la población civil que simpatiza con el EZLN tuvo que abandonar sus viviendas porque, según explicó el comandante Javier, “los federales dicen que las balas no distinguen si es zapatista o población civil a la que le dispararán”.
Vestido con pantalón negro, pistola al cinto, chamarra azul, pasamontañas negro y un paliacate rojo colgado al cuello, el comandante Javier acusó al gobierno federal de mentir “cuando habla de diálogo, porque con sus constantes ingresos a nuestros territorios demuestra que lo que quiere es la guerra, el derramamiento de más sangre y no la paz con justicia y dignidad”.
En tono sereno dice: “No crean que les tenemos miedo a los federales. Estamos esperando una respuesta del gobierno para nuestras demandas y si en ese tiempo ellos –el Ejército federal– chocan con nosotros, pues ni modo, habrá guerra”.
El comandante David, quien se distingue por usar siempre un pasamontañas color azul rey, añade: “No es por gusto que tenemos que matar y morir. Es el gobierno el que no quiere dejarnos otra alternativa. Somos un chingo de zapatistas, existimos desde hace más de diez años y vamos a avanzar a más municipios si no entiende el gobierno y si no quiere una salida pacífica”.
Remata: “Si el gobierno de verdad quiere la paz, que retire a su Ejército de nuestro territorio, porque la población civil, los niños, las mujeres, los ancianos y los hombres están sufriendo mucho con su presencia”.
Y momentos antes de que la población civil comenzara a retornar a sus localidades de origen –de donde salieron al filo del mediodía por el acercamiento militar–, el comandante David sentencia: “Que lo piensen bien porque la guerra no es cualquier cosa, no es un juego”. Y de manera simple concluye: “La guerra es la guerra”.
Cuando la bruma se hacía más densa y la noche se acercaba, pudo constatarse el retorno de decenas de mujeres y niños, que llegaban hasta sus viviendas cargando todo lo que tienen y que les cabe en una mochila o una bolsa de plástico.
En Amparo Agua Tinta, lo mismo. La diferencia es que el mayor José Martín Alvarez Lima viste de civil, al igual que otros militares y platica, colado entre los periodistas, con la población del lugar. Se entera de que los indígenas piden la salida del Ejército y de que se quejan por “los hostigamientos”.

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El vicario de la diócesis de San Cristóbal y secretario de la Comisión Nacional de Intermediación (Conai), Gonzalo Ituarte, reconoce que después de hechos como el reconocimiento gubernamental a este organismo como mediador con el EZLN, de la designación presidencial de la Secretaría de Gobernación como instancia de diálogo, y del repliegue supuestamente oficial de ambas tropas hacia sus respectivos cuarteles, “se detecta que las circunstancias apuntan a la reducción de situaciones de extremo peligro”.
En su oficina de la curia, donde dice que se trabaja “intensamente en favor de la paz”, Ituarte Verduzco comenta:
“No niega don Samuel que la situación sigue siendo muy grave, pero los signos indican que sí se orienta hacia la negociación…”
Sin embargo, dice en entrevista que aún no hay garantías para reiniciar el diálogo que gestionó el entonces comisionado Manuel Camacho Solís.
En su opinión, lo que sigue es alcanzar condiciones que hagan viable el establecimiento de una tregua estable y duradera, “que lleve a algo más consolidado y que encarrile la solución de los problemas”.
Reconoce también que, con la Comisión Nacional de Intermediación, “el EZLN y el gobierno de la República han tenido un espíritu abierto y de escuchar con atención las observaciones que ésta hace”.
Interpreta: “Son signos de consolidación de una línea más hacia la búsqueda del diálogo, aunque al mismo tiempo prevalece la interferencia entre las decisiones militares de ambas partes: la presencia zapatista en una zona mucho más amplia y donde el Ejército llega a patrullar”.
–¿Qué es lo que detiene ahora la posibilidad de que se reinicie el diálogo?
–Eso no se puede divulgar, pero evidentemente, la coyuntura muestra que todavía hay peligros muy altos, por lo que hay que seguir luchando para evitar los riesgos de una confrontación militar.
–¿Confían en la Secretaría de Gobernación?
–Es evidente que la Conai parte del supuesto de la buena voluntad de ambas partes. Cumple su papel como mediador buscando mantener su neutralidad, estando muy atenta a las posiciones y observaciones de cada una de las partes. Si la Conai tuviera otro tipo de perspectiva, pues no estaría actuando.
Así como confía en la buena voluntad de las partes, el vicario manifiesta que también espera la receptividad necesaria del Presidente de la República para que, cuando se reabra el diálogo, aborde la problemática nacional, como lo ha exigido el subcomandante Marcos.
Dice: “Yo insistiría en que Zedillo dejó abierta la agenda para discutir la problemática nacional. De hecho, su discurso del martes invita a todas las fuerzas políticas e inclusive `a los que se han inconformado’, a entrar a la discusión sobre la transición a la democracia.
“La disposición está mostrada; el camino no puede ser rápido. Obviamente que la crisis económica tendrá su interferencia en esta situación… pero para todos es claro que más importante que lo económico, aquí en Chiapas, es el problema político, el problema de la dignidad, del respeto y de la autonomía, peticiones que no cuestan dinero.”
La tarde del viernes 6, a unas horas de terminar la tregua unilateral decidida el 30 de diciembre por el alto mando zapatista, el subcomandante Marcos envió un nuevo comunicado con una ampliación del cese al fuego hasta el 12 de enero, debido a una petición –captada por “una trasmisión radial”– de Amado Avendaño y una exhortación de la Conai, pese a que “la fuerzas gubernamentales no han cumplido la orden de no realizar avances de sus posiciones. Siguen los vuelos rasantes e intimidatorios en Los Altos, Selva y Norte de Chiapas. Siguen las detenciones arbitrarias de civiles y continúan los patrullajes provocadores hacia las posiciones zapatistas”.
En el comunicado, el EZLN ratifica sus condiciones y disposición para una tregua estable que conduzca a un diálogo serio y abierto: solución satisfactoria para las partes involucradas en los conflictos poselectorales en Tabasco, Veracruz y Chiapas; reconocimiento del gobierno de transición a la democracia en Chiapas, y reconocimiento a la Comisión Nacional de Intermediación. De estas tres condiciones sólo la última ha sido cumplida por el gobierno federal.