Partidero

A Víctor Wario Romo (1958-2011), in memoriam

A penas empezaba la década de los ochenta cuando, por presiones externas, razones ideológicas y concepciones periodísticas discordantes, uno a uno editores y reporteros fuimos expulsados de Notisistema. Los primeros en salir fueron Guadalupe Sánchez, Héctor Huerta, Luis Ignacio Villagarcía, Cuauhtémoc Cisneros y Francisco Cuevas. Cuando llegó el turno al que esto escribe, por solidaridad renunciaron al unísono: Adriana de la Mora, Fela Regalado, Rosa García Durán y Víctor Eugenio Wario Romo. Fuimos 10 los despedidos. Por aquellas fechas este último, un joven apasionado del estudio de los medios de comunicación que firmaba sus artículos como Eugenio Romo también renunció, no obstante que estaba recién casado y con una hija en puerta. Con muy escasos recursos económicos, decidimos fundar el Semanario Diez, que circuló durante algo más de dos años (1981-1983) pese al apoyo de otros tantos voluntarios colaboradores que apenas incursionaban en el oficio, entre ellos el propio Víctor. 

Al paso del tiempo, Víctor se convirtió en catedrático del ITESO, de donde había egresado. Fue fundador de publicaciones como Paréntesis y Reflejos, y más adelante trabajó en medios electrónicos como Radio UdeG, Sistema Jalisciense de Radio y Televisión, del que fue efímero director y al que trató de dar un giro para transformarlo en un medio de Estado y no de gobierno. De manera ocasional colaboró en Proceso Jalisco, sobre todo al principio; nunca quiso cobrar por sus artículos, que versaban sobre medios de comunicación. Su principal base de trabajo era El Informador, donde fue editor e implementó cambios sustantivos. Fue hace 15 meses cundo sufrió una crisis severa de salud, al detectársele una cirrosis terminal provocada por una hepatitis, lo que lo dejó sin hígado. Y aun cuando se recuperó y volvió a su quehacer profesional, desde entonces fue candidato al trasplante. Nunca perdió su serenidad. Estaba consciente de los riesgos que implicaba la operación y así lo plasmó en repetidas ocasiones en Mi blog amarillo, que firmaba como E. Romo en la página electrónica de El Informador. La madrugada del viernes 18 escribió en su cuenta de Twitter a punto de ingresar al quirófano: “¡Llegó el hígado!”. Ya en el quirófano, le vino un infarto múltiple.

Al borde del precipicio escribió:

Morir esperando.

… El jueves 17, poco después de las 18:00 horas recibí la llamada de mi doctor para avisarme que probablemente habría un hígado para trasplantármelo; me pidió alistarme y tener cautela. Poco después hubo una nueva llamada y a las 21:30, como en las funciones de teatro o los conciertos, llegó la “Tercera llamada”. La cita es a las 4 a.m. de este viernes en el San Javier, en lo que presagia ser una madrugada muy fría, aunque voy bien cobijado por mi familia. Mis reflexiones ahí quedan y te las comparto. Entre la grisura otoñal y los aires helados se abre otra vez un horizonte que promete ser luminoso. Ojalá, si Dios quiere y me ayudas con tus oraciones, así sea. Más aún, te propongo que nos unamos pidiendo por todos aquellos que esperan un órgano para seguir adelante, ¿qué te parece? Por aquí nos encontraremos más adelante. ¡Cuídate! E.R.

Semanas atrás había ingresado al mismo nosocomio para la misma intervención quirúrgica, pero cuando ya estaba en la plancha resultó que el órgano estaba enfermo. Triste, tuvo que regresar a casa. Rosa, su viuda, relata: “Nunca lo vi yo más contento que cuando ingresó al quirófano esta última vez. Dos eran sus motivos principales: que había llegado el hígado para él y que había ganado el Premio Jalisco al mérito periodístico”. En paz esté el periodista íntegro, solidario y amigo.

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