El bien organizado comando que aligera los vagones de los trenes que se aventuran en el tramo de El Salto a Ixtlahuacán actúa de noche, no porque sea peligroso hacerlo de día, sino porque es más cómodo y refuerza su impunidad. No les importa que la gente de la zona se dé cuenta de sus operaciones, porque la tienen amenazada y –según los pocos testigos que se atreven a hablar– cuentan con la complicidad de policías y empleados de Ferromex.
Cuando un tren recorre la ruta Guadalajara-México de Ferrocarriles Mexicanos (Ferromex), bastan tres silbatazos para que aparezcan los alijadores de lo ajeno y en cuestión de minutos bajen cuanta carga puedan. Habitantes de la zona y campesinos señalan que ese tipo de robo cuenta con la complicidad de empleados y maquinistas de Ferromex, así como de policías.
Especialmente el tramo de 20 kilómetros entre los municipios de El Salto y Ix-tlahuacán de los Membrillos, no lejos del poblado de Atequiza, se ha convertido en un verdadero punto de emboscada. Ahí los delincuentes abordan los carros y en minutos extraen costales de azúcar, refrigeradores o lo que contengan los vagones. Por lo común atacan de noche o de madrugada, con lo que refuerzan su impunidad.
Un lugareño que pide no publicar su nombre los describe: “Los asaltantes tienen a su disposición varias camionetas blancas para subir la mercancía en cuanto es bajada del tren. Usted no se podría imaginar todo lo que se llevan. Llegan al extremo de robar ropa íntima de mujer, cobertores, patines, juguetes, chamarras, cemento para construcción Apasco, jugos Jumex, así como llantas de automóvil, varillas de construcción y mangueras neumáticas”.
En esa ruta se reportan cada mes pérdidas millonarias. Los testimonios ofrecen indicios de que tras ese saqueo organizado están funcionarios de primer nivel del municipio de Ixtlahuacán ligados al área de Obras Públicas, lo mismo que un sujeto identificado como agente federal que incluso llega a la región en helicóptero oficial.
Los escasos testigos que acceden a hablar con Proceso Jalisco exigen reservar su identidad, e indican que el grupo está integrado por 20 o 30 salteadores, quienes se llevan la mercancía en las pick up por el centro del poblado La Capilla, de Ixtlahuacán, o por caminos de terracería. Los sujetos, añaden, aparentan entre 18 y 35 años y son reclutados en comunidades lejanas. En Ixtlahuacán fingen trabajar como vigilantes privados del ferrocarril y visten de negro.
Una mujer asegura que los ladrones se trepan a los vagones tan hábilmente como si fueran “trampas” (migrantes ilegales) centroamericanos, pero en vez de ocultarse en el ferrocarril para llegar a la frontera con Estados Unidos se quedan a robar: “Violan los sellos de seguridad de los carros de ferrocarril para extraer las mercancías y arrojarlas en ambos lados de la vía, mientras sus compañeros recogen los artículos de las parcelas que cruza la vía”.
Explica que si no pueden llevarse de inmediato la mercancía robada, la ocultan en los sembradíos, en bodegas o en casas abandonadas de la zona. Incluso utilizan viviendas en pleno centro de La Capilla.
La gente de por aquí sabe que el pago por cada atraco puede llegar a 3 mil pesos por noche. Se entiende que quien participa conoce los riesgos. “Un chamaco se metió a ese jale, pero se salió al día siguiente en cuanto se dio cuenta de qué se trataba. Al tercer día llegaron a su casa y le dijeron que ya no se podía salir. Mejor se escapó de la zona”, relata otro vecino.
Y añade más artículos a la lista de lo robado: cargas de maíz, sorgo, soya y azúcar; pantallas de plasma, tenis, muñecas, chatarra, vasos y platos desechables, café soluble, chasís de autos Toyota y hasta diesel de la locomotora, que se le ordeña precisamente en Ixtlahuacán.
Un ama de casa cuenta que hace cerca de un mes se supo de un hecho curioso: un hombre “perdió el equilibrio y falleció aplastado por el refrigerador que estaba bajando de uno de los carros del ferrocarril. Las autoridades del municipio guardaron silencio”.
También participan en este delito salteadores independientes, que “llegan con sus familias para llevarse lo que pueden en sus camionetitas. Hace unas semanas bajaron arbolitos artificiales de Navidad, de los que ya traen la luz integrada”, agrega la señora.
A su vez, un hombre comenta que hace menos de un mes un campesino encontró varias pacas de chatarra prensada de aproximadamente 300 kilos y hasta un motor Ford 302 con su turbina. Dice que él se acercó, cuando llegaron cinco sujetos en una camioneta y le dijeron que ese material era de ellos.
Ejidatarios denuncian que semanas atrás tuvieron problemas para meter la trilladora a un sembradío de maíz: “La máquina se atoró en varios sacos de azúcar que (los rateros) dejaron abandonados y escondidos entre las milpas y los surcos”, dice uno del grupo. Precisa que “desde hace años, en esta zona se vende maíz a la mitad de su costo en bodega. Cuando vas a las bodegas, el kilo del grano te cuesta cinco pesos, pero aquí hay quienes lo venden en 2.50 o tres pesos, y de inmediato te das cuenta que no es adquirido en forma lícita”.
De plano aseguran que este “negocio” lo encabezan familias plenamente reconocidas en la región y que mantienen amenazada a la comunidad: “A un ejidatario de La Capilla le dijeron que ni siquiera se le ocurra ir por su parcela, que por su propia seguridad mejor se espere hasta que ya vaya a levantar la cosecha”.
La contraseña
Hace dos semanas, policías de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) del estado realizaron un operativo con más de nueve patrullas, pero no encontraron nada porque los policías municipales dieron aviso a los delincuentes:
“Una de las patrullas negras (de la SSP) entró a realizar una revisión a una de las bodegas que se ubican en la ranchería (La Capilla). Los gendarmes llegaron a un lugar equivocado y aun así descubrieron, cuando ya se iban, que les habían navajeado las llantas de la unidad”, dice un testigo. Asegura que esto ocurrió el viernes 18, a las 11 de la mañana, en la entrada principal del poblado, sobre la calle de Hidalgo. “Los estatales tuvieron que dejar la patrulla ahí por varias horas, pero todo mundo se dio cuenta de lo que estaba pasando”.
En riesgo permanente por el auge de estas actividades delictivas, los lugareños señalan que los maquinistas y los hombres de negro están coludidos: “Usted escucha perfectamente que cuando van a realizar el atraco el maquinista lanza tres pitidos, uno largo y dos cortos, para avisarles que ya está por llegar, para que preparen a la gente que tiene la encomienda de subir a los vagones y romper sellos antes de vaciar los carros”.
Según las declaraciones obtenidas por Proceso Jalisco, quienes saben que esta zona es de alto riesgo prefieren atravesar estos 15 kilómetros de la ruta Guadalajara-México a toda velocidad para evitar algún atraco. El momento crítico es cuando se realiza el cambio de vía y el tren tiene que detenerse una o dos horas para permitir que otra locomotora avance en sentido contrario.
En un recorrido por la vía, este semanario constató que ninguna corporación policiaca vigila este tramo, que se extiende desde El Salto hasta Ixtlahuacán de los Membrillos. La situación afecta a otros municipios, como Poncitlán, y varios hombres contratados para el saqueo son reclutados en Las Juntas, municipio conurbado de Tlaquepaque.
Las partes más afectadas por el robo a trenes son los predios de La Manga, El Paso, El Macho, La Capilla, el ejido El Rodadillo (en Atequiza), La Bolsa, El Verde y otros ubicados rumbo a la presa La Corona, localizados entre Ixtlahuacán y Atequiza.








