Una de las características de las sociedades modernas es la creciente parcelación. El trajazo, el conocimiento, el espacio se dividen para mejor controlar a los sujetos. Con esta intención surgen cada vez más instituciones especializadas que norman y limitan nuevas y diversas actividades, además de expertos que dominan a los legos a través de lenguajes particulares.
El impacto sobre la cultura ha sido el surgimiento de una estética de la fragmentación, en donde la unidad y sentido lo da el espectador mediante su interpretación Gustavo Sainz ha sido uno de los escritores mexicanos que ha buscado mostrar esa realidad al experimentar diversas formas estilísticas. A troche y moche (Ed. Alfaguara; México, 2002. 194 pp.), su reciente novela, no es la excepción.
En esta obra el propio Sainz plantea el reto: “¿Por qué no intentar construir mundos narrativos tan complejos, tan contradictorios y provocadores como el mundo real? Y busca hacerlo influido por Cool Memories de Jean Baudrillard, en donde el autor realiza “una colección de fragmentos y aforismos espléndidos, humor aleatorio, elipsis, confesiones y nostalgias”, para lograr “una especie de autobiografía reflexiva, sin nombres de personas ni de lugares”.
De esta manera, un escritor cuenta la historia de su regreso a México para recibir un premio literario. El galardón se le entrega de manera subrepticia. El director de la editorial decide dárselo por su prestigio, sin mediar concurso alguno. El día de la entrega la empresa no cuenta con el dinero del lauro y, previo acuerdo, con el autor le entrega un sobre vacío. Después de la ceremonia, el personaje es secuestrado, trasladado a una casa y mantenido en condiciones de subsistencia. Ahí empieza a recordar fragmentos de su vida y a escuchar las múltiples voces que hablan en él para apaciguar la desesperación sufrida. Sin embargo, el encierro extrema la tensión y el autor lleva a una situación hipnótica, en donde capta múltiples ideas con las que confunde sus sentimientos.
A troche y moche es una novela en la que Sainz presenta la manera en que el secuestrado enfrenta la dura condición soportada. El hecho lo lleva a meditar, pero además a saber que, a pesar del dolor y el sinsentido de los sujetos, al comprenderlo, pueden disfrutar del amor, la pasión y el querer con mayor intensidad.
En A troche y moche Saiz logra con acierto integrar los acontecimientos con una narración fragmentaria y contradictoria. Muchas de las reflexiones y apuntes biográficos de escritores que incluye en sus remembranzas el escritor son estupendos. Sin embardo, queda al final de la lectura la sensación de que se está frente a una obra fina e inteligente pero fría.








