¿Buen pastor o dictador espiritual?

Señor director:

Desde el punto de vista de los obispos y sacerdotes que discuten sobre el aborto, la ilicitud del acto no tiene vuelta de hoja. Lo que no han explicitado es en qué fundan su certeza, pues no está basada en datos científicos, ni en razones filosóficas, sino en criterios de fe y en una teología que, en el mundo moderno, no es compartida por todos los creyentes.
A partir  de la Constitución Dogmática sobre la Iglesia -Lumen Gentium- del Concilio Vaticano II, se considera que puede ser infalible un pronunciamiento de la Iglesia en virtud del “magisterio ordinario y universal” (25.2), y no necesariamente por un pronunciamiento solemne -ex cathedra- del Papa.  Y la doctrina de la moralidad de las relaciones sexuales antes del matrimonio, así como en torno del aborto y la eutanasia, corresponde al magisterio ordinario.
Sin embargo, uno se pregunta por qué habiendo tantos argumentos racionales y evidencias científicas -por ejemplo, la no formación de sinapsis en el cerebro del embrión humano antes de los 70 días,  así como la práctica médica para dictaminar la muerte cerebral en los adultos-, la Iglesia se sigue aferrando a la idea de que un embrión es persona con todos los derechos desde el momento de la concepción. Es por fe.
En 1869 se proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción, y cualquiera que hubiera sido hasta entonces la práctica que permitía el Derecho Canónico con base en la doctrina de Tomás de Aquino -sobre el momento en que el alma ingresa en el nuevo ser-, desde entonces la enseñanza pontificia consiste en que ese momento es el mismo que el de la concepción.
De esos “candados” no parecen librarse ni los cardenales, por muy papables que los quieran hacer. Su teología los encierra en el autoritarismo sin salida. Por tales razones, Hans Kung estima que el rigorismo al que ha llegado el Vaticano en cuestiones como los métodos anticonceptivos, el aborto, la eutanasia, los derechos de las mujeres, reclama una nueva teología, libre de candados y digna de la Iglesia del tercer milenio:
“Lo que debemos volver a oír de Roma
-adviete Kung- es la voz del buen pastor, no la de un dictador espiritual.” (Carta resumida.)

Atentamente
Manuel Esparza