Sergio Aguayo Quezada, profesor investigador del Centro de Estudios Internacionales de El Colegio de México, dice convencido: “Mientras no se legisle sobre el manejo de los servicios de inteligencia, se corre el riesgo de caer en los errores del pasado cuando este tipo de organismos servían como instrumentos de coerción al servicio del Ejecutivo”.
Ante la inminente transferencia del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) al gobierno de Vicente Fox –que en general prevé en los mejores términos, salvo que no se quiera avanzar en la materia–, sostiene que es una oportunidad inmejorable para trasparentar la acción de los cuerpos de inteligencia y que éstos sean vigilados.
Por ello, en principio, recomienda la creación de una Ley de Seguridad Nacional.
Sin soslayar la historia negra de este tipo de organismos pero al mismo tiempo ponderando su importancia, afirma: los servicios de inteligencia, simple y sencillamente, son necesarios.
Aguayo Quezada sostiene que lamentablemente poco se sabe sobre los servicios de inteligencia mexicanos. Añade que esta ignorancia es absurda y hasta peligrosa, porque, lo que hagan o dejen de hacer esos organismos, tiene una enorme importancia para la vida nacional.
En este sentido, subraya que si se quiere establecer un sistema auténticamente democrático, las instituciones, leyes y cultura deben democratizarse, y eso incluye los servicios de inteligencia y seguridad.
El autor de En Busca de la seguridad perdida, Aproximaciones a la Seguridad Nacional Mexicana y Seguridades de México y Estados Unidos en un momento de transición, publicados por Siglo XXI Editores, afirma que los servicios de inteligencia de un país están íntimamente relacionados con su aparato de seguridad, por lo que la existencia de ambos se justifica por la posibilidad latente de amenazas internas o externas.
Dice que, en la práctica, los servicios de inteligencia tienen la misión de reunir información y procesarla, anticipar o explicar la magnitud, las características y el origen de las amenazas a la nación.
Por ello, sostiene que estos servicios son necesarios para defender la seguridad de la nación, aun a riesgo de que con el poder que adquieren se puedan transformar en una de las amenazas más peligrosas a esa misma seguridad.
Para el investigador, la información es, sin duda, poder. Por lo que advierte que su manejo sin restricciones puede dañar a la sociedad entera o algunos de sus miembros. Señala, incluso, que el riesgo aumenta cuando los servicios de inteligencia tienen funciones operativas.
Sin duda, el caso de la Dirección Federal de Seguridad (DFS) es el ejemplo más ilustrativo.
Creada en 1947 por el presidente Miguel Alemán, la DFS reflejó, desde sus primeros años, el presidencialismo y autoritarismo del sistema político mexicano; su origen obedeció a una decisión del Ejecutivo, sin que para ello mediara consulta alguna al Congreso. En los hechos siempre fue un instrumento al servicio del Ejecutivo, dice el investigador.
Durante sus 38 años de existencia, nunca informó al Congreso ni fue supervisada por éste, mucho menos por la sociedad; sus actividades se centraron en aspectos operativos más que en el procesamiento de información; recurría con frecuencia al uso de la violencia. Era un instrumento de coerción para controlar a la población.
Característica de la DFS fue su lucha contrainsurgente desde mediados de los años sesenta hasta principios de los setenta. Para tales fines, gozó de una gran impunidad, facilitó su propia degradación y creó amenazas a la seguridad nacional.
Más tarde, contribuyó al establecimiento de cárteles internacionales de droga en Guadalajara y en México. “Cuando terminó la lucha contrainsurgente, la complicidad entre la DFS y los narcotraficantes no sólo no cesó, sino que alcanzó niveles sin precedente hasta llegar a la crisis de febrero de 1985, cuando un grupo de narcotraficantes secuestró, torturó y asesinó al agente de la DEA, Enrique Camarena Salazar”, refiere.
Una historia oscura
Entrevistado en El Colegio de México, Aguayo Quezada señala que siempre ha creído que los servicios de inteligencia tienen que ser profesionales y altamente eficaces, pero bajo la supervisión de la sociedad, a través del Congreso.
En este marco, afirma que el compromiso del próximo gobierno será impulsar las reformas necesarias para que el Cisen sea una institución que sirva al Estado Mexicano y no ha intereses particulares, como ocurrió con la DFS.
Con maestría, doctorado y estudios postdoctorales en la Escuela de Altos Estudios Internacionales de la Universidad Johns Hopkins, y que durante los últimos 18 años de su vida se ha dedicado a estudiar la seguridad nacional, Aguayo dice con pesar que aunque el tema es importante, estratégico y fundamental, es extraordinariamente muy poco entendido.
No obstante, actualmente trabaja en la elaboración de un estudio sobre la historia de los servicios de inteligencia durante el siglo XX, a partir de 1917, cuando triunfa la Revolución Mexicana, y Venustiano Carranza funda dentro de la Secretaría de Gobernación algo que se llamó La Sección Primera.
A grandes rasgos, recuerda que la actividad de los servicios de inteligencia ha sido una historia ininterrumpida, desde 1917 hasta el presente: Es una institución que ha cambiado. Primero fue Sección Primera; luego Departamento Confidencial; después Oficina de Información Política; más tarde Dirección Federal de Seguridad (DFS); fugazmente Dirección de Investigación y Seguridad Nacional (Disen) y ahora como Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen).
Dice que se trata de una historia de 84 años; una historia secreta, turbia y oscura, de la cual sólo hay documentos dispersos. Cuenta que él ha podido rescatar parte importante de esos expedientes cuando se abrió el Fondo de Gobernación en el Archivo General de la Nación.
Considera que 1999 fue un momento fundamental en los servicios de inteligencia, porque la Dirección de Protección sale del Cisen y se va a la Federal Preventiva.
Entonces, subraya, “por primera vez en la historia de esta institución, el Cisen deja de ser operativo y se hace exclusivamente inteligencia. Por lo que sólo faltaría arribar al momento político y legislar”.
–¿Qué pasó en la etapa salinista? ¿Qué pasó con los servicios de inteligencia que quedaron a cargo de José Córdoba Montoya?
El investigador reconoce que ciertamente esa etapa es importantísima, y que, sin duda alguna, formará parte importante del libro que prepara. “La estamos investigando; todavía no está completa, porque nos estamos centrando en los casos. Ya está el bosquejo y se tiene una comprensión general de la institución en este siglo, hasta el 2000. Si acaso sólo faltaría documentar los casos, lo cual estará determinado por lo que encuentre en los archivos”.
–¿Qué tan importante es el que se abran las puertas del Cisen a la población, al conocimiento de los ciudadanos, al conocimiento del nuevo gobierno, a la historia?
–Creo que es fundamental. Creo en la libertad de información, regulada, reglamentada, es decir que durante un período los documentos del Estado deban mantenerse en forma confidencial. Pero después de ese período tienen que abrirse a la investigación, al estudio, a la historia. Pero hay que legislar.
–Y para Vicente Fox ¿qué tan importante es que de pronto el trabajo sucio que se hacía para los gobiernos priistas ahora se haga al revés?
–Para el Estado mexicano es fundamental tener buenos servicios de inteligencia. Vamos, necesitamos saber, tener buenos servicios de inteligencia sobre narcotráfico y muchos otros aspectos. Lo necesitamos. El país la necesita. No Vicente Fox. Por eso soy muy cuidadoso y aquí insisto: necesitamos una Ley de Seguridad Nacional que nos dé garantías de que lo que pase en el Cisen o en la Federal Preventiva o en otras instancias del aparato de seguridad, esté al servicio del Estado.
–¿Cómo se hará la transferencia del Cisen?
–Es una buena pregunta. La verdad no sé. Ignoro si lo entienda el equipo de Fox. No he hablando con ninguno de ellos sobre el tema del Cisen. No sé. Tal vez todavía no lo tengan muy claro. Supongo que pronto lo van a incorporar. Lo tendrá que hacer lo más pronto posible. Fox tiene que saber y conocer mucha de la información que ahí se maneja.
“Por lo menos, saber quiénes son los 100 hombres más peligrosos y poderosos del país, no porque tengan fuerza política, sino porque pudieran desestabilizar al sistema.”
–¿Qué le haría falta al presidente electo en esta materia?
–Supongo que quien sea el próximo secretario de Gobernación tendrá que valorar cuidadosamente lo que van a hacer con el Cisen. De lo que no hay duda es que ha ido mejorando y se ha ido profesionalizando; ya no es un grupo armado, ya no es motivo de escándalo; vive su mejor momento, y eso habla de su transformación positiva.
Sergio Aguayo explica que éste es el principio de la ecuación que se planteó en 1982: “Si queremos democracia tenemos que dedicarle tiempo a quienes manejan la fuerza, porque la fuerza es un instrumento extraordinariamente poderoso para dejarla suelto”.
Voto de anonimato
Ante las versiones insistentes de que será el próximo director del Cisen, admite que le fascinaría, pero que no se engaña: “No tengo otra responsabilidad ni quiero tenerla. En broma me han dicho que si aceptaría ser dirigente del Cisen, y en serio les digo que no. No me interesa”.
–¿Por qué ese “no” tan rotundo?
–Por muchas razones. La principal es porque estoy contento con lo que estoy haciendo.
–¿No le apasiona a usted penetrar en ese submundo?
–Sí, pero quien entre a dirigir ese servicio de inteligencia, el Cisen, tendrá que hacer voto de anonimato, para empezar. Y debe estar dispuesto a guardar silencio, y eso no me preocupa, yo sé guardar silencio, pero debe estar dispuesto a producir informes que van a leer tres personas o cuatro, a lo más.
“Hay algo que se llama Informe Ejecutivo de Área. Se entrega cada noche o cada madrugada al presidente de la República, al secretario de Gobernación. Supongo que con el nuevo gobierno se incluirá a la Secretaría de Justicia que quieren hacer y tal vez a la Procuraduría. Son tres lectores o cuatro. Ésas son las reglas del juego. Y a mí no me interesa.
–¿No quiere estar atado de manos?
–No tengo ningún problema en ayudar a que el gobierno de Fox tenga éxito en el sentido de resolver los grandes problemas nacionales. Estoy dispuesto, y muestra de ello es que soy miembro de la multitud que va estar con Porfirio Muñoz Ledo en la reforma del Estado. Multitud, porque primero estábamos 30 y ayer me enteré de que ahora somos 60. Creo que ése será mi aporte, además creo que no me tendrían la confianza suficiente. Ése es un cargo que requiere la confianza del presidente, porque el presidente va a confiar en la calidad de la información. Además, no soy panista, no participé en la campaña de Fox, no firmé ningún desplegado y no quiero hacer votos de silencio.
“Vamos, es un trabajo que requiere de una personalidad muy diferente, muy institucional, y una pasión por el anonimato. El trabajo de inteligencia es un mundo aparte, y yo no formo parte de ese mundo. A estas alturas de mi vida no me interesa entrar a la orden monástica que está en ese mundo. Gutiérrez Barrios jamás ha hablado, Nazar Haro tampoco. No hablan y así debe ser.”
Manifiesta que lo único que le recomendaría a Vicente Fox es buscar a toda costa formar un equipo de inteligencia que realmente sirva al Estado. “Los partidos, el Congreso y la sociedad deben tener presente que los mejores servicios de inteligencia son los que están muy bien vigilados.
“Sin duda, los servicios de inteligencia deben servirle a Fox. Pero lo más importante es que la ciudadanía sepa que existen, que tienen un presupuesto de mil millones de pesos este año, que tienen 3 mil empleados, no todos agentes, y que hay que vigilarlos.”
Aguayo participará el próximo miércoles 23 en la presentación de la revista Inteligencia y Seguridad Nacional, en la que estarán presentes Miguel C. Carranza, director de los servicios de inteligencia de la Armada, y Alejandro Alegro, director del Cisen.
El investigador, al frente de un grupo de colaboradores suyos, está por terminar una importante obra que ha denominado Almanaque Mexicano 2001, la cual saldrá al público en meses próximos bajo el sello de las editoriales Grijalbo-Mandadori y Hechos Confiables.








