Perder 11 temporadas seguidas en la ruleta del futbol puede ser una racha vulgar para cualquier equipo. Pero cuando sucede en la vida de un club grande, eso es una barbaridad. El América vive ese trauma, 11 años al viento sin liga, sin una final siquiera. Y lo peor es que no se ve para cuándo lleguen los días benditos.
Con Alfredo Tena fuera del banquillo, América tiene enfrente a su pasado. Desde 1990 ha echado mano de 19 técnicos. Una cifra caótica si se la compara con los tres del Necaxa o los cinco del Toluca.
Si bien es cierto que en el futbol lo que manda es el marcador, y que a Tena se le ha escapado de las manos con 43% de efectividad, también lo es que en este deporte la continuidad es la que trae los campeonatos. Y está fuera del plantel desde el 89, el último año en que el club logró ser materia exquisita para la tribuna.
Ahí no para el drama. Entre 1960 y 95, dos hombres controlaron la presidencia del club, Guillermo Cañedo y Emilio Diez Barroso. Pero en los años que separan al 96 con el presente, han pasado por el cargo cuatro nombres: Eduardo Orvañanos, Pablo Cañedo, Raúl Quintana y Javier Pérez Teuffer. El doble de hombres en una séptima parte de años.
Los funcionarios del futbol dividen la estructura de los equipos en tres grandes niveles de estudio: el de la directiva, el del cuerpo técnico y el de los jugadores. ¿Qué ha pasado con el tercero dentro de América? Mucho. En los últimos cinco años entraron a sus vestuarios más de 35 jugadores extranjeros, una cifra insospechada en equipos de triunfo, como Necaxa, Toluca o Atlas. Y qué decir de los de casa.
La regla que impera desde hace 11 años en Coapa es sencilla: presidente que llega, nombra su técnico, que a su vez nombra su plantilla de nacionales y de foráneos. Y el título de liga, afuera, esperando.
Cuando Javier Pérez Teuffer anunció el despido de Tena, sin quererlo puso un separador en la biografía del club, el último símbolo de la cancha se había perdido en la estrategia. Se acabaron 26 años de historia compartida.
El 26 de mayo de 1974, Alfredo Tena debutó como el 4 del América. Había llegado al club a los 13 años, con una facha peculiar. Era largo, exageradamente delgado, con rodillas remarcadas como nudos marinos. Y, para colmo, su trato con el balón era el mismo que se tienen un hombre y una mujer una semana antes del divorcio.
Pero tenía un extraño espíritu de perfeccionamiento. Entrenaba horas extras y sometía sus músculos a sesiones agotadoras de gimnasio. Al poco tiempo logró salir del área con el esférico pegado a los pies, controlándolo con pequeños golpes desde la parte interna del zapato. Y su juego aéreo terminó siendo eficiente y efectivo.
América enfrentó aquella tarde al Cruz Azul en el juego por el Campeón de Campeones. El entonces técnico americanista, José Antonio Roca, dice hoy que alineó desde el principio a Tena con una función prevista, que no dejara en paz al peligroso delantero paraguayo Eladio Vera, el segundo goleador de los rivales. El muchacho hizo lo que pudo para mantenerlo a raya. Pero al final, Vera y los cementeros ganaron 1-0 y lograron el único trofeo de campeón de campeones que presumen en sus vitrinas hasta hoy.
Años más tarde, cuando le pidieron la renuncia al cargo de técnico, con el que se presentó en 27 juegos, de los que ganó nueve y perdió 10, Tena pensó en aquella tarde, como si su memoria fuera un recurso renovable. “Ha sido un duro golpe para todos. América es mi equipo”, diría acongojado.
Pero, el lunes 14 de agosto de 2000, Tena quedó en silencio. No volvió a hablar sobre su despido.
–No, no quiero; esta vez no voy aceptar la entrevista para Proceso.
–¿Por qué no?
–Porque seguramente voy a tener que hablar mal de alguien y no quiero hacerlo.
–¿No es el tiempo para hablar?
–No creo que sea lo mejor para mí, para el club y para los aficionados. No, la verdad es que no estoy de ánimo.
Tena estaba fuera desde que decidió alinear a Cecilio de los Santos en un juego eliminatorio para la Copa Libertadores. La polémica con su presidente llegó por dos razones: los 38 años de De los Santos y la aguja que este jugador tiene metida en la rodilla derecha que lo hace correr rengo. Pérez Teuffer le dijo a Tena, déjalo fuera. Lo metió, y todo se vino abajo. América terminó arrollado 1-5 frente al Atlas, sin encontrar nunca el móvil del crimen. La discusión posterior llegó a los insultos y terminó en lo que el directivo llamó ante la prensa falta de disciplina.
“Y de eso no vamos a hablar Proceso y yo”, advirtió también Perez Teuffer el jueves 17 en su oficina de la colonia ex Hacienda de Coapa.
El currículum vitae de Tena quedó en el locker con todo y sus sustancias: 448 juegos como profesional –la segunda mejor marca en la historia del equipo, sólo atrás de Cristóbal Ortega– y seis títulos de liga –de los ocho que ha ganado América.
“No, sobre Tena no se tomó una decisión visceral; la veníamos pensando desde hace tiempo”, dice Javier Pérez Teuffer, el más reciente presidente de Las Aguilas. “Nos juntamos para hacer una reunión de evaluación y resolvimos que teníamos objetivos diferentes. Su salida fue una decisión difícil, porque es una persona muy importante para la institución, pero la mejor para el equipo”.
–Pero, ¿por qué no despedirlo después de la eliminación de la Libertadores o de la Liga pasada? En la fecha dos, parece un desatino.
–Es mejor llegar a esa decisión en la fecha dos que en la fecha 10.
–¿Cuánto tuvo que ver el caso De los Santos en esto?
–La verdad es que sí salió el tema de Cecilio. Yo le pedí que no lo llevara porque estaba muy viejo para el resto del plantel. Le repetí que no estaba de acuerdo con su alineación. Y de regreso lo discutimos, y de lo que paso después no vamos a hablar usted y yo. A Tena lo quiero, lo respeto y no voy a decir nada.
Pier Paolo Pasolini necesitó un artículo para defender la idea de que el futbol es un “sistema de signos”, como el lenguaje. América ha confirmado a Pasolini en los días posteriores a la salida de Tena, los signos de la crisis en la cancha se ven en los rostros de los jugadores, del presidente y de los aficionados que asedian el club en el día de práctica.
Pasa todo y nadie dice nada. Ninguno se atreve a ventilar lo que sucedió en el vestuario, en la oficina, en la práctica, vamos, ni en el banquillo. El empleado Tena se fue de la empresa y todos comenzaron a olvidarlo desde el minuto siguiente de la despedida.
Nada es para siempre. Todos los saben. Un técnico llega a un club con las maletas listas. Sabe que el día de la presentación está comenzado a despedirse. Cuando el club lo respalda, el entrenador debe subir a hacer su equipaje porque en la siguiente semana está su despido.
Tena no tuvo manera de sujetarse de la caída. Sus números comparten la mediocridad de los de Carlos de los Cobos, quien en 13 partidos dirigidos ganó tres y perdió cinco y los de Ricardo Antonio Lavolpe, quien al principio del Invierno del 96 dirigió cuatro enfrentamientos, ganó uno y perdió tres, uno de ellos por goleada ante Guadalajara.
“Soy americanista desde antes de nacer”, sentencia Pérez Teuffer, en traje gris, camisa blanca y corbata azul plagada de logos de las Águilas, como adelantara su epitafio. “Y quiero un América ganador, ofensivo y espectacular”. Eso lo tiene en mente como meta para las próximas cinco temporadas. Por el momento tiene que arreglar el tiradero.
“Sí, reconozco que nuestra situación es preocupante. Contamos con un plantel que debe tener éxito y no lo tenemos. Pero vamos a salir adelante. En el último juego hemos debutado a cuatro jugadores de nuestras fuerzas básicas y nuestra estructura puede decirse que está completa. Hemos demostrado que queremos continuidad y saldremos adelante.”
–Pero a la tribuna le hace falta la liga, por más que se diga.
–Bueno, es cierto que han pasado 11 años sin campeonato, pero hay razones, mas no pretextos. Más allá de la falta de continuidad, nosotros jugamos una final cada semana, todos los equipos quieren ganarle siempre al América. Por eso lo peor que nos puede pasar ahora es que nos desesperemos, tanto los aficionados como nosotros.
El presidente de las Águilas cree que la bronca dentro del plantel pudo haber estado en la banca, sobrecargada de talento y de nómina:
“Esa situación se te revierte porque a la larga no puedes detener los problemas afuera del vestuario. Se crean pleitos innecesarios entre los jugadores. Debemos tener una banca menos pesada pero más funcional.”
En otros tiempos las cosas fueron distintas. Y los resultados, otros.
Un año antes del Mundial del 70, la Selección chilena vino por un partido contra la mexicana. No hubo mucho para la preparación nacional. Pero sí para el América. Un hombre que años más tarde se haría famoso como vicepresidente técnico de los Cremas fue advertido de la grandeza de un talentoso y joven volante chileno. El observador estuvo presto, pero el muchacho salió por bronca antes de que el partido calentara.
Meses después, en febrero de 1970, el fichaje llegó. El prodigio jugó por Colo Colo un partido de un torneo hexagonal sudamericano –al que fue invitado el América– contra Santos, de Brasil y de Pelé. Lo dicho, un prodigio. “Lo quiero para el América”, pareció decir en voz alta el cazatalentos. Y sí, después de una tersa plática con el agente, Carlos Reynoso llegó al América por 22 mil dólares.
El culpable del fichaje fue Panchito Hernández, por 27 años, hombre punta en la dirección americanista. Hoy, retirado, asiste a los juegos sin decir nada a nadie, está fuera de la familia.
“Emilio Diez Barroso –cuenta hoy Hernández desde su casa, en la Campestre Churubusco– tenía una frase que viene muy a modo para darnos cuenta qué está pasando con América. Decía: debemos ser siempre 25% mejores que cualquier equipo, porque somos los más grandes. Y la verdad es que hoy América no sólo no está una cuarta parte arriba de sus rivales, sino que puede estar, inclusive, muy por debajo.”
Y todo, sostiene, por la falta de continuidad en todos nuestros niveles.
“Un club que se considere grande no puede cambiar 19 de técnico en 10 años y cuatro veces de presidente en cinco. La palabra mágica del futbol es continuidad, sin ella nadie hace nada.”
Habla entonces del Toluca, de que Lebrija lleva cinco años en la presidencia, Enrique Meza otros cinco en el banquillo y de que le ha dado tiempo a sus estrellas extranjeras, como Fabián Stay y José Cardozo. “Esa costumbre no la tiene otro equipo en la actualidad. Hemos tenido 35 extranjeros en casa y nadie ha dejado nada, ni el mismo Stay. Me pregunto: ¿Qué criterio tienen las contrataciones de extranjeros y de mexicanos?”.
Se pregunta, además, si Fernando Tena eligió a los colombianos recién llegados o los contrataron a pesar suyo. “Me parece que ahora el técnico no tiene decisión de compra. Se compra por videos o por oídas”. Panchito Hernández nunca supo quién viajó por el equipo para analizar a Alfaro Moreno a Ecuador o a Leo Rodríguez a Chile. Pero llegaron tan rápido como se fueron. “No creo que las cosas no se llevan a cabo con las exigencias que deben tener los equipos grandes, y América lo es”.
Pone otros nombres: Ramón Ramírez, bueno en un equipo chico, con grandes cosas en Guadalajara, pero nada en América. Damián Álvarez, sin grandeza, sin características físicas y filosóficas para convertirse en Águila.
–¿Por qué llegaron, Panchito?
–Eso es lo que me preguntó: para qué llegaron.
Hernández se queja de que el nuevo presidente hable de dificultades en el monedero. “América nunca ha tenido problemas de presupuesto. Cuando faltaba dinero, el mismo presidente ponía de su bolsa para completar la nómina”.
Otro ejemplo:
Cuando ficharon a Dirceu nos faltaba dinero. Era el tercer mejor jugador de Argentina 78. Pero creían que valía la pena el desembolso de 650 mil dólares. Cuando por fin lo trajeron, el hombre resultó un fiasco. No dejó ver nada porque, según él, nadie lo comprendió en la cancha, mandó pases y le devolvieron melones. Cuando lo vendieron, el Atlético de Madrid pagó 700 mil dólares.
“Por Dirceu nos salimos del presupuesto, porque valió la pena arriesgarnos”, recuerda.
Hoy el tiempo exige otro gasto fuerte, no para fichar estrellas, para convencer a un técnico que se atreva al reto. ¿Brailowsky? ¿Saporiti? ¿Darío Gómez? ¿Farfán? ¿Quién?
Del primero, Panchito Hernández dice que sería útil por inteligente. Pérez Taeuffer dice que no está en la lista. De Beenhakker, Pérez Teuffer no dice nada, pero no lo tiene descartado. Hernández vuelve al pasado:
“Fue una gran época la del América suyo, pero también cometió errores graves. Fue severo con los jugadores, soberbio con el trato y muy creído en los discursos del vestuario. Dijo que el plantel no servía, que en lugar de los extranjeros traería cuatro holandeses para el próximo año y que cambiaría a muchos nacionales. Por eso quedó fuera a pesar de que dio la última gran temporada al equipo.”
Pérez Teuffer se decidió por el responsable del Centro de Formación y Filiales del equipo, Gonzalo Farfán Infante, para suplir como técnico a Tena. Farfán es cinco años menor que Tena, nació el 5 de febrero de 1961 en la Ciudad de México. Jugó 10 temporadas en América, equipo con el que logró cuatro ligas y completó 433 partidos oficiales. Cuando dirigió al primer equipo en 1997, después de cinco juegos sólo perdió uno; ganó los otros cuatro.
Con José Antonio Roca, los Cremas del América ganaron un título, el de 1970-71, ante Toluca. Lo que son las cosas: Roca debutó a Tena en 1974 y en el 2000 es el único asesor oficial de Javier Pérez Teuffer. Hoy, en medio de mares embravecidos, Roca tiene que hablar por los dos:
“Quiero decirle que a Alfredo lo quiero mucho. La situación que ha llegado después de su salida es la normal cuando se producen cambios tan fuertes en un club. Es cierto que pasamos por un momento preocupante, pero puede verse como yo lo hago: emocionante.”
Dice que no conoce las causas de la salida de Tena, pero no considera que el técnico haya sido humillado por el club. “Salió con dignidad y respeto. Tuvo malos resultados y la efectividad mediocre no sirve para que alguien se quede en la dirección técnica de ningún equipo”, dice.
Tena gozó de tiempo razonable para establecer su proyecto dentro del equipo, de acuerdo con Roca. Pero también tuvo derrotas de muchos goles. La última contra el Atlas fue fulminante. “Esos grandes tropiezos provocan el despido de los técnicos por sí solas”.
Roca solicita tiempo para la reconquista. “Tenemos que estudiar bien las ofertas y no exigirnos la contratación forzosa de un técnico de renombre, Farfán tiene la misma credencial de ídolo dentro del equipo, pero habrá que dejar que corra un poco el tiempo”.








