Jesusa Cervantes, José Gil Olmos y Fernando Ortega
Ante la amenaza de una huelga del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM), la cual paralizaría al país, el gobierno busca desesperado algunas salidas.
Sin rumbo claro, ha puesto sobre la mesa dos escenarios, respaldados por diferentes secretarios de Estado. De acuerdo con un análisis de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STyPS), el panorama plantea dos vertientes.
La primera, encabezada por los secretarios de la Contraloría, Francisco Barrio; de Relaciones Exteriores, Jorge Castañeda, y de Gobernación, Santiago Creel, sostiene que se debe aplicar la ley, lo que implica seguir con el proceso de desafuero del diputado Carlos Romero Deschamps, secretario general del sindicato, y del senador y tesorero, Ricardo Aldana.
La otra, encabezada por el secretario del Trabajo, Carlos Abascal, se inclina “por el camino terso”, es decir, lograr acuerdos políticos, sin violentar las leyes.
En los últimos días las negociaciones las retomó la secretaría del Trabajo.
Pero sin saber cómo concluirá el actual conflicto, el gobierno ya tiene un plan para el futuro: lograr el cambio de dirigentes en el sindicato petrolero en las próximas elecciones internas. Ante la presencia de tres grupos disidentes, dos de ellos fuertes, a ellos les correspondería ponerse de acuerdo y formar una dirección proporcional.
Las corrientes
De acuerdo con un diagnóstico de la secretaría del Trabajo sobre las corrientes disidentes del sindicato, existen los siguientes grupos: Alianza Nacional Democrática de Trabajadores Petroleros, Coalición Nacional de Trabajadores Petroleros y el Frente Nacional Petrolero.
El primero –considerado el más serio “y muy probablemente de mayor influencia en el ámbito de la disidencia”–, tiene presencia en 19 de las 36 secciones sindicales y es asesorado por el Centro de Reflexión y Acción Laboral (Cereal), organismo vinculado a la Compañía de Jesús.
La Alianza ha tenido importantes logros, incluso en elecciones seccionales, y por ahora no busca desplazar a los actuales dirigentes, sino democratizar al sindicato. Es el grupo más golpeado por Romero Deschamps.
El segundo grupo importante, según c la secretaría del Trabajo, es la Coalición Nacional de Trabajadores Petroleros, la cual surgió después del 22 de febrero último, cuando tomaron las instalaciones del sindicato en el Distrito Federal.
Es encabezada por Norma Monroy y Rafael Zuñiga; Norma es esposa de quien fue encargado de vivienda en la época de Joaquín Hernández Galicia, La Quina, Jesús Guerrero. Por ellos en diversos círculos gubernamentales se comenta que detrás del grupo está el viejo líder petrolero. En entrevista telefónica, Hernández Galicia evadió la pregunta de sí estaba financiando a la coalición.
La Quina perteneció a la sección 1 de Ciudad Madero, Tamaulipas. De acuerdo con el análisis de la secretaría del Trabajo, este grupo “está encabezado (y financiado) por el grupo Movimiento de Alianza Sindical de la sección uno del sindicato”.
Según las autoridades laborales, el grupo de Ciudad Madero es el que tiene la mayor capacidad económica, y “quizá deba seguir invitándolos (a las pláticas), aunque sean atendidos por las autoridades de Pemex, siempre y cuando sean verdaderos y auténticos de trabajadores. No debemos dejar de atender a este grupo, pero se deben atenuar los tratos y relaciones hasta disminuir el perfil de atención”.
El tercer grupo, Frente Nacional Petrolero, que encabeza Leopoldo Álvarez, está integrado por jubilados. “Es la organización con menor legitimidad al interior de los grupos sindicales que se han opuesto al grupo del actual secretario general, Carlos Romero”.
La intromisión gubernamental
Los dirigentes del sindicato petrolero, sostienen que el gobierno, para evitar el estallamiento de la huelga, trata de inmiscuirse en la vida interna de la organización.
Como prueba, mostraron un oficio carta de la Oficina de Atención Ciudadana de la Presidencia, que encabeza Laura Carrera Lugo, dirigido a uno de los líderes del Frente, Jorge Fuentes García, en el que le informa que se enviará a la secretaría del Trabajo su petición de democratizar al sindicato sin la presencia de viejos líderes.
Carlos Rodríguez, encargado de Cereal, y Julio César Rodríguez y Edgar Alfredo Tenorio, integrantes de la dirección de Alianza, comentaron que ellos también acudieron a la oficina de Atención Ciudadana de la Presidencia el jueves 12 de septiembre, pero aclararon que ello no implicaba que el gobierno intervenga en la vida sindical. Explicaron que su visita fue para denunciar un hecho de corrupción en Nanchital, Veracruz.
La huelga, en duda
Los integrantes de la Alianza realizaron una encuesta en las 19 secciones en las que tienen influencia en las últimas dos semanas. El resultado fue que el 80% de los trabajadores no está dispuesto a participar en la huelga.
Según la Alianza, quienes participaron en la marcha del miércoles 18 convocada por el sindicato para apoyar la huelga y defender a sus dirigentes, fueron miembros de la CROC, la CROM, la CTM y maestros. Sólo marcharon los trabajadores petroleros transitorios.
Por otra parte, La Quina afirma que Romero Deschamps sólo tiene el apoyo del 10% de los trabajadores sindicalizados, pues el 90% restante es “apático” y “timorato”, por lo que no cree que haya huelga.
Además, “el gobierno tiene facultades para realizar la requisa, y también hay personal muy capaz entre los despedidos que están dispuestos para, en caso de emergencia, evitar ese paro nacional que provocaría un desquiciamiento en el país”.
Siempre bien informado sobre lo que ocurre en el sindicato, Hernández Galicia sostiene que la asistencia a las asambleas del sindicato no ha llegado ni a la mitad y “para declarar la huelga se necesita el 66% de cada asamblea”.
De ahí, asegura, que Romero Deschamps esté ofreciendo distintos favores a los trabajadores para conseguir su apoyo ante la posible huelga: “Está ofreciendo lo que nunca cumplió, construir casas y más plantas petroleras, incluso que se compren barcos”.








