Licitaciones y cadenas televisivas

Desde 2007 se comenzó a hablar de una tercera cadena de televisión. En ese tiempo, el control de Canal 40 estaba en entredicho; Telemundo intentó ingresar al mercado mexicano por esa vía con la oposición decidida tanto de Televisa como de Azteca. Se discutía ya el apagón analógico debido al paso a la televisión digital terrestre. Hubo voces de la iniciativa privada que pugnaban por obtener esas señales y para ello decidieron utilizar interesadamente el argumento de la necesidad de romper el oligopolio existente.

Aisladamente se escucharon también los reclamos de un sector de la sociedad pugnando porque, si esa cadena se abría, fuese otorgada al sector público para orientar su uso a educar y a la cultura. El gobierno, en ese momento muy débil debido a las impugnadas elecciones de 2006, no mostró sus intenciones. Prefirió darle largas al tema y mantener las cosas como las había dejado Vicente Fox.

Hoy, en medio del encono entre las televisoras y Telmex, seis meses antes de las elecciones de 2012, la Suprema Corte avalando el adelanto del apagón analógico, la Cofetel discurre abrir una convocatoria para que la ciudadanía exprese su punto de vista en torno a una tercera y cuarta cadenas que serán licitadas antes de que termine el sexenio. Paralelamente se desata el lobby para que la tercera sea destinada a la cultura, es decir quede en manos del Estado, y por otro se limita a Telmex: prohibido presentarse a la licitación.

Mientras se lanzan los fuegos artificiales de otra cadena cultural, se oculta la situación real de las televisoras públicas. Al menos dos terceras partes de ellas carecen de presupuesto adecuado; no han sido dotadas de fondos para hacer la transición a lo digital, con lo cual pueden desaparecer del cuadrante, y quizá lo más importante: no existe una ley específica en la materia que ordene, dé apoyo jurídico y autonomía a la televisión del Estado.

Legítimamente los académicos del Politécnico que han estado luchando porque Canal Once vuelva a estar bajo la égida del instituto, maneje su presupuesto, se vincule con las tareas que le competen y elimine las series compradas al extranjero, los shows conducidos por presentadores ajenos al canal, la profusión de anuncios, se oponen al despojo de su señal. Tercera cadena cultural sí, pero no con Canal Once a la cabeza. Y no se trata de mezquindades, tienen la experiencia de las frecuencias supuestamente otorgadas al canal que ahora son manejadas por un organismo de la Secretaría de Gobernación. Desean recuperar un medio cuyo papel histórico ha estado vinculado con el IPN y sus tareas sustantivas: educar, investigar y divulgar la ciencia.

¿De qué se trata la consulta pública lanzada? De legitimar una decisión que ha sido tomada de manera antidemocrática por las altas esferas del poder político y económico. El tránsito a la TDT otorgará mayor mercado a la tecnología y los contenidos impulsados por los Estados Unidos y no mayor diversidad en la oferta.