Los estudiantes de lógica aprenden en la preparatoria que la inconsistencia deriva en la calificación negativa de un discurso, porque contiene la conjunción de una proposición (p) y su negación (~p). Afirmar que, por ejemplo, en este momento no brilla el sol pero también que sí brilla es inconsistente. La sugerencia práctica de qué hacer con tales piezas donde está presente esta deficiencia lógica es la de tirarlos a la basura. Con sus aserciones se pueden inferir conclusiones absurdas y nunca se conseguirá validez lógica.
Se podrá decir que este vicio debe evitarse en trabajos de criterio científico, pero que no aplica al discurso literario, cuyos cánones son estéticos. Flaco favor brindan a la literatura quienes así argumentan. En vez de aceptar tal veleidad, hay que decir algo más. La consistencia o inconsistencia no sólo es resultado del análisis lógico de proposiciones, sino que ha de aplicarse también a los hechos de la vida, se codifiquen o no en proposiciones. Pues bien, una lectura hasta superficial del texto que pronunció el escritor colombiano Fernando Vallejo al recibir el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2011 arroja el dato de que su discurso adolece del vicio aquí señalado.
Van algunos ejemplos:
1.- De la metamorfosis sufrida por Vicente Fox siendo presidente, dijo que de gallo con botas se infló a pavorreal y de esto en burro, y “empezó a rebuznar, a rebuznar, a rebuznar, día y noche sin parar…”. La connotación de fondo de este juicio reside en cuestionar que un individuo vanidoso rebuzne. Como consigna práctica implícita se apuntará entonces “que no rebuzne”. Casi acaba de suscribir la consigna, cuando enmienda la plana y pontifica: “déjenlo que rebuzne”. Que rebuzne y que no rebuzne, pues. Inconsistencia.
2.- Narra luego que, a su llegada a nuestro país, se dirigió primero a Garibaldi y luego salió a caminar por la ciudad. Pero se encontró un país inescrutable, que jamás le contestó a sus preguntas. “Entonces aprendí a callar… Hoy me piden que hable, pero como México calla, yo tampoco pienso hablar”. Seguramente este discurso, que glosamos y que leyó ante un numeroso público, fue expuesto a señas. Quienes lo vieron y escucharon en vivo sufrieron hipnosis colectiva y fantasearon que salían vocablos sonoros de su boca. Vallejo habla y no habla. A su lado, México calla y no calla, pues para concluir dijo estar contento de haber regresado a Jalisco (que está en México), la tierra de Rulfo, donde los muertos hablan. México habla y no habla. Y no sólo sus seres vivos, sino hasta nuestros muertos: callan y no callan, hablan y no hablan. Estamos bien.
3.- Más crudo debe haberles resultado, a los católicos que le oyeron, haberle escuchado decir que Cristo no existió. Antes había aconsejado buscar en los evangelios palabras de este personaje en favor de los animales. ¿Cómo estará eso de que el profeta de Galilea habló, pero no existió? La experiencia nos enseña que sólo hablan los que existen. Para poder hablar debió haber existido. Cristo, pues, en su discurso, existió y no existió.
4.- Podrían entresacarse más ejemplos de dicho discurso, pero baste con los mencionados. Otra inconsistencia suya, ésta no más discursiva sino fáctica, tiene que ver no sólo con su presencia en esta feria, sino que se transfiere hasta el hecho de haber aceptado recibir el máximo galardón que otorga la FIL cada año. En 2007 el país invitado fue Colombia. En el diario español El País, Juan Cruz le entrevistó para hablar sobre su libro La puta de Babilonia. Al final de la sesión le hizo la obligada pregunta por su ausencia:
–Colombia es el país invitado a la FIL. Usted no está, ¿por qué?
–Que la ministra de Cultura de Colombia y Padilla se metan su feria por el culo, que yo me meto cosas más interesantes (El País, 24 de noviembre de 2007).
Huelgan el análisis de su inconsistencia y los comentarios.








