En el enorme y pudiente mercado de medios, los peces grandes continúan comiéndose a los chicos. Los convenios y fusiones son hoy algo común, y aunque todavía se habla de leyes antimonopolio, en la práctica a éstas se les da la vuelta y los consorcios crecen y crecen. Recientemente, el enorme imperio de Rupert Murdoch, el magnate australiano nacionalizado estadunidense y socio de Televisa en la empresa SKY, añadió a su ya extensa lista de bienes 10 cadenas regionales de televisión en 10 ciudades de Estados Unidos. Con ello refuerza su red Fox, ya la cuarta más importante después de las llamadas tres grandes: ABC, NBC y CBS.
En México, el pez más gordo de estos mares es Carlos Slim. A pesar de no haber iniciado el negocio como empresario de medios, la propiedad de Telmex lo vincula a las telecomunicaciones y la convergencia tecnológica hace posible que medios como la televisión y la radio sean buenos objetivos en la integración de las empresas. Con esta visión y la venia del gobierno, Slim pudo comprar 49% de las acciones de Cablevisión, invertir en Televisa, así sea como un préstamo que no lo convierte en dueño, y hoy volver los ojos hacia la radio. Se dice que muy pronto el empresario pondrá dinero para crear una sociedad con quien ahora dirige Infored, antes Radio Red, José Gutiérrez Vivó.
Al parecer, el pleito con Avantel y Alestra, la amenaza de demanda en la Organización Mundial de Comercio, las acusaciones de monopolio hechas a su empresa telefónica en Estados Unidos, no obstan para que Slim mantenga el rumbo: crecer, diversificarse e invertir ahí donde las promesas de ganancia son mayores. Las aguas profundas de los servicios de comunicación, del ciberespacio y las telecomunicaciones son, en este momento, las que permiten navegar mejor a las empresas más exitosas. Este sector económico sólo se encuentra en materia de ganancias por debajo del automotriz, petrolero y de alimentos procesados, tabaco y alcohol.
Entre más amplia sea la diversificación dentro del mismo sector, mayor será la sinergia (movimiento por el cual de un producto se sacan subproductos y de un mercado submercados, logrando una rentabilidad altísima). De ahí también la venta de computadoras a plazos, amarradas a la posesión de una línea telefónica y con el suplemento de un servidor que da acceso a la Internet en todas sus modalidades. Esta forma recuerda los principios de la industria en Estados Unidos, cuando la RCA-NBC ofrecía tanto los aparatos de televisión como los contenidos recibidos por los televidentes en su casa. Aquí Telmex sólo hizo un convenio con las grandes armadoras y vendedoras de computadoras, pues no los fabrica, como en el caso de la RCA, y así de paso se libra de otra posible acusación de monopolio.
Falta agregar que al imperio mencionado se añaden ahora los celulares, tecnología que también se vende con candados a los usuarios, pues quien compra un Telcel tiene que adquirir el tiempo aire que la propia empresa vende, ya que, de otro modo, el teléfono no funciona. Y, por supuesto, a más del deficiente servicio que ofrece, las tarifas no están reguladas, por lo cual sobrepasan con mucho al de la telefonía convencional, el usuario tiene que terminarse la tarjeta en dos meses a partir de que la compró, entre otros abusos cometidos contra el consumidor. Y, sin embargo, el aumento en la venta de estos aparatos en México es exponencial. Con esa estrategia, Telmex no amplía la infraestructura terrestre y se ahorra muchos millones de dólares en cableado.
Como se puede ver, nuestros grandes peces ya han aprendido a nadar y a ser depredadores. No tienen miedo de los tiburones de la industria mundial, pues se han puesto a competir con sus mismas armas y en un terreno que, por ahora, tiende a crecer y a darle, por tanto, espacio a todos.
Las controversias y la lucha despiadadas entre los consorcios mundiales no es, como lo han asegurado sus panegiristas, a favor de la baja de precios y, por tanto, del consumidor. Se trata de batallas para ir desplazando a los competidores o engulléndolos. La pregunta es: ¿Hasta cuándo podrá subsistir un sistema así?, y ¿que pasará cuando queden en el mundo, como se ha augurado, ocho o 10 enormes empresas de medios?








