MORELIA, MICH.- Con el documental Silvestre Pantaleón, Roberto Olivares Ruiz, culmina “un proceso de trabajo de 15 años con comunidades indígenas”, donde el tópico principal ha sido la identidad.
El largometraje ganó como mejor documental en el noveno Festival Internacional de Cine de esta ciudad (aunque también comparte este reconocimiento con Réquiem para la eternidad, de Alberto Reséndiz Gómez) y la presea DOCS 360 Grados (otorgado por Once TV México con el Festival de Cine Documental de la Ciudad de México), y será parte de la gira Ambulante de documental en 2012.
Olivares Ruiz agradece a la vida, sus padres, su familia, a todos los integrantes de Ojo de Agua Comunicación, al productor y codirector Amith y don Silvestre y su familia “porque aportaron con mucha generosidad, paciencia y cariño para que este documental existiera”.
Para Olivares Ruiz, el mayor reconocimiento es que “la película tendrá una amplia difusión y la historia se va a conocer en muchos lugares del país”. Al recordar el inicio de Silvestre Pantaleón, confiesa que no era un proyecto de documental:
“Era una chamba de documentación. Jonathan es un antropólogo que lleva casi veinte años estudiando náhuatl y viviendo por largas temporadas en San Agustín Oapan. Él nos llamó para que realizáramos un registro en video del proceso de hacer un lazo y para entrevistar a don Silvestre. La idea era simplemente guardar ese material para las próximas generaciones y al mismo tiempo hacerle un homenaje a don Silvestre, quien ha sido su maestro por muchos años.
“En un punto de la grabación, nos dimos cuenta de que había un potencial para hacer un documental y de ahí partimos. En lo personal, me interesaba mucho compartir lo que yo estaba sintiendo al estar observando a este hombre y su familia haciendo el lazo. Me atrapó esta atmósfera y este ritmo suave pero fuerte de la vida de esta familia, y me pareció que quizá esto podría aportar un granito de arena a la comprensión de los muchos Méxicos que somos y de los mundos paralelos que existen y no vemos.”
“Levantamiento de sombra”
–¿Fue complicado mostrar a través de la lente la lucha cotidiana de este anciano del pueblo nahua de San Agustín Oapan, para que le hagan una ceremonia de “levantamiento de sombra”?
–No, porque la película nos encontró a nosotros y no nosotros a ella. Quizá la parte que significó el mayor reto a nivel de concebir la historia fue: cómo pasar de hacer un documental casi didáctico de cómo se hace un lazo, a un documental con una historia universal que pudiera tocar los corazones. Don Silvestre nos resolvió el problema cuando comentó que se sentía mal y que quería ver al curandero. En ese momento nos dio un regalo: su motivación para que la historia caminara.
“La edición también tuvo sus dificultades, porque yo no hablo náhuatl y Jonathan en este momento vive en Pennsylvania. Entonces teníamos que trabajar juntos por una o dos semanas allá y luego el venía una o dos semanas para acá, y así le hicimos durante casi un año.”
–¿Qué opina de esta ceremonia indígena, el “levantamiento de sombra”?
–Me parece hermosísima, está llena de poesía, sencillez y belleza. Por eso la dejamos un poco larga. Le he preguntado al público si deberíamos cortarla, y el 80% nos ha dicho que no. Aprendí mucho de esta ceremonia, por ejemplo, nunca había escuchado nombres de constelaciones prehispánicas. También siento que quizá la buena fortuna que hemos tenido con el documental de alguna manera tiene que ver con ese ritual.
–¿Cómo definiría a este personaje, a don Silvestre?
–Es un hombre sabio que no sabe que lo es.
“Le parece natural saber tantas cosas y entender el ritmo y el sentido de la vida. Quizá como mucha gente que vive en el campo. Hay cosas que no son fáciles de explicar, pero a pesar de que es una vida dura, está llena de significado y fluye de un modo que cuando se logra entender y sentir, te atrapa y te seduce.”
–En estos momentos en el que vive el país, ¿el documental puede mostrar algo valioso?
–La película nos ayuda a mirar con otros ojos lo simple, lo cotidiano y lo importante que esto es en la vida. Creo que también ayuda a valorar el trabajo artesanal que se hace en México, al que yo prefiero llamar arte y no artesanía, cuando no se hace en serie, y quizá también nos lleva a reflexionar un poco sobre estos mundos paralelos que a veces están tan cerca y que no logramos ver. Los puentes unen, pero a veces lo que unen acaba separando otros lugares y a las personas. Y por último, creo que nos hace pensar sobre la muerte y sobre lo efímera y frágil que es la vida.
Sobre el documental en general, opina que hay un boom del género:
“He visto documentales increíbles en festivales de cine últimamente. De hecho, creo que se está haciendo mejor documental que ficción en general y además, el documental está ayudando a formar a futuros cineastas de ficción.”








