Derroche y abusos en la Dirección de Pavimentos

El pago de mil 100 millones de pesos del presidente municipal de Guadalajara a Cementos Mexicanos (Cemex) por el reencarpetamiento de las principales avenidas suscitó la indignación de un grupo de trabajadores de base:
“Ya no repavimentamos, sólo hacemos puro bacheo; y la maquinaria ahí está, sin utilizarse… Están prefiriendo pagar a compañías y a nosotros nos tienen congelados. Tenemos dos extendedoras, las que echan la carpeta; un minicargador al que se acoplan varios accesorios, como el martillo para picar, el cucharón para recoger y una devastadora chica.”
Son empleados de la Dirección de Pavimentos, quienes hace aproximadamente seis años pavimentaron la calle Prisciliano Sánchez, desde la avenida Alcalde hasta la calzada Independencia. “Levantamos a puro pico el pavimento, fue muy pesado, pero lo hicimos”, dicen con orgullo.
Saben que hace 16 años había 20 cuadrillas de trabajadores, pero ahora sólo quedan ocho, cada una de cinco integrantes: chofer, cabo y tres auxiliares operativos. “La gente se jubila o se va y no la reponen. Sólo contratan a externos, que los traen con uno trabajando en la calle. El colmo es que en este momento hay tres cuadrillas contratadas que son de la Alianza de Camioneros; vienen con sus vehículos y cargan aquí. Los contratan para bacheo. Ellos no se estacionan por la entrada principal, sino por atrás”.
Al visitar las instalaciones de Pavimentos, la reportera observó que desde muy temprano estaban estacionados ahí dos vehículos de volteo con el logotipo de la Alianza de Camioneros (placas JJ 48035 y JJ 48033), en espera de salir a bachear. Un hombre que cuidaba las unidades confirmó que trabaja para el ayuntamiento, aunque no sabía por qué.
Los empleados de Pavimentos también detectaron que la administración de Aristóteles Sandoval contrató a alrededor de 30 personas que deberían pavimentar o bachear, pero en realidad hacen encuestas. “Usan un chaleco rojo y andan con Felipe (desconocen el apellido); primero hacían encuestas, preguntaban qué opinaba la gente de Aristóteles, de las obras que estaba haciendo y cosas así. Ahora tengo entendido que se dedican a ‘concientizar’”, asegura uno de ellos, que pide no publicar su nombre.
Añade que contrataron a otros 25 eventuales por tres meses, “que era cuando traíamos mucho trabajo por el tiempo de aguas”. Pero la única plantilla que ha crecido es la de supervisores, “que no hacen nada, son puros recomendados. Por ejemplo, están Emilio Contreras y Federico… no me acuerdo de su apellido. Cuando entramos nada más había un jefe de bodega y un encargado, ahora para todo hay jefes”.
Otro inconforme asegura: “Otra cosa que está mal con esta administración es que si usted reporta que afuera de su casa hay un bache, (los jefes) nos ordenan que sólo tapemos el bache reportado aunque la calle esté toda destruida. Dicen que tienen que acabar con los reportes, y si éste marca un bache, sólo uno se tapa. Y a nosotros la gente nos come por no tapar todo”.
Graves deficiencias

El pasado 1 de septiembre el Sindicato Nuevo Jalisco entregó un oficio a Luis Mauricio Gudiño Coronado, secretario general de Servicios Públicos municipales, y al director de Pavimentos, Bernardo Gutiérrez Navarro, para informarles sobre “las carencias que tienen los trabajadores dentro de sus áreas de trabajo”.
En ese documento se reporta la falta de herramientas, uniformes impermeables y resistentes a los productos químicos utilizados en la pavimentación. También requieren cascos, mascarillas, guantes de cuero, botas y gafas con protección lateral para manejar la caldera.
Al platicar con la reportera, los trabajadores del ayuntamiento indican que las mascarillas que ahora tienen “son muy delgadas” y denuncian:
“Ni siquiera los uniformes nos quieren dar, (dicen) que no es obligatorio. La ropa que traemos ahora es de administraciones pasadas. Hubo un tiempo en que los jefes que entraron en esta administración nos tomaron fotos a los que no traíamos uniforme, y les preguntamos: ¿qué uniforme quieres que traigamos si no nos han dado? Si andamos uniformados es gracias a otras administraciones”, dice un inconforme del área de maquinaria.
Explica: “Antes daban un par de botas, de camisas, de pantalones, de camisetas y de gorras. El colmo es que la semana que llovió por el huracán nos dieron impermeabilizantes, cuando se supone que nos los debieron dar en tiempo de lluvias”.
Uno de sus compañeros de bacheo comenta que en su área y en la de pavimento sí les dieron botas, pero son de mala calidad porque “se despegan”. También él dice que “en la administración pasada nos daban equipo tres veces al año; en la actual te lo dan incompleto: camisa y pantalón, pero botas no; o camisas no y botas sí… Sólo se preocupan por vestir bien a los coordinadores y supervisores”.
En el oficio que entregó el sindicato a Gudiño se asegura que un médico le entregó a la organización un reporte sobre las consecuencias de que los trabajadores estén en permanente contacto con el asfalto:
“Cuando se calienta, el asfalto puede causar tos, así como irritación de la garganta o de los pulmones; y la exposición a largo plazo puede conducir a una bronquitis o un enfisema. Los aditivos del asfalto pueden crear vapores nocivos al hígado, a los riñones y al sistema nervioso (…) Los ojos pueden resultar irritados por los vapores de asfalto, o si se tocan con las manos sucias.”
Gente que trabaja desde hace 15 o 17 años en esta dirección indica a Proceso Jalisco que con frecuencia padece infecciones de garganta, tos, gripes y ardor en los ojos.
“En el momento de que se baña la carretilla de diesel para que no se pegue el asfalto, se produce la gasificación. Imagínese: está a una temperatura de 160 grados, y uno, aunque no quiera, la respira y el gas le entra a los ojos. Cuando entré aquí a trabajar estaba bien de la vista, pero ahora veo todo borroso”, dice un antiguo empleado de bacheo.
Además, la reportera observó que los trabajadores se transportan en la parte trasera de los camiones, donde van respirando las emanaciones del asfalto.
Por si fuera poco, pierden hasta tres horas mientras esperan que llegue el material, ya que entran a las 7:30 de la mañana y salen a aplicarlo a las 10:30. El día que la reportera acudió a las instalaciones de Pavimentos, en la calle Carabelas, entre Isla Indias y Barlovento, colonia Jardines de la Cruz, fue testigo de que el camión cargado de asfalto partió con los trabajadores a las 10:45.
Un entrevistado cuenta que “el material llega tarde porque anteriormente cargábamos en las plantas donde fabrican el asfalto, pero por cuestiones económicas, así lo justifican ellos, están trayendo el material por el rumbo del aeropuerto, pero yo creo que es porque les dan más comisión”.
Es más, continúa, “según ellos hay muchos problemas para que vayan todos los camiones, entonces envían vehículos de 24 toneladas a vaciar el material aquí y luego nos surten a nosotros. Hemos salido después de las 11 de la mañana, cuando antes, cuando íbamos a las plantas, normalmente salíamos a las 8:50. Con la otra administración cargábamos el material en Asfaltos Guadalajara, que está un poquito antes de llegar a San Martín de las Flores”.
Los retrasos iniciales en la jornada laboral provocan que los trabajadores salgan más tarde de lo que marca su horario. “No nos pagan horas extras. Si les reclamas te empiezan a amenazar y hasta te dicen que pagan tiempo por tiempo, pero no estamos de acuerdo”, dice uno de ellos.
Los cuates de los jefes

El pasado 4 de octubre Oswaldo Silva recibió un oficio del jefe administrativo del Departamento de Conservación, Carlos Mendoza Quintana, para comunicarle que “su desempeño laboral no ha sido satisfactorio”.
El motivo de esta llamada de atención a Silva, que ya fue reubicado en el área de mejoramiento urbano, fue que se cambió de sindicato, dice él, con el respaldo de varios de sus compañeros.
Uno de éstos comenta: “Según eso le hicieron una evaluación a Oswaldo, pero nadie sabe quién se la hizo. Se supone que la debió hacer el jefe de cuadrilla, pero platicamos con él y dijo que trabajaba bien, y no tenía faltas ni retardos. Lo único ‘malo’ fue dejar el sindicato de Fernando Jaime Gaytán”.
En opinión de este grupo de empleados del ayuntamiento de Guadalajara, en vez de presionarlos a ellos deberían despedir a elementos conocidos por su comportamiento inadecuado, y mencionan como ejemplos a Martín Rincón, Susano Álvarez, Antonio Páez, Marcelo, Felipe alias El Agua y Alfredo Leal, a quienes les atribuyen constantes borracheras en las instalaciones de Pavimentos con su jefe inmediato, Emilio Contreras.
“En el área de maquinaria tenemos un lugar especial para cambiarnos –relatan–, ahí metieron un sala y se sientan a tomar a todo dar y hasta se duermen, todo esto en horas de trabajo… Los de este grupo presumen que traen mucho dinero en la bolsa porque les reparten sus jefes inmediatos, Emilio o Felipe, quienes venden los camiones de asfalto de 20 toneladas a particulares y supuestamente cada tonelada la dan en mil 500 pesos. Y hasta agarran la maquinaria”, dice uno de los inconformes.