El Departamento del Distrito Federal solicitó el registro de la candidatura de Ciudad México para la realización de los Juegos Olímpicos de 1968 el 7 de diciembre de 1962. Cinco meses después el presidente de la República -obligado por la Carta Olímpica, que exige el aval del alcalde de la ciudad, del gobernador del estado y del país que aspira a la sede-, Adolfo López Mateos, respaldó la oferta mexicana.
El 18 de octubre, el COI celebró su sexagésima sesión en Baden-Baden, Alemania. El punto 14 de la orden del día tenía que ver con el depósito de la sede de los XIX Juegos de la era Moderna. Años más tarde, la comercialización de la competencia obligó a una reforma: la futura ciudad anfitriona sería anunciada siete años antes de la realización de los juegos olímpicos.
Cinco años, entonces, fueron suficientes. Para la votación se entregaron 58 boletas a sendos miembros COI. El resultado fue abrumador. Ciudad de México recibió 30 a favor, Detroit 14, Lyon 12 y Buenos Aires 2.
La presidencia del Comité Organizador (COJO) fue encargada al ya expresidente López Mateos en los primeros meses de 1965, pero su precaria salud lo obligó a renunciar al cargo. El 16 de julio de 1966, Pedro Ramírez Vázquez fue designado como el nuevo presidente del COJO.
El trabajo de Ramírez Vázquez se resumió en dos aportaciones importantes para el olimpismo: la Olimpíada Cultural y la marcada presencia femenina en la organización de los protocolos. Enriqueta Basilio se convirtió en la primera mujer que encendió el fuego olímpico y en el 68 María Teresa Ramírez y Pilar Roldán se convirtieron en las primeras y únicas medallistas mujeres mexicanas.
En aquellos Juegos, la delegación mexicana conquistó nueve medallas, tres de oro, tres de plata y tres de bronce (siete de ellas, en deportes de apreciación). La mejor cosecha en la historia deportiva mexicana se opacó cuatro años más tarde. El contingente superior a cien deportistas que fue a Munich 72 solamente ganó una medalla de plata, de Alfonso Zamora, en boxeo.
Si se toman en cuenta solamente los números olímpicos desde el final de la Segunda Guerra Mundial -cuando el deporte comienza a institucionalizarse en todo el mundo- México es el país que menos ha aprovechado la sede olímpica para dar el salto hacia el alto rendimiento.
A diferencia de las experiencias de España y Corea del Sur, en las que el dinero invertido en sus delegaciones e infraestructura olímpicas se convirtieron en una mejor posición en el medallero y en la práctica social del deporte, en México los Juegos apenas sirvieron para los recuerdos, las instalaciones se convirtieron en mausoleos y todavía ocho años después de su realización, en Montreal 76, el eco se sintió apenas en dos medallas, una de oro y una bronce.
Sin contar los boicoteados juegos de Moscú 80 y Los Angeles 84, en donde la cosecha podría ser poco confiable, México consiguió dos preseas en Seúl, una en Barcelona y una en Atlanta.
España, por ejemplo, después de las 22 de Barcelona, ganó 17 en Atlanta, cinco de ellas de oro, más de la mitad de las nueve que ha ganado México entre 1932 y 1996.
De hecho, la última vez que se escuchó el Himno Nacional en un estadio olímpico fue el 11 de agosto de 1984, día en que Raúl González ganó el oro en los 50 kilómetros caminata.








