Exterminio

Agotado el sondeo personal con la mayoría priista en la Comisión Permanente de la Legislatura que se fue, a insistencia también personal del padrino del presunto, la conclusión fue contundente: “No pasa”. Y contundente fue la receta diplomática de la Secretaría de Relaciones Exteriores: “Diga sólo que no quiere…”.
En segundos, pues, se derrumbaba el anhelo del empresario Juan Gallardo Thurlow -o quizá más fácil: el sueño obstinado del secretario de Comercio, Herminio Blanco Mendoza- de ser embajador de México en Francia, casa propia apenas adquirida en París; recepción inolvidable en el Pedregal de San Ángel al calce. Y apresurada negociación con los iracundos banqueros acreedores para evitar molestos litigios judiciales…
El hombre del cuarto de junto en la negociación de los Tratados de Libre Comercio con Estados Unidos y con Canadá y con la Unión Europea, el portero del equipo patronal que se mantuvo estático frente al autogol en Washington que empujó la quiebra de la industria que representaba, como embajador de la Secofi.
-Ya ve usted cómo están los del partido…
Ahora que la lección de lealtad, refrendada al infinito con el penoso capítulo de la histórica concesión a un consorcio de capital mexicano-argentino-francés para instalar la base de datos del Registro Nacional de Vehículos, ha sido la constante en la obstinada permanencia del señor secretario.
Firme en la consigna frente a la embestida de la ira, Blanco presionó a los gremios productivos aterrados por el golpe de la macrodevaluación del 19 de diciembre de 1994, a comprometerse a mantener sus precios sobre la base de un dólar de cuatro pesos… cuando la cotización llegó a ubicarse en siete.
Qué importa si de pronto, al fragor de un cónclave de damnificados en Monterrey, a quienes flagelaba la furia del monto a que ascendían los intereses bancarios, algún empresario haya sugerido el mote: Se llama Exterminio.
Y Extermino se le quedó.
Qué importan, incluso, los letreros de “Welcome, Mister White” con que lo recibió el sarcasmo perredista en una de tantas batallas en la Cámara de Diputados. Y qué importan los derrames de miles y miles de litros de leche hacia las alcantarillas de la explanada de la Secretaría, por parte de violentos productores de la Cuenca de Tizayuca…
… o el remate de una docena de toneladas de frijol por parte de agricultores de Veracruz, otra vez al pie de la torre de la calle en homenaje a Alfonso Reyes.
Lo importante, en tal caso, era mantener firme la apertura comercial del país, es decir, la señal a todos los confines del planeta Tierra de que México es el único país que entiende a cabalidad el significado de la globalización.
Bienvenida la alta fructuosa estadunidense, aunque no pase el azúcar mexicana. Bienvenido el suero lactosado de Canadá, la carne choise Made in USA, el amoniaco ruso, las bicicletas chinas, los carneros de Nueva Zelanda o el frijol africano…
Y con el propio pendón en alto, la tenacidad de Herminio Blanco Mendoza nos convirtió en la nación con más tratados o acuerdos de libre comercio en el planeta.
Y ni modo de empañar las medallas alegándole a los gringos que ya se cumplieron cinco años de la resolución de la Organización Mundial de Comercio en que se califica de infundada, y por tal injusta, la sanción aplicada al cemento mexicano por el Departamento de Comercio de Estados Unidos, imputando a las empresas exportadoras presuntas prácticas de dumping o precio inferior al de su propio mercado… por más que las cuotas compensatorias tengan ocho años de vigencia.
Total, ya viene la quinta revisión al monto del castigo por parte de la Comisión de Comercio del país de las barras y las estrellas. Y quién quita y se le toque el corazón…
Y ni modo también de ponerse al tú por tú frente al cierre de la frontera de allende el Bravo a las escobas de mijo o al incumplimiento de los compromisos del propio TlC en materia de transporte de carga y pasajeros.
Ahora que el secretario de Comercio mantuvo viva, estoica, la bandera de la legalidad al desconocer la elección del presidente de la Concanaco, Yamil Hallal, por más que en la segunda vuelta, esta vez con el padrón sin borraduras o enmendaduras, los votantes hubiesen refrendado, contundente, el triunfo del aguerrido empresario sonorense.
Y tengan su política de fomento.
Ave de las tempestades.