Leo Beenhakker, como Alfredo Tena, no terminó su compromiso con el América por diferencias con el presidente del equipo. El desenlace, aunque semejante, tiene diferencias importantes. Beenhakker hizo del América en el torneo 1994-95 un equipo espectacular, ofensivo, goleador, taquillero y líder de la tabla general. Ya calificado, se perfilaba a conquistar el título, pero, de manera inesperada, fue cesado por el entonces presidente Emilio Diez Barroso.
Alfredo Tena también salió por desacuerdos con su presidente, Javier Pérez Teuffer, pero a diferencia de Beenhakker sus resultados no fueron tan favorables.
En entrevista telefónica, Leo Beenhakker, desde Holanda,sostiene que, contra la opinión generalizada, “no es difícil manejar al América”. Precisa que para estar en el América, el Ajax, de Holanda; el Real Madrid, de España, o el River Plate, de Argentina, se requiere “un entrenador de gran personalidad”.
–¿Es difícil manejar un equipo como el América, por todo lo que le rodea?
–No, cuando menos no fue difícil para mí, que tenía mucha experiencia con grandes clubes. Cuando me contrató el América yo había dirigido a jugadores que eran figuras mundiales, tanto en el Ajax, donde estuve cinco años, como en el Real Madrid, donde permanecí cuatro. Esa experiencia me permitía arreglar cualquier problema de la cancha. Todos los clubes grandes, por su historia, requieren un entrenador de gran personalidad para manejar toda la presión que se genera en el entorno. El América tiene las características y las dificultades de los grandes equipos del mundo.
–¿Crece la presión cuando se acumulan los años y no llegan los títulos, como en el caso actual del América, con 11 años sin ser campeón?
–Es lógico. Hay muchos intereses, tanto económicos y deportivos, como comerciales. El entrenador que maneje equipos de ese nivel tiene que poseer buena preparación y una gran personalidad.
Una historia sin final
Beenhakker, a seis años de distancia, todavía no se explica por qué lo echó el presidente Emilio Diez Barroso:
“Yo jamás he tenido problemas con los directivos en los equipos que he trabajado. Ni con los jugadores ni con los empleados del club ni con dirigentes de otros equipos. Mi separación del América es una gran incógnita, la más seria en mi carrera. Interpreto que se trató de un conflicto personal, pero desconozco los motivos.”
–¿Usted tenía mala relación con Emilio Diez Barroso?
–No.
–¿Él fue quien lo contrató?
–Yo no sé… Le estoy hablando de 1994, bueno, cuando menos al final él fue quien firmó mi contrato para que dirigiera al América.
–¿Hablaba de futbol con él?
–Normalmente teníamos una reunión por mes. Hablábamos en general del equipo, de los jugadores, lo normal en un club entre un presidente y un técnico. Hasta que sucedió mi cese. De un día para otro se decidió retirarme del cargo. Yo todavía no sé la razón.
–¿Nunca recibió una explicación?
–No, nunca. Mi relación con el América es normal, no tengo problema, sólo el presidente que me dijo que me podía marchar. Cuando dirigí al Guadalajara visité al América y todo fue cordial y bueno. Mi relación con todos es excepcional, con la afición, con los jugadores, con los dirigentes.
–¿Usted entiende lo que pasó?
–Nadie lo entiende. Habíamos hecho un América espectacular, que llenaba el estadio, rompimos todas las marcas del futbol mexicano, más goles a favor que nunca, más puntos que nunca, no sé… Es algo que no entendí ese día ni entiendo ahora.
–¿Volverá?
–Sí, pero no ahora. Le he dicho al vicepresidente Alejandro de Haro que me interesa volver al América porque es un club fenomenal para trabajar. Tiene muy buenas instalaciones, una gran afición, un estadio con mucha historia, en fin, en plan profesional me interesa volver algún día. Pero por el momento prefiero quedarme en Holanda. No busquemos causas ocultas, porque no existen.
–¿El próximo torneo, en enero?
–No sé si pueda ir allá en enero o cuándo, porque yo vivo hoy. He dicho que no tengo las puertas cerradas, ni en México ni en el América. Sólo tengo recuerdos fantásticos del América. Pero saber del futuro, sólo Dios.
–¿Qué jugadores crecieron cuando usted dirigió al América?
–Comenzaban en aquella época Germán Villa, Rodrigo Lara, Cuauhtémoc Blanco, unos tíos que tenían posibilidades, yo los puse a jugar, les di continuidad, y ahora sé que todos están en la Selección mexicana, lo cual me da gusto.
Beenhakker sabe que es bien recordado en México, pero que también él la pasó bien:
“Es un sentimiento recíproco. Estos
días me han hablado mucho de México. Tengo muy buenos recuerdos y amigos. En cuanto al América, en su relación conmigo, le puedo decir que hay amor recíproco. El futbol mexicano me gustó, porque, como futbol latino, es caliente, se vive con mucha pasión.”
–¿Por qué decidió usted quedarse en Holanda?
–Es un asunto personal.
–¿El América es un desafío en el corto o mediano plazo?
–Hombre, seguro que sí. Yo soy un hombre que, como entrenador, busca conectar a su equipo con la afición, porque los aficionados son lo más importante del futbol. Y el América tiene una gran afición. Los recuerdos que tengo de la gente son maravillosos. Comenzamos con 20 mil aficionados en el estadio Azteca y en tres semanas ya teníamos el estadio lleno. Y así estuvimos hasta el final. La gente del América merece todo. Esa conexión con la gente no sólo se dio en el estadio Azteca, sino en todos los lugares donde jugábamos.
El aval de 10 títulos
Leo Beenhakker ha ganado 10 títulos en su carrera. En Holanda y en España conserva su prestigio intacto. Ha dirigido en mundiales, copas de Europa, en la UEFA, la Recopa. En México manejó a los equipos con mayor convocatoria, pero no pudo terminar su tarea. En el América, por razones que sólo conoce Emilio Diez Barroso, y en Chivas, porque estuvo apenas unos meses, poco antes de regresar a su país para atender asuntos
familiares.
–¿Por qué rechaza ahora al América?
–Mi decisión es personal, familiar, no está relacionada con el América. Quiero quedarme en Holanda.








