Novedades literarias de Paredes y Soler

Pro Severino (Juan Pablos Editor. México, 2010. 131 pp.) es una colección de ensayos, notas, poemas, apuntes y cartas que escribió el poeta Alberto Paredes sobre la obra del narrador Severino Salazar (1947-2005). La lectura invita a leer o releer Dónde deben estar las catedrales (1984), Las aguas derramadas (1986), El mundo es un lugar extraño (1989), Desiertos intactos (1990) y El imperio de las flores (2004).

En la reflexión de Paredes, el escritor zacatecano es un autor mítico que escribe sobre su pueblo Tepetongo y a partir de ahí, compone una cosmología con cada una de sus novelas, narraciones y cuentos para recuperar lo esencial de nuestra “suave patria”: ese lugar nostálgico y contradictorio lleno de odios, rencores… Pero, también, de afecto y calidez.

La recopilación de Paredes trata, además, de la amistad que mantuvo con el escritor: de los gustos, viajes y lecturas que compartieron, así como de la sana y crítica influencia que ambos tuvieron sobre sus respectivas obras. Libro de lectura indispensable para profundizar sobre la narrativa de Severino Salazar aunque, por ser una compilación, muchas ideas y temas apuntados por Paredes se repiten.

Por su parte, el escritor Jordi Soler da a conocer la novela Diles que son cadáveres (Ed. Mondadori. México, 2011. 195 pp.), en torno a las vicisitudes por las que pasan un agregado cultural de México (alter ego del propio Soler), un homosexual y un rico excéntrico al recuperar el bastón del poeta Antonin Artaud (Marsella, 1896-París, 1948), depositado en alguna iglesia de Irlanda del Norte.

A finales de los años treinta el vate, en recorrido por Cuba y México recibe de un brujo el báculo que supuestamente pertenecía a san Patricio. La importancia de la reliquia lo lleva a emprender un viaje a Irlanda, con la intención de devolverla. Esta disparatada acción provoca que el cayado sea arrumbado en una iglesia y las autoridades lo expulsen del país, lo que alterará la salud mental de Artaud.

Para Soler, la empatía que tienen sus personajes con Artaud los lleva a vivir la cruzada de recuperar el bastón y mantener su ánimo. Por esta identificación se salen de los patrones de conducta normales y crean un mundo diferente inspirado en la incoherencia, la excentricidad, el frenesí, el absurdo… En aquella otra realidad viven intensamente, porque siguen sus impulsos; sin embargo, chocan con la normalidad, y son contenidos para evitar que el orden sea alterado.

Es entonces que se les margina, separa y relega de sus trabajos, familias, medios, grupos, o en los casos extremos, como el del propio Artaud, sean internados en hospitales psiquiátricos. El acto los lleva a pensar que es una arbitrariedad la postergación y decir a la gente normal que, por sus actos y pensamientos, “…son cadáveres y que jamás resucitarán de entre los muertos”, como les señalaba el poeta a sus custodios. Tema intenso el de Soler que falla en la narración, al disiparse en algunas anécdotas insustanciales.