Foro Internacional de la Cineteca: “Seres humanos”

A la ópera prima de Jorge Aguilera (1969), presente en el Foro Internacional de la Cineteca, debe reconocérsele el mérito de atreverse a ir a contrapelo de la mayoría de las películas mexicanas de ayer y hoy, buenas o malas.

Seres humanos (México, 2001) abre un nuevo derrotero en nuestra cinematografía anteponiendo la experiencia emotiva al conflicto de identidad social y cultural, imprescindible en la temática mexicana, aun encintas experimentales e innovadores como Segundo siglo,  de Jorge Bolado.

La premisa de Seres humanos es muy simple. Una niña de seis años muere accidentalmente; durante los siguientes 11 años, padre, madre y hermano encuentran la manera de evadir, cada uno por su cuenta, la pérdida. Derek (Rafael Sánchez Navarro) se mantienen en una especie de delirio autista, en el que sólo existe su pequeña hija; Damián (Osvaldo Benavides) atraviesa su adolescencia en el limbo, sin ninguna forma de apoyo afectivo real; Dulce (Clarissa Meheiros), estrella de televisión que dirige con mucho éxito un “talk show”, se la vive escarbando en vidas ajenas aquello que no puede rescatar de sí misma. Ahora cada uno tendrá que enfrentar el duelo.

Jorge Aguilera busca que el espectador retome los hilos de la historia y arme su propio rompecabezas. Rehuye explicar e intenta cargar la imagen de una enorme tensión afectiva, siempre contrastando el medio ambiente y las acciones de los personajes con sus sentimientos. La seguridad y el manejo que muestra Dulce en su trabajo como conductora de un programa crece en proporción inversa a su angustia. Pero entre elipsis, fantasías y escenas retrospectivas, el director muestra aún una cierta falta de experiencia para mantener la tensión dramática en la primera parte de la cinta; una cosa es negarse a facilitar las claves, a  complacer el espectador, y otra, confundirlo enredando más de la cuente el hilo narrativo.

Afortunadamente, Aguilera no vacila en llevar lo más lejos posible hacia la negrura a sus actores con un mínimo o un nada de diálogo, y el sentido de la historia se vuelve coherente, casi por la ley de gravedad; puyes una narrativa fragmentada no tiene porqué implicar un sentido incompleto. Clarissa Mlheiros, caminando en el filo de la lucidez y la histeria, logra un debut prometedor para el cine mexicano. Sánchez Navarro consigue salir adelante con el personaje más difícil, expresando el dolor contenido y la psicopatía son sobreactuarse, y quizás la mano del director se revela aún más firme con Osvaldo Benavides, quien alcanza un muy buen nivel como el adolescente “freak”, entre vulnerable y confundido.

La fuerte influencia de Kristoff Kieslowski –asimilada en forma inconsciente, según asegura el director- es elocuente; el tema de la pérdida de un ser querido y la casi imposibilidad de elaborar el duelo, recuerda mucho a Azul, la primera parte de su trilogía; incluso el manejo del color, los tonos fríos y azulosos, el ambiente ordenado pero inhóspito, la famosa “falacia poética” que refleja el estado de ánimo de esta atormentada familia, se adapta muy bien al tema de Seres Humanos.

Por medio de un usos sistemático del fade out, cada escena parece hundirse en la negrura sin llegar a ninguna parte; ello enfatiza la carga melancólica de estos seres humanos atrapados en sus obsesiones; la técnica, bastante arriesgada para mantener la continuidad de una historia, recuerda a Thérese, la cinta sobre la vida de la santa francesa que el director Alain Cavalier narra de una forma extremadamente austera. Espacios indefinidos, cuya función apenas la sugiere la presencia de objetos como el lavadero metálico de la cocina, la alberca abandonada que nunca vemos de conjunto, la inquietante persistencia de agua, la decoración y vestuario, todo los elementos de la cinta intentan reflejar un bloqueo afectivo a punto de estallar.