Las ruinas olímpicas del 68

Hoy son chatarra. Pero en 1968 fueron las instalaciones de vanguardia en el mundo.
Desde que los XIX Juegos Olímpicos le fueron otorgados a México en 1963, en la sexagésima sesión plenaria del Comité Olímpico Internacional, celebrada en Baden Baden, Alemania, el comité organizador mexicano y la Secretaría de Obras Públicas determinaron utilizar todas las  instalaciones existentes en la Ciudad de México que reuniesen condiciones de capacidad, funcionalidad y armonía de conjunto para evitar el lujo y los altos costos de construcción.
De las 34 instalaciones utilizadas, sólo siete fueron construidas especialmente para los juegos; las 27 restantes nada más fueron ampliadas o modernizadas.
A 32 años de distancia, la alberca de la Ciudad Universitaria, construida en 1951, escenario de las eliminatorias de waterpolo, se encuentra subutilizada -da servicio a 400 personas aunque tiene capacidad para 3 mil-,  y deteriorada.
El sistema de cloración no ha sido cambiado desde su construcción. Sólo ha recibido algunos trabajos de mantenimiento y es un peligro para los trabajadores que laboran en el área de máquinas, ya que una fuga de cloro sería mortal. La planta de tratamiento está inhabilitada desde hace 15 años; en su estructura metálica se pueden observar hoyos de más de 8 centímetros de diámetro.
Según explica el ingeniero Vicente López, de la empresa Energía y Medio Ambiente encargada de la rehabilitación de  las calderas el deterioro de la planta de tratamiento ha provocado también el desgaste y un mayor consumo de combustible
-100 mil pesos mensuales de diesel-, pues todos los minerales del agua pasan directamente a las calderas formando una capa de sarro que acelera su deterioro.
El cambio de las calderas costaría a la UNAM 2 millones de pesos,  pero sólo se autorizaron 200 mil pesos para el mantenimiento de toda la alberca.
El coordinador de Logística de la Dirección General de Actividades Deportivas, Alejandro Cruz, señala que aun con esas condiciones algunas autoridades pedían que la alberca empezara a funcionar. “Yo no diría que es de mala fe, pero sí que es ceguera”.
El uso de la alberca en esas condiciones hubiera provocado serios daños en la piel de los usuarios. Las autoridades comprendieron la magnitud del problema y al poco tiempo se encargó el mantenimiento de la alberca a la empresa Energía y Medio Ambiente.
El costo de la obra fue de 63 mil 355 pesos, los trabajos consistieron, según se estipula en la factura emitida por dicha empresa, en tratamiento ocasional extraordinario para el balance, saneamiento y desinfección de 5 mil 852 metros cúbicos de agua, corrección del PH al rango de 7.4 al 7.6, cloración hasta el rango de 1.0 al 1.5 PPM, eliminación de cloraminas hasta 0.3 PPM, y eliminación de algas, de coloración y turbidez.

No hay recursos

Los problemas de desgaste también afectan a las instalaciones olímpicas administradas por el Gobierno de la Ciudad de México.
“La Alberca Olímpica como todas las instalaciones del Instituto del Deporte, tiene un presupuesto muy recortado, que no es suficiente para todo lo que necesita, ya que son instalaciones muy grandes que requieren de muchos recursos humanos y financieros para su mantenimiento y no tenemos ninguno de los dos. Por eso siempre hay que ir midiendo y dosificando el presupuesto” señala Carlos Albert, director del Instituto del Deporte del Distrito Federal.
En la Alberca Olímpica laboran 216 personas, de las cuales 95 son entrenadores de 38 disciplinas y se realizan alrededor de 22 actividades relevantes al año.
Sin embargo no se encuentra en óptimas condiciones:
“Las calderas requerirían un cambio total, son calderas muy grandes de diesel. Y denotan el paso del tiempo porque estamos hablando de calderas con 33 años de uso” señala Albert.
Comenta que uno de los principales problemas a los que se enfrentó al tomar las riendas del deporte de esta ciudad fue que las instalaciones estaban en “franco deterioro”.
La Alberca Olímpica, que en comparación con los otros inmuebles se encontraba en mejores condiciones, solamente había recibido mantenimiento “en lo que se veía”: las tribunas y la piscina.
A su llegada, al actual Gobierno del Distrito Federal (GDF) recibió 11 instalaciones, 5 de las cuales eran olímpicas: el velódromo Agustín Melgar, la Sala de Armas Fernando Montes de Oca, el Gimnasio Juan de la Barrera, la Alberca Francisco Márquez, y la pista de Remo y Canotaje Virgilio Uribe, en Cuemanco, Xochimilco.
Aunque las instalaciones se encontraron en mal estado no pudieron recibir un tratamiento inmediato, pues el deporte capitalino ha sido también afectado por los recortes al presupuesto realizados por la Asamblea Legislativa, por lo que los recursos sólo les alcanza para ir dosificando los trabajos de mantenimiento.
Informa que la Alberca Olímpica tenía serios problemas como el rebosamiento del agua, por problemas con un desnivel lo que provocaba que el agua no se reciclara como debía. Se rehabilitó y se cambió la instalación hidráulica, ya que tenía problemas de fugas. Se cambió la tubería  galvanizada por otra de PVC, de mayor duración. En estos momentos se efectúa la rehabilitación de la alberca de calentamiento, cambiando todo el azulejo y se trabaja en su renivelación.
El velódromo olímpico, construido con madera africana, se encontraba hasta no hace mucho en pésimas condiciones, con las maderas levantadas y hoyos en la pista, remendada con madera de pino y bejuco. La nueva pista se construyó de concreto prefabricado.
La Sala de Armas, en la cual se llevaron a cabo las pruebas de esgrima y de pentatlón moderno, está totalmente abandonada. Llegó a utilizarse como bodega. Actualmente se realizan trabajos de mantenimiento y de modernización, con sistemas antincendios, alarmas sísmicas, cambió de tableros y de duelas.
La pista de remo y canotaje de Cuemanco se recibió con problemas en el mantenimiento, pues estaba llena de lirio y presenta una falla en el fondo de su estructura. Además, los vecinos del lugar utilizaban las zonas verdes como pastizales para su ganado.
El Instituto del Deporte reforzó la cimentación de la parte oriente, con lo cual se busca evitar el problema de la desnivelación, pero se considera muy difícil regresarla a su posición original. Según el administrador de la pista, José Luis Valero, donde se inicia la pista “puede tener de profundidad un metro y en donde termina ya se tienen al rededor de 3 metros”.
Este desnivel afecta a la Liga de Beisbol  Mexica, cuyos campos desde hace 14 años son invadidos por el agua que se sale de la pista.
El problema se ha estado atacando con trabajos de la Secretaría de Obras del DF. Se colocaron muros de arena de contención para parar el agua y se inyecta concreto en la fuga, pero no se pudo eliminar completamente. “La única forma en que se puede arreglar la fuga es retirando el agua y volviendo a meter el concreto en el piso, pero el costo de esa obra sería tanto como volver hacer esa parte de la pista” explica el administrador.