El singular operador

Leonardo Páez

El domingo 23 de mayo de 1993 se celebró en la Plaza México la primera novillada organizada por Miguel Alemán Magnani y Rafael Herrerías Olea, presidente y director general de Promotora Alfaga, SA., respectivamente, con la asesoría del matador retirado Manolo Martínez, amigo de ambos.

         Si bien la experiencia empresarial taurina de los dos primeros era nula, se confiaba en la amplia trayectoria del torero regiomontano, así como en el importante respaldo, financiero y de medios por parte de Televisa a su filial Promotora Alfaga, cuyos anteriores directivos, Aurelio Pérez Villamelón y Víctor Curro Leal, habían sido relevados luego de tres años al frente de la empresa.

Con lo que no contaba el público aficionado de México es que en poco tiempo estos aprendices de empresarios, no obstante los impresionantes apoyos otorgados, convertirían la tradición taurina del país en frívola terapia ocupacional, sustituyendo la emoción con la diversión y confundiendo el fomento a la competitividad entre los toreros con el amiguismo y la dependencia, siempre con el apoyo incondicional del grueso de la prensa especializada y el sometimiento, hasta el día de hoy, de los demás sectores de la fiesta: ganaderos, matadores, subalternos y autoridades.

Antecedentes modestos

De Miguel Alemán Magnani  se sabe que es hijo y nieto de políticos del mismo nombre y apellido y que ocupó algunos cargos en Televisa, hasta la aparente salida de su padre del consorcio televisivo, en 1998, para ser gobernador del estado de Veracruz.

De Rafael Herrerías Olea tampoco se sabe mucho, excepto el mentís dado por la Dirección General de Profesiones a propósito de la inexistencia del título que ostenta como médico veterinario zootecnista, así como de su sólida amistad con quien fue jefe del Departamento del Distrito Federal, Ramón Aguirre Velázquez, quien durante su gestión lo nombró director del Rastro de Ferrería, en el sexenio de Miguel de la Madrid.

En lo estrictamente taurino se sabe que Herrerías, en sus años de estudiante de veterinaria, trabó relación con el torero de La Viga, Mariano Ramos, a quien acompañaba a algunas de sus actuaciones, y que posteriormente Pepe Chafik, ganadero y apoderado de Manolo Martínez, presentó a éste con Herrerías, quien pronto se convirtió en uno de sus hombres de confianza, al grado de que Martínez, ya retirado de los ruedos, lo recomendó a los Alemán, aún en Televisa, para ocupar la gerencia de Promotora Alfaga.

Transcurridos nueve años y tres meses de ensayos y errores, los logros de  Promotora Alfaga, primero, y de Promotora Plaza México, SA de CV., desde principios de 1999, en que aparentemente Televisa y Miguel Alemán Magnani se deslindaron de Rafael Herrerías, quien por extrañas razones conserva la licencia de funcionamiento del inmueble, no pueden ser más paradójicos. Entre otros:

–Incapacidad de ambos neoempresarios taurinos y de su asesor Martínez para haber hecho de la Plaza México el modelo empresarial a seguir por el resto de los empresarios del país, a partir de una probada fórmula elemental: lidiar ganado con presencia y bravura y apoyar y repetir sólo a aquellos toreros que supieran dar espectáculo y mostraran espíritu de competencia.

–Notable falta de imaginación para haber aprovechado la fuerza mediática de Televisa a favor de un reposicionamiento real del espectáculo taurino y de la difusión masiva de la tauromaquia como tradición cultural mexicana con casi cinco siglos de existencia.

–Neurasténica defensa de la autorregulación como patente de corso para hacer y deshacer a su antojo, y exhibicionista declaración de guerra al nuevo reglamento taurino para el Distrito Federal y a la Comisión Taurina del DF. De “estúpido reglamento” calificó Herrerías a la normativa en reciente entrevista.

–Particular eficiencia para convertir en aliada incondicional de la empresa a la delegación Benito Juárez, sea su titular del PRI, del PRD o del PAN y a los jueces de plaza, quienes han desprestigiado la obtención de orejas y rabos en la otrora plaza más importante de Latinoamérica.

–Increíble habilidad para expulsar del coso al grueso del público, tanto en novilladas como en temporada grande, ante la falta de proporción entre los precios autorizados y el espectáculo ofrecido, así se trate de infames carteles de ocho toros.

–Notable entusiasmo para aumentar al máximo la dependenia taurina de México respecto a España, cuyos ases lidian  aquí ganado de dudosa integridad y escasa bravura.

Quizás en atención a estos niveles de desempeño empresarial taurino, sin el menor rigor de resultados por parte de los patrocinadores que “arriesgan su dinero”, a principios de julio último el gobernador Miguel Alemán Velasco nombró a Rafael Herrerías Olea presidente del equipo de futbol Tiburones Rojos de Veracruz, congruente con el criterio de colocar en cargos importantes a gente  de su confianza, independientemente de las capacidades exhibidas y de los resultados obtenidos.

Con tan antojadizo nombramiento el mandatario arroja un balde de agua de lavadero sobre la afición veracruzana, al tiempo que los Alemán, una vez más, reiteran públicamente el apoyo a su singular operador, Rafael Herrerías.