De Elena Cepeda a Blanca González Rosas

Quiero decirle que lamento mucho la serie de adjetivos con los que descalifica la política cultural de la Secretaría a mi cargo en materia de arte público.
Seguir exclusivamente los lineamientos de los circuitos dominantes del arte a nivel global, sólo porque se les considera vanguardia primermundista, inhibiría la promoción del rico universo creativo de los artistas mexicanos. Por ello, sin dejar de ser universales, buscamos opciones para el uso del espacio público que sean consecuentes con nuestra realidad cultural, social y económica.
¿Quién determina que son los lineamientos de las grandes urbes europeas o estadunidenses los que debemos seguir los países en desarrollo? ¿No es esa una postura auténticamente elitista, con pretendidas motivaciones estéticas e intelectuales, muy lejanas a la realidad de muchos mexicanos que, justamente a través del arte público, tienen sus primeros acercamientos a estas manifestaciones?
Por eso se propician exposiciones como la ya tradicional muestra de alebrijes, organizada por 5º año consecutivo por el Museo de Arte Popular, que es disfrutada por miles de familias que recorren el Paseo de la Reforma, reconociendo esta parte importante del patrimonio cultural intangible de nuestro país, y que tiene un particular impacto en el imaginario de nuestra niñez, que de esta forma reconoce y se apropia de nuestras tradiciones nacionales.
Aclaro que no apoyamos la publicidad de una empresa en específico sino por el contrario, con el apoyo privado –mecenazgo que seguramente lo tienen de muchas empresas privadas las manifestaciones de arte público que usted alaba y admira en otros países– impulsamos la propuesta de un reconocido curador y crítico de arte como Santiago Espinosa de los Monteros.
Despierta a la vida es una exposición que convocó a un importante grupo de jóvenes artistas contemporáneos, quienes de esta forma tienen la oportunidad de que su obra sea conocida y reconocida por una gran cantidad de público, como parte de una política que busca impulsar a los nuevos talentos de nuestro país.
Por supuesto que también nos gustaría tener un gran oso azul asomándose a la Bolsa Mexicana de Valores, para que nos mantuviera al tanto de las cotizaciones del euro y del dólar y seguir envidiando los grandes presupuestos culturales del primer mundo, pero desafortunadamente no tenemos los recursos para ello.
Ha sido gracias al apoyo de diversas empresas, instituciones, ciudadanía y los propios artistas, como hemos podido presentar exposiciones tan exitosas como las de los reconocidos artistas Javier Marín y Juan Soriano, con una gran afluencia e interacción por parte del público.
A diferencia de lo ocurrido en administraciones anteriores, donde incluso un promotor se involucró en las “políticas” para el uso de los espacios públicos en torno al arte, para hacer grandes exposiciones en los mismos espacios que usted ahora critica, utilizándolos como una galería abierta para la venta, con un presupuesto millonario con cargo al erario público y con el apoyo de algunos críticos de arte, nosotros contamos tan sólo con un presupuesto de 700 mil pesos anuales para el programa de Galerías Abiertas, que al inicio de mi administración sólo contaba con las Rejas de Chapultepec y actualmente se ha ampliado a cinco galerías en diferentes puntos de la ciudad.
Quiero comentarle que la mayor parte de nuestro presupuesto y esfuerzos están enfocados a la creación y mantenimiento de la infraestructura cultural de la ciudad y a la ampliación de los servicios culturales con énfasis en las zonas marginadas, como lo demuestra el foro escénico del Faro de Oriente, recién inaugurado por el Jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard, o programas como Caligrafías Urbanas, entre muchos otros.
Reconozco el valor de la crítica, sé que los funcionarios estamos sujetos al escrutinio público y por ello aprecio la posibilidad de intercambiar estas reflexiones.

Reciba los atentos saludos de 
Elena Cepeda
Secretaria de Cultura del Gobierno 
del Distrito Federal

Respuesta de la crítica de arte

Señor director

El principal objetivo de una política destinada a promover el uso artístico de espacios públicos, debe ser la creación de actividades que incidan en el bienestar de los ciudadanos y de la ciudad. Considerando que este bienestar surge de la creación y recepción del arte, los objetivos deben abarcar la educación, el disfrute y la convivialidad. Una educación que expanda horizontes, genere reflexiones y provoque satisfacciones. Un disfrute que deje huella y memoria. Una convivialidad que impulse y detone relaciones entre la diversidad ciudadana.
Desde esta perspectiva, el arte en espacios públicos es ilimitado y acotarlo a simples exposiciones de esculturas, o a transformar las calles en un escenario para hacinar objetos grandotes, es una irresponsabilidad gubernamental que delata el escaso conocimiento y compromiso de los funcionarios.
Manipuladores y derrotistas, los argumentos de la Secretaria de Cultura del Gobierno del Distrito Federal, Elena Cepeda, evidencian la carencia de una administración profesional de la cultura. Incapaz de realizar una autoevalución de su gestión, la funcionaria se limita a descalificar la calidad de la gestión cultural de otros países. ¿Acaso los ciudadanos del Distrito Federal no merecemos ser tratados como ciudadanos del primer mundo; acaso la educación no consiste en conocer lo que se hace en otras latitudes?
Confundida sobre lo que significan las palabras y los términos, la funcionara olvida que su desempeño se ha caracterizado por el elitismo, la arbitrariedad y la carencia de planeación. Interesada en beneficiar a élites económicas, Cepeda, además de apoyar en 2008 el financiamiento de la feria comercial Hot Art (Balelatina) que se realizó en Basilea, Suiza (Proceso 1650), en 2010 quitó 32 esculturas monumentales del popular y deprimido Bosque de San Juan de Aragón, para adornar las calles de la exclusiva zona de Santa Fe (Proceso 1650).
Confundida también en lo que significa promover el “rico universo creativo de los artistas mexicanos”, la Secretaria de Cultura ha permitido que un solo artista, Jorge Marín, ocupe desde septiembre de 2010 un camellón del Paseo de la Reforma con la exposición Las Alas de la Ciudad. ¿Cuáles son los argumentos que justifican su permanencia y cuáles son los procedimientos, requerimientos y criterios de selección para que otros artistas expongan?
Y por último, el tema del uso publicitario de las calles citadinas. Indiferente ante el irresponsable desempeño que tuvo Espinosa de los Monteros al frente de la Coordinación Nacional de Artes Plásticas durante 2008 (Proceso 1638), Cepeda confunde el mecenazgo con el apoyo para el mercado del arte contemporáneo que promueve un conjunto acotado y no plural de personas: entre las instituciones que obtendrán beneficios de la empresa que patrocinó la exposición Despierta a la Vida, se encuentra el Patronato de Arte Contemporáneo, PAC (Proceso 1236).
Al opacar los limitados resultados de su gestión con argumentos confusos y demagógicos, Elena Cepeda no soluciona la subdesarrollada fealdad que le ha impuesto a nuestra Ciudad.