¿Con permiso para matar? Una dama nada dejada y con sonora voz le reclamó a un policía federal su actitud prepotente cuando hacía labores de agente de tránsito durante los XVI Juegos Panamericanos en las cercanías del Estadio Chivas, éste le advirtió amenazante, palabras más, palabras menos: “Aquí todo mundo quiere levantar la voz, la gente es muy grosera y gritona como usted. Nosotros somos una policía de élite que andamos haciendo labores que no nos corresponden directamente. Estamos preparados para combatir al crimen organizado, para hacerle la guerra a los narcotraficantes, y podemos consignar a cualquier persona y hasta matarla y nada nos pasa, porque hay protección hacia nuestro trabajo, y si Derechos Humanos dice una cosa, a nosotros nos dan otras órdenes. Yo la puedo arrestar o hasta matar, así es que mejor no grite y más vale que obedezca nuestras órdenes, porque ya le advertí: como policía especializada, podemos matar y no nos pasa nada”. La mujer sólo repitió que ella hablaba fuerte de por sí, y que sólo quería escuchar sus razones. Como ésta, hubo otras muestras de prepotencia, abusos de autoridad y hasta asaltos a mano armada, como el de la madrugada del 11 de septiembre en el antro Ego, cerca de Los Arcos, cuando 25 uniformados federales irrumpieron y se llevaron cuanto quisieron, desde dinero hasta botellas de licor y vinos caros, de acuerdo con la denuncia presentada en la PGR y en la procuraduría estatal por el dueño del lugar, Roberto Godoy (Proceso Jalisco 358). Nunca se supo si alguien fue llevado o declarar o si hubo alguna consignación. Los policías federales, que por miles llegaron a Jalisco a principios de agosto, tuvieron como misión mantener la seguridad de los juegos, aunque su presencia fue vista, aun por el propio gobernador Emilio González Márquez, como excesiva.
Mientras González Márquez goza aún su celebración y se apresta a solicitar para esta capital la sede olímpica dentro de algunos años, en al menos 13 municipios costeros de Jalisco los damnificados, particularmente los campesinos que perdieron cosechas y hasta parte de sus parcelas, siguen esperando apoyos para mitigar los males que les dejó el huracán Jova. Les urge saber qué tipo de ayuda tendrán para reestablecer caminos vecinales y de acceso a sus parcelas o para encauzar arroyos o ríos que se salieron de madre. Mientras, siguen extrañando la ausencia del ejecutivo estatal. Su única visita, como ya se consignó aquí mismo, fue seis días después de los torrenciales aguaceros y apenas estuvo en cihuatlán por unas cuantas horas, pues le urgía disfrutar los juegos.
Con razón, los habitantes de las colonias de tonalá aledañas a la autopista Guadalajara-Zapotlanejo, que de un tiempo a la fecha pagan peaje para llegar a sus viviendas, se sienten defraudados por el gobernador, lo que demostrarán en las venideras elecciones. El 7 de octubre, cuando acudió Emilio González a quitar la pluma que obliga el pago de ocho pesos por cada entrada o salida de autos, los vecinos creyeron que no volverían a ver esa barrera. Pero quién sabe qué maniobras hicieron los funcionarios estatales y la concesionaria red de carreteras de occidente (RCO), y Emilio se ofreció a pagar las cuotas. Una maniobra temporal mientras se desarrollaban los panamericanos. Pero no reveló sus intenciones, que por un lado era arrebatarle a los priistas esa bandera y, por el otro, evitar que los vecinos le armaran protestas durante los juegos. Ahora el bondadoso Emilio se comprometió a pagar dichas cuotas durante los próximos seis meses, no a resolver el problema de fondo, como piden los vecinos y el alcalde de tonalá, antonio mateos nuño: desincorporar de la concesión un tramo carretero de 20 kilómetros, hasta el puente Fernando Espinosa, y así evitar el pago promedio diario de 10 mil pesos que serviría para darle mantenimiento a la carretera.
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