Desde la semana pasada y hasta el 31 de octubre, se presenta una exposición relevante en la galería Enrique Guerrero, en la Ciudad de México. Se trata de una muestra individual del argentino Guillermo Kuitca (Buenos Aires 1961) quien, una vez más sorprende por ese extraño misterio plástico y esa profunda sensibilidad humana que caracteriza a sus creaciones.
Kuitca es un artista exitoso y reconocido en los escenarios internacionales del mainstream del arte contemporáneo. Ingresó en ellos en el contexto del auge de los multiculturalismos de los años noventa del siglo pasado, alcanzando un lugar sobresaliente que se comprueba con su participación en la Documenta de Kassel de 1992 con la muestra individual que presentó en el Museo de Arte Moderno de Nueva York en 1994, y con su presencia constante como parte del establo de la prestigiada galería neoyorkina Sperone Westwater, en donde comparte créditos con Clemente, Pladino, Richter, Merz y Bruce Nauman.
Sin embargo, la importancia de este artista no radica en sus legitimaciones internacionalistas, sino en la enigmática obra que produce. Una obra extraña, de raigambre conceptual, que logra impactar emotivamente al espectador a partir de discursos plásticos que formalmente remiten a lenguajes neominimalistas o neogreométricos.
En la exposición que presenta Enrique Guerrero se mantienen las principales inquietudes conceptuales y estéticas que han caracterizado su creación desde los últimos años de la década de los ochenta del siglo pasado: el impacto del orden social posmoderno en la condición humana, y su representación a través de esquemas geométricos que, a manera de metáforas, señalan la tensión que se produce cuando convergen las experiencias individuales con las de la colectividad. Al igual que en otras ocasiones, el artista descubre abiertamente sus preferencias por los teatros, los estadios, las referencias religiosas y, en cuestiones formales, por la representación de plantas arquitectónicas de lugares reales y ficticios del pasado y del presente.
De las 41 piezas que conforman la exposición destacan especialmente aquellas que pertenecen a las series Confesionarios, Equipaje sin reclamar y Teatros y estadios. Los dos acrílicos de gran formato (oscilan entre 237 y 242×197 cm) de la serie de siete piezas Pisos de mármol de L’Encyclopedie, aun cuando se distinguen por sus pulcras desvanecencias formales, carecen de la intimidad y profundidad de las pequeñas obras (entre 21×28 cm y 48×33) de las otras series mencionadas.
En general, en toda la obra de Kuitca se descubren referencias al orden y al control que impera en la sociedad contemporánea. Un orden que ha llevado a la esquematización de todas las esferas de la vida, desde lo territorios geográficos hasta las dimensiones emotivas. Por lo mismo, en las impresiones digitales que conforman en la serie Confesionarios, a partir de la representación esquemática de una vista superior de lo que acontece en esas cabinas, el artista evoca el absurdo de la detención y el pecado; un absurdo que se refuerza al repetir las mismas formas organizando los esquemas como si fueran coches en un estacionamiento: el control de los pensamientos y de las sensaciones deriva en la perfecta organización de un orden exacto y preciso. En cambio, en las impresiones digitales de Equipaje sin reclamar, Kuitca asume con profunda tristeza la soledad del individuo al esquematizar geométricamente las bandas de los aeropuertos en las que sólo ha quedado una maleta.
La crítica severa y dolida se manifiesta en estas series cambia por completo en las espléndidas y pequeñas impresiones digitales en color que reproducen los planos de los asientos de diferentes teatros y estadios, tanto de la Ciudad de México como de otras partes del mundo. En estas piezas, el artista utiliza agua y vapor para desvanecer las formas de los asientos y los espacios, generando fisuras en el soporte y muy especialmente, explosiones metafóricas que remiten a un nuevo estado de los espectadores. Como un teatro o en un estadio, los asistentes que ocuparon esos asientos ya no son pasivos, han roto el control que los contenía, logrando una liberación caótica que todavía no encuentra su centro.
¿Serán acaso la metáfora de un deseo de Guillermo Kuitca?








