No hay tecnología perfecta”, asegura Salvador Landeros, doctor en telecomunicaciones, al comentar el fin prematuro que tuvo el satélite Solidaridad I el 29 de agosto, ocho años antes de concluir su vida útil.
Director de Explotación de Satélites Nacionales de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes de 1983 a 1988 -tiempo en que se pusieron en órbita los Morelos I y II-, considera, sin embargo, que los riesgos de perder un satélite podrían reducirse si México contara con suficientes especialistas que verifiquen si en la construcción se cumple exactamente con el diseño.
Según Satélites Mexicanos (Satmex), propietaria de los satélites mexicanos, y el fabricante Hugs Space and Communications, el Solidaridad I presentó una falla en su microprocesador o cerebro, e inclusive en su réplica, porque se usó estaño para construirlos.
En el espacio, ese material se alteró y provocó un corto circuito en el microprocesador primario; el satélite desvió su orientación y vino la suspensión del servicio en dos ocasiones en 1999. El 27 de agosto último ocurrió una falla en el microprocesador secundario, que ocasionó la pérdida de la energía eléctrica almacenada en las baterías. La interrupción de las comunicaciones afectó a empresas extranjeras y mexicanas de importancia, como televisoras, telefonía rural y educación a distancia.
Igual podría suceder con los microprocesadores del Solidaridad II. Ambos satélites fueron comprados y puestos en órbita en 1994 y 1995, en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari.
En sus producciones posteriores, Hugs cambio el estaño por el níquel.
Gianfranco Bissiachi, jefe del Laboratorio de Instrumentación Espacial del Centro de Instrumentos de la UNAM, dice que en México hay potencial para desarrollar ingeniería satelital, por lo que lamenta que se haya interrumpido el programa espacial de esa casa de estudios.
En 1996, recuerda, la UNAM pudo poner un satélite en órbita. Dice que el Instituto Politécnico Nacional continúa con esos esfuerzos y “están trabajando duro para llegar a poner otro satélite en el espacio”. Considera que “es muy importante que estas cosas tengan continuidad. Pero este es uno de los problemas básicos del país”.
Satmex (antes Telecomm) fue empresa estatal hasta octubre de 1997. La familia Autrey ganó su licitación. Los satélites Morelos I y II habían cumplido su ciclo de vida útil, por lo que adquirió los Solidaridad I y II. Posteriormente, compró el Satmex 5.
La compañía Principia, de la familia Autrey, y Loral Space & Communications, adquirieron 75% del capital de Satmex. El 25% restante es propiedad del gobierno federal, sin derecho a voto.
De acuerdo con sus resultados financieros para el segundo trimestre del año, Satmex reportó ingresos por 22.8 millones de dólares, comparado con ingresos de 25 millones de dólares (cifra que no incluye el arrendamiento de dos transpondedores a la empresa Loral Skynet por 17 millones de dólares), y flujo de efectivo operativo de 14.9 millones durante el segundo trimestre de 1999.
Bernard L. Schwartz, presidente del consejo de administración y presidente ejecutivo de Loral Space & Communications, comentó: “Una vez más, Satmex ha logrado resultados saludables y márgenes sólidos. Los directivos de Satmex tienen el control total de la empresa y nosotros estamos verdaderamente satisfechos”.
Satmex es una suerte de monopolio. Aunque eventualmente no dé un buen servicio, sus clientes no pueden salirse con facilidad. Salvador Landeros explica que “los clientes pueden ir a otra empresa de satélites, pero siempre y cuando no se exceda cierta capacidad, porque si no al rato todos se van y se quedan los satélites vacíos, porque se trata de proteger a los satélites mexicanos”.
Al comentar las fallas del Solidaridad I, la empresa informó que durante los últimos 10 años, de aproximadamente 200 satélites de comunicación que están en órbita, propiedad de diferentes compañías, se han presentado 173 anomalías, de las cuales sólo 10% se calificó como pérdida total.
De las anomalías que se han presentado, las más frecuentes han sido en la carga útil de comunicación, seguidas por la desviación en la orientación. Entre las demás causas figuran las que afectan los subsistemas de control de energía eléctrica y las que dañan los comandos de telemetría. Las menos comunes son las relacionadas con aspectos térmicos o con errores de operación.
Por otra parte, desde que se inició la industria satelital en el mundo, la incidencia de este tipo de eventos ha sido continua, con un promedio de 15 eventos anuales, independientemente del fabricante y del tipo de satélite de que se trate.
“Estadísticamente, la gran mayoría de las anomalías no son fatales y la probabilidad de ocurrencia de repetición de falla en un mismo satélite es muy baja. De los aproximadamente 200 satélites comerciales en órbita, cada año fallan en su totalidad uno o dos”, señaló.
Materiales inadecuados
Salvador Landeros, quien puso en marcha la red satelital de Telmex y fue encargado de la informática y las telecomunicaciones del Instituto Nacional para el Combate a las Drogas, coincide en que alguno de los materiales del Solidaridad I falló.
“En la construcción de un satélite la parte técnica es importante. No sólo se deben tomar en cuenta el precio y el tiempo de entrega del aparato, sino supervisar muy bien su construcción con especialistas de alto nivel. Por eso en México deben formarse formen más especialistas que tengan la capacidad de hacerlo.”
Aunque Satmex es una empresa relativamente joven, como su presidente, Lauro González, los técnicos controladores tienen mucha experiencia, pues han operado satélites durante 15 años.
“El presidente de Satmex no está en el centro de control operando el satélite, monitoreando y dándole comandos. Tiene que ver con la administración de la empresa, sus finanzas, y de él dependen otros directivos y de éstos los técnicos, los que controlan el satélite.”
Landeros señala: “No conozco un solo caso en donde por un error operativo se pierda un satélite. Al mandarle comandos, al estarlo monitoreando, normalmente participan varios especialistas. Un solo comando lo envían entre varios. Un comando puede ser para moverlo; si se mandara equivocadamente, lo peor que puede pasar es que se mueva demasiado y se regresa. Esto representa consumir combustible y acortar su vida útil por ese error, pero el satélite sigue allí.
“Si se envía un comando para inclinarlo un poquito y se pasa, se pueden perder las comunicaciones unos minutos; se le vuelve a enderezar. Si se envía un comando para descargar las baterías y éstas se dañan, de todos modos están las celdas solares. Las baterías sirven para casos de eclipse, y nada más los hay dos veces al año, en marzo y en septiembre. Si se dañaran las baterías, no servirían los satélites en períodos de eclipses.”
Descarta, por tanto, que la pérdida del Solidaridad I se deba a una falla en la operación o la impericia. “Cuando el gobierno desincorporó Satmex, vendió tanto los satélites en órbita como el centro del control, cuyo personal pasó íntegramente a la empresa privada. Desde el punto de vista de la experiencia operativa, hay capacidad”.
En la parte operativa, abunda, México está listo, pero en la supervisión “debemos preparar más ingenieros mexicanos. Hay pocos, muy pocos. La ingeniería mexicana debe tener la capacidad para entrar a todo este tipo de proyectos de alta tecnología. Supervisar con todo rigor lo que aparece en el diseño, porque en la construcción del Solidaridad I no se siguieron las especificaciones exactas”.
En entrevista por separado, Gianfranco Bissiachi considera que hacer un satélite comercial o alguna de sus partes requiere de un trabajo largo, de un esfuerzo mayor y mucho apoyo. Inclusive, se debe salir del ámbito académico para llegar a niveles de competencia comercial. “Se necesita muchísimo más trabajo, pero si no se empieza, no lo vamos a lograr. Estoy convencido de que para aprender a hacer tecnología hay que empezar con un esfuerzo pequeño y crecer. Hay que regar plantitas”.
Un grupo de ingenieros egresados de la UNAM, encabezados por Bissiachi, construyó los UNAMSAT I y UNAMSAT II, satélites pequeños, en forma de cubos, de medio metro por cada lado, con celdas solares. En Rusia, fueron lanzaron los dos. El primero se perdió al explotar el cohete. El segundo tuvo éxito, entró en órbita a 800 kilómetros y empezó a operar. El tiempo de vida útil de estos aparatos es de tres a cuatro años; no viajan simultáneamente con la Tierra, sino que en una o tres horas le dan la vuelta, por lo que hay que rastrearlos.
En cambio, el Solidaridad es geoestacionario, es decir, acompaña el movimiento de la Tierra; se encuentra a 36 mil kilómetros de distancia y mide 22 metros de largo, con sus paneles solares desplegados.
El UNAMSAT II medía la velocidad y la trayectoria con la que entran los meteoritos a la Tierra, para saber de dónde venían. Se usó para investigaciones astronómicas. Sin embargo, su tiempo de vida fue de sólo dos años, porque empezó a tener problemas en el subsistema térmico, al no utilizarse los materiales adecuados para mantenerlo en equilibrio térmico. Las altas temperaturas espaciales ocasionaron que su parte electrónica no funcionara.
Comenta que el Solidaridad I desde el año pasado había tenido problemas con su sistema de cómputo. “Se compuso con la computadora secundaria, de respaldo, pero aparentemente he de suponer que el mismo tipo de falla afectó la primaria y después la secundaria. La empresa dice que, al estar en el vacío, el estaño con el que están hechas las pistas principales del circuito se evapora y tiende a formar puentes que puedan generar un corto circuito”.
Explica que “el nivel de riesgo al lanzar un satélite siempre será más alto que una tecnología de Tierra. Eso es inevitable”.
Sin embargo, coincide en que se requieren especialistas mexicanos para evitar la compra de tecnología poco eficiente.
“Si el esfuerzo es continuo y se prosigue, no hay razón para que los países como México no lleguen a tener tecnología propia. Así empezaron los países industrializados. Claro, tienen más recursos y caminan más rápido. Creo que el esfuerzo se tiene que hacer, no pretendiendo sustituir todo, pero sí para tener la experiencia que nos permita hacer parte de los satélites.”








