Godoy Pelayo en la picota

El podio de clausura de la justa deportiva recién concluida fue aprovechado por Felipe Calderón para inducir una imagen de un México tranquilo, pleno de trabajo y ornado de justicia social, bullente y humanista. Fue mensaje enjundioso, en el que puso como testigos a quienes contemplaron el cierre del torneo. Pero, a decir verdad, los receptores del fervorín estaban demasiado ocupados en sus recuerdos de goles, canastas o llegadas veloces a la meta, como para atender a las minucias políticas de la entidad anfitriona. Han de haber tomado como cierto el retrato pintado. El presidente no tenía por qué mentirles. Los atletas ya se fueron, pero la agitación local sigue su curso.

A más de algún sufrido atleta se le ha de haber indigestado imagen tan idílica, sobre todo si reparó, a pesar de haber andado concentrado en lo suyo, en el cierre de puertas de la casona del Poder Legislativo por paro de labores, en razón de no recibir los trabajadores su paga de la primera quincena de noviembre. El centro de la ciudad sufrió embotellamientos por esos días y los periódicos recalcaron la nota del paro, al lado de los avatares deportivos que reseñaban el certamen. Es probable más bien que no nos hayan captado tan en paz ni tan equitativos, sino broncudos más bien y con hondas desigualdades.

Si compilaron diarios o sintonizaron los medios para revivir las escenas de su despedida, por fuerza tuvieron que encontrar ante su vista la enorme rata peluda levantada el domingo en la Rotonda de los hombres ilustres de Jalisco. Ésta queda en el mero corazón de Guadalajara. Todos los visitantes dieron la vueltecita obligada al centro para latir con el corazón de la ciudad anfitriona y llevarse algún recuerdo de su estancia. La Rotonda les quedó siempre al paso, como punto de referencia, al costado de la catedral. ¿Cómo explicarse que llegara ahí de inquilino un símbolo universal de la inmundicia?

Si los ajenos se dan cuenta o no de nuestras lacras, es asunto periférico. El hecho trágico es que la ciudadanía jalisciense ya se hartó de los escándalos de corrupción que priman en la casona del Poder Legislativo. Por eso llevó a entronizar al auditor Alonso Godoy Pelayo, en figura de voraz roedor, al altar de la honra cívica. No faltarán voces que califiquen la osadía como sacrilegio. Pero habrá que moderarlas, porque la parada fue ingeniosa y llamativa, como deben ser los eventos políticos, para que capturen la atención ciudadana. Por denominar como entuerto la intrusión de este personaje a tan elevado recinto, deberá revisarse entonces la inclusión de los que han instalado en los últimos lustros, traídos casi todos de las greñas por los gobiernos panistas. Pero es cuento sabido. Vengamos al de hoy.

El auditor del estado es rata con tres colas. Una, la más escandalosa, tiene que ver con la abundancia de recursos que ha recibido del Congreso, cuyos montos son del dominio público, para ahorrarnos su repetición. Trascendió que obtuvo mucho dinero del erario. Hubiera sido sensato de su parte haber retornado los excedentes y, en caso de sospecharse responsabilidad propia en dicho cobro, haber interpuesto su renuncia. Pero no actuó así. Se aferró a que se embolsó dinero legal y de esa postura no lo movió nada ni nadie. Sus cuatachones, los diputados, secundaron su dicho, cerraron filas y lo arroparon con la misma cobija. De por sí nadie da un muégano por la honestidad de los diputados, pero con esta chicana exhibieron el cobre hasta encandilar a todo el mundo.

Otra cola, aparte de la de rascar demasiada marmaja, tiene que ver con la complicidad y las corruptelas junto a otros funcionarios. A su oficina llega toda la información pecuniaria. Es él quien mejor se entera del manejo del dinero de las arcas públicas. Tanto el Poder Ejecutivo y el Legislativo como las cuentas públicas de los ayuntamientos y, en general todas las instancias en donde suenan los cascabeles del numerario, tienen que pasar por sus ventanillas y su lupa. La voz pública ha hecho suya la acusación de los malos manejos, el estigma de la corrupción; exigió a lo largo de todo el año presente su destitución y, si no era mucho pedir, también el castigo. Para penalizar la conducta de Godoy habrá que sentarlo en barandilla y demostrar su culpabilidad. Así lo norman nuestras leyes y hay que atenerse a dicho proceso, pero la solicitud ciudadana elevada a los diputados para proceder por tal vía ha encontrado hasta ahora oídos sordos, para decirlo de manera eufemística. Turnaron su caso a la PGJ, aunque la jugada pinta a ser sólo un sainete distractor.

Parece ser, en cambio, que su tercera cola sí lo separará de las oficinas de la auditoría. Su presunta corruptela podrá por fin ser analizada y sometida a juicio, si se impone la voluntad política para hacerlo. Esta cola se trabó en el desaseo de la forma administrativa de sus nombramientos. El Congreso del estado de Jalisco lo nombró auditor superior del estado del 1 de agosto de 2004 al 31 de julio de 2008, mediante el acuerdo legislativo 333/04. El decreto 22222, en su quinto transitorio, establece: “En caso de no haber designación de auditor superior del estado al día 1º de agosto del 2008, el actual titular continuará en el cargo en tanto no sea electo uno nuevo o no sea aprobado el actual conforme a los procedimientos establecidos en la ley.”

Como fue su caso, se siguió de frente en un nuevo periodo, que se extendió hasta el 31 de diciembre de 2009. Actualmente ostenta tal responsabilidad en virtud a un segundo nombramiento vigente a partir del 1 de enero de 2010, por siete años y con derecho a ser ratificado por siete más. Pero la convocatoria establecía que los aspirantes debían ser sometidos a examen y a evaluación por una comisión especial. No lo hicieron así. El corredor público Héctor Romero Fierro, uno de los 12 contendientes, presentó demanda de amparo y la ganó (amparo 764/2011 del Cuarto Tribunal Colegiado Auxiliar de Distrito en materia Administrativa).

La comisión que eligió al auditor hizo el trabajo de manera incorrecta. La información que presentó al pleno no era veraz. Con base en tal anomalía, el acto soberano de la asamblea es deficiente y tiene que reponerse el procedimiento. ¿Estarán contados los días de impunidad del señor Godoy Pelayo? Con tantas triquiñuelas previas, ahora veremos de qué cáñamo está hecha la justicia mexicana, propalada a los cuatro vientos por Felipe Calderón como idónea, atingente, expedita y, de pasada, humanística. ¿Lo destituirán los diputados o se pasarán el mandato una vez más por su florido arco de triunfo?.