Xavier Guzmán Urbiola
En este artículo, el historiador y crítico de la arquitectura Xavier Guzmán Urbiola pone en el tapete de la discusión el rumbo del quehacer arquitectónico para una ciudad como la de México, urgida de proyectos sociales. La Torre Mayor que se levanta en Roforma 505 podrá significar una aventura notable del urbanismo, pero también el origen de conflictos que no deben desestimarse.
Hace cosa de 10 años que Samuel Huntington en su ya clásico artículo The clash of civilizations explicó que “en el futuro, a medida que los pueblos se diferencien por su civilización, los países que tengan gran número de habitantes de distintas civilizaciones, son candidatos al desmembramiento”.
Sus ejemplos nos siguen estremeciendo hoy: La Unión Soviética y Yugoslavia.
Continuaba Huntington:
“Otros países tienen un grado razonable de homogeneidad cultural, pero se hayan divididos por la cuestión de si su sociedad pertenece a una civilización o a otra.”
Y como prototipos de este segundo grupo, ejemplificó con los casos de Turquía, México y Rusia…
Sus dirigentes desean “subirse al carro” y hacer que sus países sean miembros plenos de Occidente, pero su historia, cultura y tradiciones no lo son, o en todo caso, en su interior conviven diferentes ópticas en relación a ello, una capa acomodada aspira y está convencida de ser occidental y proestadunidense; pero frente a ésta, hay capas numerosas que se resisten en distintos grados a sumarse sin más a un proyecto ininteligible para ellos o que no les gusta. Huntington llama a estos países “desgarrados”, pues vaticinó: “Antes de formar bloques comerciales deberán redefinir su identidad y homgeneizarse en relación a su modelo”.
Del conflicto de intereses se deriva su crisis, lo cual en el caso de México es particularmente sensible, ya que por años hicimos exactamente lo contrario (y fue algo demasiado simplista), nos definimos en oposición a los Estados Unidos.
Los proceso de homogeneización cruzan muchos espacios físicos y mentales y son más o menos conscientes: la forma de vestirse, el lugar y la manera que elegimos para vivir, las aspiraciones que revelan lo anterior y, por supuesto, parte fundamental, lo denotan las maneras y lugares de nuestros ámbitos laborales y, con todo lo anterior, la construcción de nuestras ciudades. Hablaremos en seguida sólo de los espacios para el trabajo, lejos ya de los que vivieron nuestros abuelos. El mío, por ejemplo, tuvo durante más de 60 años su despacho de abogado en un modesto edificio de cinco pisos en avenada Madero 69-214; la oficina de la Pauley Panemerican Petroleum Co., donde despachaba como geólogo mi padre, se encontraba en la calle de Viena, en otro edificio de escasos cuatro niveles, y en el corredor, al lado de su puerta, podía verse una estrella de camerino sobre el lacónico “Hermanas Águila”.
…Pero eso ya pasó. Hay procesos que nos urge corregir: la ciudad debe crecer para arriba, pues durante años las altas densidades de ocupación combinadas con las bajas alturas produjeron una megalópolis extensísima. Como sea hay algunos que apartir de lo anterior festinan que hoy a vida es distinta, no hay vuelta atrás. Coincido sólo en parte. ¿Cómo podemos conciliarlo?
La construcción de la llamada Torre Mayor en el Paseo de la Reforma debe enmarcarse dentro del gran impulso inmobiliario que se vive desde finales de los años noventa (aunque es un proceso que arranca por lo menos desde mediados de los años ochenta con Miguel de la Madrid) a contrapelo incuso de la devaluación de 1994 y la flotación del dólar. El arquitecto Francisco Ruiz, director genera de Proyectos Especiales de Sectur, ha asegurado en diversos medios que es uno de los seis “macro-proyectos” con destinos mixtos para el “corredor Reforma Insurgentes”; que la torre está inscrita dentro de una “recomendaciones” que se dicen fueron realizadas por la Facultad de Arquitectura de la UNAM, y que con este tipo de “proyectos ancla” se intenta revitalizar y repoblar la zona de dicho corredor, pues se calcula que durante los últimos 20 años ha perdido un millón y medio de habitantes-usuarios.
La pregunta obvia es: ¿Por qué dicho funcionario desde Sectur declara y asume responsabilidades como los ajustes al uso del suelo? ¿No le corresponde a la Secretaría de Desarrollo Urbano del Gobierno de la Ciudad de México?
Pero por otro lado, también la construcción de la Torre Mayor debe encargarse dentro de una tendencia paradójica en que un gobierno emanad de la izquierda, y hoy simplemente autoasumido como demócrata, privilegia las inversiones destinadas a sectores acomodados: si de dinero público se habla, la necesidad de los segundos pisos del periférico y el no tocar a las mafias de peseros en lugar del transporte público eficiente; pero también si de inversión privada se trata: una torre de oficinas para trasnacionales en lugar de fomentar más la inversión privada en vivienda popular y media.
Por supuesto que una ciudad puede vivir sin que el capital privado se ubique donde quiera (donde la rentabilidad sea más alta): nuestra capacidad para captar inversión extranjera, se ha anunciado, cayó del quinto al noveno puesto mundial; pero es paradójico, repito, que a los sectores desprotegidos de la ciudad sólo se les atienda hoy por medio de preparatorias, si son jóvenes o con pequeños apoyos económicos, si son pensionados y tienen algún tipo de enfermedad crónica.
Reichman International no es sólo el promotor inmobiliario de la inversión para construir la Torre Mayor, para oficinas de “clase mundial”; es, y así se anuncia, el líder mundial en desarrollos de proyectos de su tipo. Baste recordar que hizo el proyecto y construyó el célebre World Financial Center en Nueva York, el First Canadian Place en Toronto, la Canary Wharf, con la cual se revitalizó la deprimida zona de los viejos muelles del East London, y ahora, para no ser menos, la Torre Mayor de Ciudad de México.
Reichmann siempre busca mezclar inteligentemente equipos internacionales y locales en los lugares donde actúa. Esta vez el diseño arquitectónico es de la firma Zeidler Roberts Partnesship de Toronto; los arquitectos ejecutivos son Idea Asoiados de México S.A. y Adamson Associates Architects de Toronto; la ingeniería estructural de Enrique Martínez Romero de México y The Cantor Sinuk Group de Nueva York; la geotecnia de TGC de México y Mueser Rutledge Consulting Engineers de Nueva York y, por último, la cimentación de la empresa mexicana ICA.
La Torre Mayor se designó tautológicamente así, pues es ya el edificio más alto de la Ciudad de México y, se anuncia en su publicidad, de Latinoamérica, aunque hay que decir que estas dimensiones tan descomunales en nuestro contexto no lo son tanto para una compañía que opera en el primer mundo. Se encuentra ocupando casi la totalidad de la manzana delimitada por Reforma (su número es 505), Ródano, Atoyac y Elba, al extremo poniente de la colonia Cuauhtémoc. Su ubicación es óptima; entre Polanco, el Centro Histórico y la Condesa. Los trabajos en el terreno se iniciaron a principios de 1999, la excavación a mediados del mismo año, y la erección de las columnas de acero principió también a finales de 1999.
Enamorada de los récords, la cultura texana (¿y canadiense?) prevalece en todo lo relacionado con la torre. Se trata de un edificio término de moda, “inteligente”. Tendrá 55 pisos sobre la superficie, lo que implica que mide 225 metros de alto, se distingue desde Indios Verdes hasta Xochimilco, desde Cuajimalpa hasta el Peñón; contará con cuatro pisos de subexcavación y cimentación (lo cual a su vez indica que no fue complicada y, a juzgar por los implicados en ella, debe de estar muy bien pensada y realizada); tendrá 13 pisos para estacionamiento, 2 mil cajones para autos, cuatro elevadores sólo para darle servicio a ésta área, y zonas para chóferes, descenso y ascenso de ejecutivos de alto rango con acceso directo a los elevadores; 43 pisos libres (sin columnas destinados a oficinas en renta; entre 1,700 y 1,840 metros cuadrados libres en cada planta, lo cual suma una superficie aproximada de 77 mil y 84, 135 metros cuadrados totales (la información disponible tiene variaciones); 3,300 metros cuadrados de área comercial en una plaza de dos plantas (P.B. y primer nivel) con palmeras, jardines interiores y terminados de mármol que será destinada a bancos, restaurantes, mensajerías, comercios y papelerías (sic), pues “se busca crear dentro de la torre un ambiente corporativo autosuficiente” (sic).
Una suerte pues, de hacienda autárquica del siglo XXI para oficinistas; más de 20 (la información también es imprecisa) elevadores de alta velocidad; 7,500 líneas de teléfonos son sistemas de fibra óptica y de cobre; un sistema computarizado de administración vigilará y controlará el aire acondicionado, la ventilación, las instalaciones de seguridad, protección contra incendios, y un sistema de rociadores que cubrirá toda la estructura; recibirá electricidad desde dos subestaciones independientes y tendrá un sistema de cableado vertical; por último, contará con un triple filtro para las tomas de aire exterior y un sistema de enfriamiento libre, pues recuérdese que es un conjunto corporativo de oficinas internacionales de “clase mundial” y sus inquilinos son gente fina que no están acostumbrados a nuestro aire contaminado.
En relación a la solución arquitectónica propiamente, hay que decir que se trata de una simple yuxtaposición de dos volúmenes desarrollados verticalmente; un enorme prisma sólido de concreto color rosa-durazno que define la fachada sur, y una gran curva de cristal verde en la fachada norte. Al centro se encuentre el núcleo de los elevadores. Un enorme arco de 10 pisos enmarca el acceso y deja a la vista la estructura que se recubre y se presume sugiriendo solidez. El vestíbulo pretende ser “invitador e impresionante”, así será, a juzgar por los dibujos. Su contraparte es el remate superior que oculta el helipuerto y lo define otra gran curva invertida pero en este caso sólo de los cuatro últimos niveles. Dentro no hay nada más; el programa del edificio de oficinas así lo pide: la mayor cantidad de espacio libre susceptible de subdividirse al gusto del cliente.
La publicidad de la Torre Mayor reza: “se busca en cada detalle aumentar la productividad de las empresas, el bienestar de los empleados y la proyección de una imagen de excelencia”.
Respecto a la productividad y a la imagen, ni duda cabe, pero en relación al bienestar de los empleados, ya veremos si con aire acondicionado de una caja de cristal hermética ubicada en el Valle de México durante la primavera los empleados del norte no deberán acudir a trabajar con abrigo. La estructura está contraventeada y solucionada con marcos rígidos de acero, vigas largas para dejar espacios libres, granito y concreto premezclado. No hay en la información disponible plantas arquitectónicas ni planos estructurales.
Sin embargo, hay otras cuestiones que nos inquietan: se repite en la información disponible que sólo contará con dos entradas y salidas independientes para autos. ¿Eso es suficiente? Y una vez que salgan o antes de que entren, ¿Qué pasa? ¿Existe un proyecto de vialidad? ¿Se estudiaron los aforos de autos a las horas pico de entrada y salida de los empleados? Se me puede responder que sí y lo creeré, pero el sentido común, al recorrer las calles aledañas, gestionadas, pues se trata de vialidades de no más de 20 metros de ancho y que por lo menos dos de ellas son subsidiarias: la lateral de Reforma (que además ahí da vuelta) y la de Circuito Interior; Atoyac es casi un callejón.
Por otro lado, me gustaría saber la cantidad de agua y luz que consumirá este edificio para comprarlas con los consumos de la colonia donde se ubica. Soy otro más, lo repito, de los vencidos de que la ciudad debe crecer para arriba, pero ¿dónde y cómo? ¿No hay un crecimiento deforme de la ciudad? ¿Los barrios de la ciudad se encuentran preparados para ello? ¿La infraestructura de la zona soportará las cargas y descargas de ésas cantidades de flujos, entiéndase, agua y electricidad?
Y ello para no hablar y a de los problemas sociales: ¿todos los empleados comerán en los restaurantes franceses de lugar? Parece increíble que las experiencias previas no ayuden. Vaticino lo obvio: los changarros de metro Chapultepec se extenderán hasta el elegante e “invitador” acceso de la Torre Mayor, así como las calles traseras serán el reino de comida corrida, es más ya lo son, igual que en Santa Fe, al lado de los corporativos.
Ahora bien, hay otros récords de distinto tipo de francamente excitan e impactan: se calcula que la inversión ha sido de 250 millones de dólares, por lo que, por hoy, es el edificio más caro del país. ¿Cuánto cuesta rentar una oficina ahí? Existe información de dos clientes confirmados y festinados que sirven de imán: Marsh/Brockmann & Schuh, empresa líder en México en la consultoría de seguiros, finanzas y administración de riesgos, anunció el 3 de mayo del presente año que se mudará ahí. Agregó que firmó “un contrato a largo plazo por 8,500 metros cuadrados” e inició la adecuación de sus interiores al 30 de junio pasado, pues ocupará sus flamantes instalaciones el 15 de enero de 2003. Pero el segundo es más sorprendente. AAA. Atención Secuestradores: Deloitte & Touche rentará por 10 años, lo que implica que es el contratado de arrendamiento más importante que jamás se haya firmado en la historia de México… Dicha compañía ocupará los pisos 19 al 30.
El mismo Samuel Huntington contó la siguiente anécdota en su ya mencionado artículo:
“En 1991 un alto consejero del presidente Carlos Salinas de Gorari, me describió detalladamente todos los cambios que estaba haciendo el gobierno. Cuando terminó, dije yo: ‘Es impresionante. En esencia me parece que ustedes quieren cambiar a México, de país hispanoamericano, en norteamericano’. Me miró con sorpresa y exclamó: ‘¡Exactamente! Eso es precisamente lo que estamos intentando hacer, pero, por supuesto, no podemos decirlo nunca públicamente.”
Nuestra ciudad se debe transformar; ése es un proceso que no podemos detener. Ella es nuestra manufactura más querida y más claramente evidenciadota de lo que somos y a lo que aspiramos. Las preguntas son: ¿Cómo la transformaremos? ¿Con base en qué? ¿Por qué? ¿Cuándo? Hoy están en marcha algunos proyectos para hacerlo. Decíamos al principio que la Torre Mayor es sólo uno de los seis “mega proyectos” que se promueven desde hace por lo menos siete años. Sigue el predio de Tíber y Reforma, después Mississipi y Reforma, ¿mas tarde…? ¿No es posible combinar un racional crecimiento en altura con unos patrones de vida más propios?
Pues aún habemos quienes no queremos ver a nuestro país “desmembrado” ni “desgarrado”.








