Al inicio de lo que pareció a muchos, yo entre ellos, una exitosa gira por el Cono Sur, el presidente electo Vicente Fox y su comitiva fueron inducidos por la prensa chilena a definirse en términos de izquierda o derecha. “¿El próximo presidente de México es un hombre de derecha o de izquierda?”, preguntaron los colegas chilenos.
Las respuestas de Fox y su comitiva fueron tan variadas que permitieron al diario Reforma armar una plana entera bajo el título: “Crisis de identidad. Buscan foxistas su perfil ideológico”.
“El PAN es (un partido) de centro”, dijo su presidente Luis Felipe Bravo Mena, “en el que hay expresiones de centro-izquierda, como en todo partido grande”.
La muy eficiente coordinadora de comunicación, Martha Sahagún, hizo su propia tesis: “Sin duda es de centro… (aunque) la ideología de izquierda es trabajar por los pobres y es la ideología del PAN trabajar por los pobres”.
Uno de los coordinadores de política internacional del equipo de transición de Fox, Adolfo Aguilar Zinser, definió: “Por evolución histórica, el partido es de centro-derecha”.
Uno de los coordinadores de política nacional, Santiago Creel, dijo: “Es un partido de centro que ha trabajado por la transición democrática del país… y algunos pueden definirla como centro-izquierda o centro-centro”.
Más incluyente que ninguno, el propio presidente electo ensayó una definición: “Si la izquierda es distribuir ingreso y atender la pobreza, marginación y desarrollo humano, y la derecha es generar riquezas, me defino como la suma de los dos”.
Izquierda y derecha unidas/ jamás serán vencidas, decía un chocarrero inventor de lemas para manifestaciones de los años sesenta.
Detrás del galimatías izquierda-derecha en que se enredaron los viajeros, puede adivinarse un intento de redefinición ideológica del nuevo gobierno. Parece haber en estas frases contradictorias la conciencia de que si el nuevo gobierno quiere representar a la mayoría de los mexicanos, debe correrse al centro respecto de las posiciones tradicionales del PAN.Y correrse al centro respecto del PAN, es correrse a la izquierda.
En la misma gira, el presidente electo dijo: “Si cero es la extrema izquierda y diez es la extrema derecha, yo estaría en el 4.5 que es centro izquierda”. Hay quien recuerda a Fox como candidato presidencial explicando que si quería ganar la Presidencia debía estar en ese 4.5 del espectro político, porque el país tenía el corazón echado a la izquierda, y en el centro izquierda es donde estaban los votos necesarios para ganar la elección.
Según su regla de geometrías políticas, entre el 1 de la extrema izquierda y el 10 de la extrema derecha, el PAN andaba ideológicamente en el 8. Asumiendo sin más las posiciones ideológicas del PAN, decía el Fox candidato, no podría aspirar a mucho más del 20% de los votos.
Durante su campaña, Fox hizo diversas concesiones al 4.5 y todos los esfuerzos para separarse del 8. Como gobierno, de frente a un país con las desigualdades económicas y los agravios sociales que arrastra México, tendrá que insistir en ese camino si quiere mantener un contacto serio de sus iniciativas políticas con las necesidades mayoritarias de la población.
El olfato político del nuevo gobierno coincide con el mapa social y económico del país que va a gobernar. Coincide también con la sensibilidad colectiva construida a lo largo de las décadas por el discurso político nacional y por la cruda realidad de nuestras desigualdades.
Respecto de esa sensibilidad colectiva, el Congreso panista de Guanajuato que echó atrás la legislación local sobre el aborto anda en el 9 de la regla de Fox. La jerarquía eclesiástica, en el 10.








