“Monstruos: zona infectada”

En un futuro cercano, una nave de la NASA se estrella en alguna parte de México con muestras vivas de seres extraterrestres; la mitad del territorio mexicano y toda Centroamérica se convierten en una zona infectada, puesta en cuarentena porque el ejército es incapaz de acabar con los monstruos. Atrapada en el marasmo, una pareja circunstancial –un fotógrafo (Scoot McNairy) y la hija (Whitney Able) de su jefe– intenta escapar.

Sería una pena que este trabajo del joven realizador británico Edward Gareth pasara desapercibido en su exhibición comercial en las salas de la capital.

En tanto que película de ciencia ficción y bajo presupuesto, Monstruos: zona infectada (Monsters; E.U.-Reino Unido, 2011) enfrenta dos tipos de malentendidos: la de decepcionar al público acostumbrado al mero espectáculo del cine de desastre, y la de ser apreciada por la crítica únicamente por su condición de cine independiente. El comentario importa, porque Edward Gareth desarticula y revitaliza el género de películas de extraterrestres, como en su momento Déjame entrar lo hizo con el de vampiros.

Monstruos: zona infectada combina diferentes géneros. Road movie que sigue el viaje de los reporteros enfrentados al peligro de los monstruos que proliferan y exterminan a quienes se les opongan; la corrupción de la policía y del ejército, y la gente que van conociendo a lo largo del viaje; historia de amor de un par de extraviados en el mundo y en la vida, todo esto en un mundo post apocalíptico poblado por monstruos donde las zonas de seguridad se reducen rápidamente.

La historia de Monstruos suena naturalmente a alegoría de la situación nacional con el narcotráfico, el ejército y los monstruos indestructibles. En realidad, era la guerra de Afganistán lo que este británico tenía en mente; un residuo quizás inconsciente del tema es la escena climática de la película, que ocurre en una gasolinera.

Fue la atracción y la facilidad para filmar en México y Centroamérica, el bajo costo, el apoyo y la participación de dos actores estadunidenses desconocidos lo que facilitó encarnar la historia por estas latitudes. Según confiesa Edward Gareth en una entrevista de la BBC, la técnica de filmación fue de guerrilla; había que resolver estrategias sobre la marcha, aprovechar elementos que salían al paso, invitar a colaborar a la gente interesante que encontraban y convivían.

El resto del trabajo, parte de la post producción y sobre todo, los efectos especiales, fueron elaborados en su computadora personal. Gareth se vale de la misma estratagema de Ridley Scott (Alien), los monstruos van apareciendo por fragmentos hasta presentarlos completos una vez que el espectador ha llegado a sentir su presencia.

Pero como especialista que es de los efectos especiales, el director (también fotógrafo y guionista) supo integrarlos en una retórica de la imagen donde la sorpresa, el shock del cine de espectáculo, se subordina a la emoción de los protagonistas y a una forma de poesía que se va construyendo a pedazos hasta revelarse en todo su esplendor y horror.