Señor director:
Agradecería que incluyera en la sección “Palabra de lector” de Proceso la siguiente carta aclaratoria al desplegado de los liberales publicado el lunes 19 de diciembre de 1994.
A los (neo) liberales mexicanos, maestros masones:
Es urgente aclarar que no todos pensamos como ustedes, venerables maestros, como ya lo precisaron el señor Héctor Ortega y los masones que coinciden con nosotros.
Con profunda indignación, leímos el manifiesto “¡Ya Basta!”. Indignación y asombro, por la sarta de verdades a medias o mentiras enmascaradas que se atreven a decir sin el menor recato.
Ahora, si se manifiestan públicamente, ¿dónde estaban para condenar y rechazar la entrega de la soberanía de nuestro país que hizo el salinato a Estados Unidos? ¿Dónde, para no permitir la violación sistemática a nuestra Constitución Política por el actual hacedor de la política en México (Salinas de Gortari), deformando los artículos tercero, 27 y 130?
¡Qué bien que rechacen la violencia!, pero el rechazo es tardío.
Violencia sistemática ha habido en este país desde la noche de los tiempos. ¿Ya se olvidaron de las matanzas de Tlatelolco y del 10 de junio, de los opositores al régimen asesinados, de los periodistas masacrados por disentir, de la muerte del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo y de la explicación “nintendo” que el secretario de Gobernación hiciera para nuestro consumo, del candidato presidencial de su partido tan burdamente asesinado, o del dirigente del mismo que pagara con la vida su osadía de querer modificar las estructuras del poder?
Recuerden que, en su liturgia, debieron haber aprendido que se tiene que luchar contra los hipócritas y los fementidos, contra los fanáticos, contra los ambiciosos y contra los que especulan con la barbarie y el oscurantismo.
Desde luego que la guerra no es la solución de nuestros problemas. Sin embargo, no se olviden de las enseñanzas que recibieron en Logia cuando se os preguntó: “¿qué pensáis de la guerra?”, y cuya respuesta reza: “la guerra es lícita y aun necesaria cuando es el único medio de conseguir, defender o asegurar nuestros derechos”.
Si a esto se niegan, si a las razones que han expuesto los zapatistas, si a los hechos demostrados se cierran, ¡pobres de ustedes!
Eso es no tener conciencia y, por ende, no ser masón.
Qué soberbios y petulantes al descalificar al subcomandante Marcos (quien tiene el decoro de muchos hombres), o al referirse al obispo Samuel Ruiz García en forma tan despectiva (posee una biografía digna de un hombre), o tan altanera para con el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano (el Barón de la Democracia).
Maestros masones, ¡ya basta!
De tanta inmundicia, de tanto culto a la personalidad y servilismo abyecto hacia el presidente, de utilizar las logias como clubes políticos para ascender a puestos públicos, no tienen derecho a hablar así en nombre de todos los masones, pues muchos de nosotros fuimos iniciados para pulir la piedra bruta, para ser verdaderos hombres.
No deben afirmar cuestiones tan temerarias como que su candidato, el doctor Ernesto Zedillo Ponce de León, ganó en las elecciones del 21 de agosto sin mácula. No se olviden de que el candidato de su partido era otro (designado por el omnipotente) y que al asesinarlo, se dio un segundo dedazo.
Esto es, ni siquiera dentro de su partido político pueden decir que surgió sin mácula.
Finalmente, no he de defender a Marcos, no lo necesita. Pero qué insulso de vuestra parte pedirle que se presente ante el Congreso de la Unión a manifestarse. Recuerden a qué partido político pertenece el remedo de fracción parlamentaria que mayoritea en la toma de decisiones y cómo dirimen sus diferencias políticas o personales: precisamente infringiendo de manera impune la ley que ustedes tanto se esfuerzan en defender.
Sólo me resta pedirles que se manifiesten como individuos, no como asociación masónica, pues lo que están provocando es una gran confusión y que todos seamos catalogados como ustedes tan atinadamente se autonombran: liberales.
Atentamente
Past Master Rafael Olivera Avila.








