Precisiones sobre la arqueóloga Pilar Luna

Señor director:

Me permito externar mi opinión con relación al artículo sobre “La pionera subacuática” publicado en el número 1825 del 23 de octubre de 2011.
La arqueóloga omitió los créditos justos a un equipo importante de académicos, que por más de tres décadas trabajó arduamente para conformar la actual Subdirección de Arqueología Subacuática, subsidiada por el INAH. La fundación de la aludida Subdirección, en 1980, estuvo liderada por tres profesionistas, que al igual que varios colaboradores más, pusimos un esfuerzo de excelencia y devoción en la empresa; empero tuvimos que abandonarla ante la desmesurada ambición de la arqueóloga Luna. En lo absoluto se trató en sus inicios de una tarea solitaria e individual producto de su perfil “frágil como un suspiro” que ella señala.
Omito nombres, pero hay muchos inconformes y testimonios desgarradores, derivados del monopolio y cacicazgo en que se encuentra hoy sumida la arqueología subacuática mexicana. Prueba de esto son los exiguos resultados. La carencia de una teoría y una metodología a modo, resultado de la especificidad de la materia de trabajo y sus objetivos. Después de tantos años de práctica, es censurable y caro para los contribuyentes que un proyecto noble en sus inicios se reduzca a una práctica deportiva, disfrazada por recursos tecnológicos del buceo profesional, que poco tiene que decir al conocimiento histórico nacional.
En Proceso se afirma que no hay muchos arqueólogos interesados en el tema; falso, cuantiosos son los alumnos de la ENAH que expresan su interés en la arqueología subacuática y su frustración por no poder participar.
Asombra que tan prestigiosa y objetiva revista, presente el adulador reportaje y “la epopeya solitaria” de Pilar Luna que, efectivamente, no bucea por padecer histoplasmosis y flebitis. Preocupa que por más de 32 años el INAH la sobreproteja más allá de los nulos resultados de formación profesional y de publicaciones científicas sobre ese tema. Se está financiando un hobby personal lleno de aventuras y muy costoso para la institución. Sugiero se auditen sus dispendios que, además, van en detrimento financiero para otras áreas del INAH que sí hacen investigación científica.

Atentamente
Dra. Elsa Hernández Pons
Arqueóloga e investigadora INAH
Sobre la pobre exhibición
del cine mexicano

Señor director:

Hace una semana leí en su revista una entrevista de Columba Vértiz de la Fuente a Demián Bichir en la Muestra de Cine de Morelia. En ella hablaba acerca de las condiciones laborales de los mexicanos que trabajan en Estados Unidos. La película A Better Life (Una vida mejor) se estrenó en el D.F. solamente en doce salas, sin ninguna publicidad previa, ni espectaculares, ni cuartos de plana en los periódicos. Otras películas también de producción gringa tienen treinta, cuarenta o más. Me pregunto si esto sucede porque de plano no nos interesa el trabajo de un actor mexicano fuera de nuestro país, aunque sea reconocida su labor fuera de aquí. Será que una película con un claro retrato de cómo viven cientos de miles de mexicanos que fracasan en su búsqueda del “sueño americano” es tan distante de nuestra realidad o es que no conviene a los intereses de los distribuidores y exhibidores y por eso limitan la posibilidad de que la vean millones de mexicanos que siguen viviendo con la esperanza de vivir allá.

Sofía Verónica Calzadilla Bichara
(Sofía Álvarez)

Aclaración

La fotografía del cuarteto Luz de Riada le fue incorrectamente atribuida a nuestro colaborador musical Ricardo Jacob en su columna “Cuentos y fábulas” hace una semana (Proceso número 1828, página 64), pues su autoría corresponde a Hyppolythe. Nuestras más atentas disculpas.