Antonio Jáquez
Ricas y famosas, la colección de fotografías de Daniela Rossell que ha sembrado el escándalo de Nueva York a México y de México a Madrid, es un testimonio abigarrado de los excesos y vulgaridades de los grandes afortunados de la Revolución Mexicana y de sus descendientes. El lujoso libro-catálogo que la contiene es algo más que el álbum de una familia decadente. Es, asegura Guillermo Tovar y de Teresa, “la última carcajada de la cumbancha de un régimen y un estilo de vida que dominaron la última mitad del siglo XX mexicano”.
El PRI perdió la casa presidencial, pero la clase adinerada que produjo a lo largo de 70 años conserva sus mansiones, sus privilegios, su excentricidad de nuevos ricos, su vulgaridad sin límites, su confusión entre la grandeza y lo grandote, su carácter kitsch.
Parte de ese mundo grotesco puede verse en Ricas famosas, el libro de fotografías de Daniela Rossel que, de manera creciente, llama la atención y escandaliza, por la rudeza con la que muestra los excesos de una clase social que lleva la marca del priismo, y, al menos en un caso, del panismo regiomontano.
Los personajes fotografiados –en su mayoría mujeres jóvenes y rubias- no son identificados en el libro, pero Proceso averiguó en su mayoría pertenecen a los clanes Rovirosa-Rossell, cuyas fortunas se labraron en los sexenios de Echeverría y López Portillo, en un tejido de relaciones que van del hankismo al salinismo
El entorno de los personajes pregona su estatus –y su estética-: salones y habitaciones como bazares (repletos de muebles, cojines, monos de peluche), grandes escaleras, cortinajes de terciopelo, óleos y litografías al por mayor, baratijas o imitaciones que se ostentan como si fueran piezas de colección, animales disecados…
La galería que exhibe Rossell “es un testimonio del estado de ensoñación diurna en que vive la plutocracia mexicana, a través de expresiones kitsch”, dice el historiador Guillermo Tovar y de Teresa. Recuerda que kitsch procede de una palabra en alemán que significa bagatela; esto quiere decir que en la cultura burguesa frente al ancien regime se impone lo decorativo, más que lo artístico”.
El excronista de la Ciudad de México apunta una lectura política de Ricas y famosas: “Es la última carcajada de la cumbancha de un régimen y un estilo de vida que dominó la segunda mitad del siglo XX mexicano. En el libro se cruzan herederos de fortunas priistas y de capitales privados de Monterrey”.
Desde su presentación original en Nueva York y Madrid en una exposición, la serie de fotografías de Rossel despertó el interés de la crítica especializada y de los medios en general.
El diario Reforma, primer en ocuparse del asunto en México, citó a varios críticos, entre ellos a Walter Robinson:
“Las fotografías a color de Daniela Rossel de acaudaladas mujeres mexicanas en sus habitaciones amuebladas de manera kitsch muestran los asombrosos niveles de vulgaridad que puede alcanzar el capital excesivo”, dijo Robinson en la revista electrónica Arnet.
En El País Semanal, fechado el 9 de junio, el escritor Juan Villoro señaló:
“Ricas y famosas es un caso extraordinario de antropología fotográfica, una descarada colección de juguetes, joyas y candiles, un inventario de la plutografía, los caprichos que pueden ser privatizados (…) Los escenarios donde sobran cojines de leopardo, fantasías de Lladró, biombos chinos y murales de esplendor asiáticos parecen estar ahí para justificar una revolución.”
Una de las fotos más elocuentes, añade Villoro, “muestra una sala con un óleo de Emiliano Zapata. El líder campesino aparece junto a un lagarto disecado y un video del dueño de la casa como candidato del PRI. Una mujer que suponemos pariente del político, vestida para bailar música tex-mex, arroja simbólicas cenizas en ese altar del partido oficial”.
La corrupción priista hizo del cinismo una ideología, anota Villoro. “Recordemos dos axiomas de dos caciques eminentes: ‘Un político pobre es un pobre político’ (Carlos Hank González) y ‘La moral es un árbol que da moras’ (Gonzalo N. Santos). Ricas y famosas es el retrato íntimo de la gran familia revolucionaria, la clase que corporativizó el país amparado en lemas socialhipócritas”.
La autora misma del libro, Daniela Rossel, forma parte de la clase retratada.
Es hija de Haydee Rovirosa y Guillermo Rossel. Haydee es una de las cuatro hijas de Celia González y Leandro Rovirosa Wade, secretario de Recursos Hidráulicos con Echeverría y gobernador de Tabasco con López Portillo. Rossel es hijo de Guillermo Rossel de la Lama, secretario de Turismo con López Portillo y gobernador de Hidalgo con De la Madrid.
Rivorosa, quien figura en el libro con su esposa Celia González –en la capilla en que celebraron 50 años de matrimonio-, se ligó con Hank desde el sexenio de Echeverría, cuando el político mexiquense gobernaba su estado y le ayudó a resolver la severa escasez de agua que se padecía en la entidad, según recuerda el exsenador tabasqueño Humberto Hernández Haddad.
Desde su campaña para la gubernatura, dice Hernández Haddad, Rovirosa mostró su filiación, al nombrar como coordinador electoral a uno de los personajes más cercanos Hank, Manuel Gurría. Uno y otros sería personajes centrales en al operación del circuito de intereses hankistas en Tabasco, del que más tarde formarían parte Roberto Madrazo Pintado y un (ex)yerno de Rovirosa, Alberto Banuet.
Casado con Margarita Rovirosa –en el libro figuran sus hijas María y Paulina-, Banuet formó parte del gabinete de Madrazo, como secretario de Fomento Económico. Más tarde, en 1999, fue el coordinador de la fundación Carlos Alberto Madrazo, plataforma de lanzamiento del gobernador como precandidato presidencial del PRI, en la elección interna que ganó finalmente Francisco Labastida.
Madrazo retomó la gubernatura (en diciembre de 1999) e impuso, en medio de protestas, a Banuet como candidato del PRI a la diputación federal por el Cuarto Distrito para la elección de julio de 2000. Banuet perdió la elección ante la candidata perredista Rosa Linda López. En vísperas de la elección, Banuet tuvo problemas con su esposa que trascendieron en la prensa de Villahermosa: en un desplegado, ella le exigió la devolución de 12 millones de dólares, que, aseguró, le había entregado para un negocio que nunca hizo.
Tras la acusación por fraude, Banuet se fue de Tabasco. Reapareció el 4 de julio, en la presentación del nuevo diario Milenio Tabasco, que, según se informó en rueda de prensa, empezará a circular a partir del 12 de octubre. La presentación estuvo a cargo de Federico Arreola, vicepresidente ejecutivo del Grupo Multimedios, que tendrá 20% de las acciones del diario; y en el presidium estuvieron los dueños de 80% de las acciones restantes: Banuet, Arturo González Marín y Jorge Macías Salas, que fueron parte del equipo de Rovirosa.
Rovirosa estudió ingeniería civil en la UNAM, a principios de los cuarenta. Ahí conoció a Elí de Gortari y a Raúl Salinas Lozano, que estudió el primer año la misma carrera y luego entró a economía. Se hicieron amigos entrañables, e incluso Rovirosa le presentó a Salinas Lozano a Margarita de Gortari, que se convirtió en su esposa. Al paso del tiempo, los hijos de ese matrimonio, los Salinas de Gortari, llamaban “tío Leandro” a Rivorosa.
No es casual que el retrato del joven caballista Carlos Salinas de Gortari esté en la residencia de Rovirosa en el Desierto de los Leones, en un fraccionamiento desarrollado ruante la regencia de Hank, Ni es casual que en el libro de Rossell figuren dos fotografías de Emiliano Salinas, jijo del expresidentes, en una de ellas portando un rosario, en actitud de rezo y enmarcado por un ventanal con la bandera de México.
La autora dedica su libro, publicado en México por la editorial Océano, “a la gente que aparece en él”. Agradece a cada uno de ellos “el haber abierto las puertas de sus casas y de sus trabajos y el haber tenido la fortaleza de carácter necesaria para dejarse fotografiar entre sus pertenencias”.
El proyecto se inició en la Ciudad de México en 1994, para luego extenderse a Monterrey, Nuevo León; Villahermosa, Tabasco; Guadalajara, Jalisco; San Antonio, Texas; Nueva York y Acapulco. Fue terminado en el año 2001.
De la fotógrafa, el presentador del libro, Barry Schwabsky, dice que centra su mirada “en su propia clase social: los oligarcas, cuyo poder económico y político mantienen a los humildes en su sitio. O no precisamente en los oligarcas en persona, sino en aquellos que viven a su cargo, sus esposas y sus hijas…”.
Las de Monterrey
Las relaciones de Daniela Rossell la llevaron a Monterrey, una de las capitales del kitsch mexicano, con sus casotas en la sierra de Chipinque que funden todos los estilos. La mayoría de los retratados residen en San Pedro Garza García, el municipio preferido por la clase pudiente regiomontana y en el que se asientan también las oficinas corporativas de las industrias y financieras más importantes.
Entre las chicas regias resaltan, entre animales disecados y monos de peluche, Francis Santos, Alicia Santos y Raquel Santos –parte del clan Santos, exdueño de ingenios azucareros que ahora se dedica, sobre todo, a negocios inmobiliarios- y Lizzy Barrera conductora de Hola Monterrey, una especie de versión televisiva de la revista Hola.
Y destaca, sobre todo, la presencia de Mauricio Fernández Garza, precandidato panista a la gubernatura de Nuevo León y reconocido coleccionista de arte, retratado al lado de su hija Vanesa en su residencia de Chipinque. En una de las fotos aparece padre e hija al lado del árbol genealógico del clan Garza Sada, raíz de buena parte de la decena de familias que controla Monterrey desde hace un siglo.
El gusto mexicano
El mal gusto no es cuestión de ideologías, comenta Tovar y de Teresa. “El problema es que, en general, el gusto mexicano se quiebra cuando recibe influencias burguesas de cortes europeas, en el primer tercio del siglo XIX.
Durante la presidencia de Gómez Farías, que es médico, se exhorta a la población a que saque a la calle sus vetustos muebles coloniales para que los queme, para evitar que se propague el cólera. La gente sustituye el mobiliario colonial por muebles estilo Luis Felipe de Orleans, que es lo que está en boga en Europa”.
Abunda: El mal gusto “procede de la carencia de gusto y la carencia de gusto procede la falta de autenticidad: porque el gusto, como decía Montesquieu, es lo que te vincula a una cosa mediante el sentimiento, y si tú no sientes nada, no tienes gusto, lo que a fin de cuentas te lleva al mal gusto. Es lo que pasa con la mayoría de los personajes del libro de Rossell”.
Con su usual sentido del humor, Tovar y de Teresa dice que “así como los cornudos son los últimos en enterarse de su condición como tales, los que practican el kitsch no tienen conciencia de que lo hacen, porque la conciencia de lo kitsch te la da la cultura, y lo que vemos en este libro es la caricatura de esta clase adinerada frente a la cultura”.
Fernando Partida, cronista de sociales de El Heraldo de México, refuerza: El libro representa a “cierta burguesía priista, a cierta plutocracia regiomontana, es en gran medida un retrato fiel de los nuevos ricos. Cada etapa de México ha tenido sus estilos de nueva riqueza y creo que este libro representa muy bien el estilo de la nueva riqueza de finales del siglo”.
Conocedor a fondo de la vida social, Partida asegura que muchas de las retratadas “pueden ser muy ricas, pero no son famosas. Se trata en todo caso de figuras inventadas por las revistas Actual y Quién, escaparates, sobre todo, de las familias Salinas, Zedilo y, más recientemente, de Ana Cristina Fox y Marta Sahagún”.
A juicio de Partida, el entorno de Ricas y famosas es muy semejante al de las telenovelas. “Los decorados son totalmente de telenovela, como lo ilustra a la perfección la residencia de Roberto Cantoral (con su hija Itatí) o la fachada del club de golf Interlomas, que evoca a la vez a Tlaquepaque y Disneylandia” (y en la que aparece Beatriz Pasquel).
Partida: “El libro de Rossell refleja un mundo virtual, al menos no es la realidad que viven 53 millones de pobres. Los ricos que retrata Rossell creen que viven bien, cuando en realidad viven en un mundo irreal, en un escenario telenovelero, con elementos decorativos y muebles baratos, muchos de ellos estilo Hermanos Vázquez…”.
“El historiador Lorenzo Meyer también se ocupó del libro, en un artículo en Reforma:
“La forma en que la artista retrata el mundo de las mujeres de las familias de los ricos mexicanos, le ahorra al estudioso de lo social el trabajo de describir esa especie de isla de la fantasía, de lo brutal e irresponsablemente excesivo, que forma el mundo de parte de la burguesía mexicana. La vida de esas mujeres ricas –que no famosas- de nuestro país se desarrolla en una autentica y moralmente inaceptable isla, cuyo problema no es su exceso de dorados o sirvientes, sino el estar rodeada y alimentada por el mar de la pobreza histórica mexicana.”








